¿Quién -si personalizamos- imita a quién? ¿El arte a la vida o la vida al arte?

Un par de botas, del pintor Vincent Van Gogh (1886).
Un par de botas, del pintor Vincent Van Gogh (1886).

He viajado suficientemente lo que he necesitado. Hay personas que pueden llevar en sus zapatos todo el polvo de los caminos de este mundo y, sin embargo, estar ayunas de ideas.

¿Quién -si personalizamos- imita a quién? ¿El arte a la vida o la vida al arte?

Mis pies dentro del par de zapatos de Van Gogh. Mis pies, que han dejado sus huellas miles y miles de kilómetros en este mundo; mis pies, a los que besabas y acariciabas con devoción fetichista, creo que están preparados para calzarlos. ¿Por qué caminos de éste o de otro mundo me harán transitar? 

Contemplaré lo que está ahí, como las conchas de las orillas, que nadie ha puesto o como ese bolso olvidado en una estación de ferrocarril, donde toda una vida se encierra sin decirnos nada porque nuestro ojos no traspasan las puertas de la percepción, sólo ven. Nunca tuve unos zapatos como los del pintor, como nunca tendré la posibilidad de beber vino en una taza de Morandi. 

¿Pero qué vino? ¿Un chianti, un morellino o cualquier otro? Tendrían que haber pisado los niños de Murillo las uvas de aquel cesto, para degustar el solera trasegado de las bodegas del tiempo que se filtra en el espacio de las Meninas. ¿Quién -si personalizamos- imita a quién? ¿El arte a la vida o la vida al arte?

¿Quién -si personalizamos- imita a quién? ¿El arte a la vida o la vida al arte?
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