¿Quién metió la pata con el bono regalo a los sanitarios?

Un médico.
Un médico.
A estas alturas más parece que el error fue de los que pensaron que sus destinatarios por sentirse ofendidos lo rechazarían.
¿Quién metió la pata con el bono regalo a los sanitarios?

Algunos llegaron a consideralo un insulto, ahí es nada. Sindicatos, organizaciones profesionales y la oposición política pusieron el grito en el cielo cuando Feijóo anunció que su gobierno pondría a disposición de los trabajadores de la sanidad y los servicios sociales que lucharon en primera línea contra el Covid-19 un bono regalo por valor doscientos cincuenta euros a gastar en establecimientos gallegos de hostelería y restauración. Más que como una gratificación en especie se presentaba como un gesto de agradecimiento que al mismo tiempo serviría para reactivar el sector turístico, tan necesitado de apoyo por los efectos de la grave crisis sanitaria y económica que atravesamos. El anuncio se produjo a pocos días del inicio de la campaña del 12-J, lo que encendió los ánimos de los dirigentes sindicales, colegiales y políticos, que la consideraron una medida populista y electoralista, con la que se pretendía comprar el voto del colectivo sociosanitario. Se habló de una exigua propina, que hasta podía considerarse una ofensa para los miles de profesionales del Sergas, de las residencias de mayores, los centros de atención a menores, etc., que padecen una precariedad laboral contra la que desde hace años vienen clamando sin obtener la respuesta que creen merecer. 

Un tanto desconcertado por la generalización y la dureza de las críticas, el propio presidente de la Xunta respaldó la medida, aunque, eso sí, reconoció que tal vez no había sido bien explicada. No se trata, dijo, de una iniciativa de la Consellería de Sanidad, ni pretende ser una compensación por el sobreesfuerzo de los sanitarios y los trabajadores sociales durante la fase más aguda de la pandemia o por las condiciones laborales que padecen muchos de ellos. Fue el departamento de Cultura el que consideró que con el bono regalo, además de quienes lo aceptasen, se iban a beneficiar cientos de empresas y trabajadores del sector hotelero, de restaurantes o centros de ocio. En el fondo lo que se está incentivando es el turismo interior, que los héroes del coronavirus disfruten su ocio en Galicia a sabiendas de que así están contribuyendo a hacer país y encima ahorrándose dinero.

Algunos en el núcleo duro de San Caetano llegaron a albergar dudas sobre la polémica iniciativa, dada la polvareda que levantó. Y ahora, sin embargo, casi todos parecen un tanto sorprendidos de que varios miles de potenciales beneficiarios del bono regalo se hayan apresurado a solicitarlo, nada más abrirse el plazo establecido. No es improbable, dicen, que al final se agote la partida presupuestaria establecida para tal fin, cinco millones de euros, y que haya que incrementarla. Si así afuera, sería evidente que los profesionales sociosanitarios gallegos, no sólo no consideran una ofensa el detalle que con ellos ha tenido la Xunta, ni lo desdeñan, sino que en el fondo comparten el espíritu de la medida que sus supuestos representantes sindicales, corporativos o políticos recibieron como una indignante falta de respeto.

Una vez más, visto lo visto en este caso, cabe poner muy en duda el grado de representatividad de centrales sindicales y colegios profesionales. En ocasiones alzan la voz o se movilizan por razones no siempre directamente relacionadas con el auténtico interés de sus representados de base. Con excesiva frecuencia, sus posicionamientos críticos con los gobiernos y con el poder en general responden a motivaciones espúreas, a razones ideológicas o políticas, a un insano corporativismo e incluso a aspiraciones personales o de clan. De ahí que, salvo excepciones, apenas logren captar nuevos afiliados, a no ser en los casos de colegiación obligatoria. Ahí también se tienden a crear castas desconectadas de la realidad que padecen quienes se estrenan en el ejercicio profesional y los que aún no lo han logrado. Algún observador no demasiado imparcial consideró como mínimo una metedura de pata la idea del bono regalo. A estas alturas más parece que el error fue de los que pensaron que sus destinatarios por sentirse ofendidos lo rechazarían. @mundiario

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