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MUNDIARIO

¿Quién se acuerda del "león de Graus"?

Joaquín Costa, pensador despreciado por conservadores y liberales, debería ser leído por la clase política actual.

¿Quién se acuerda del "león de Graus"?
Joaquín Costa, político. / RR SS.
Joaquín Costa, político. / RR SS.

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Alfonso García

Alfonso García

El autor, ALFONSO GARCÍA, es columnista en MUNDIARIO y también escribe en El Correo Gallego. Es notario jubilado desde 2012 y autor de diez monografías sobre temas diversos. En 2017 publicó "Entre el odio y la venganza. El Comité Internacional de Cruz Roja en la guerra civil española” y en 2019 “Algunos abuelos de la democracia”. @mundiario

Escuela y despensa: dos de las propuestas básicas de Joaquín Costa para hacer frente a los males de la España de principios del siglo XX. Es decir, educación y redención de la pobreza.

Ambas siguen teniendo vigencia en el siglo XXI. Una educación que enseñe a niños y jóvenes a aprender por sí mismos, lo que significa dotarles de capacidad para analizar hechos, propuestas y situaciones que la vida les plantee y para tomar decisiones libres y conscientes en cualquier ámbito.

La despensa llena que proponía el “león de Graus”, equivaldría a un bienestar generalizado y realista según las posibilidades económicas de nuestra sociedad: trabajo, sanidad, vivienda, atención a los más necesitados y, naturalmente, enseñanza.

Una población que sabe aprender y con sus necesidades vitales cubiertas, propiciará una sociedad más estable, alejada de veleidades revolucionarias.

Un sistema educativo claramente mejorable y la carencia de lo más necesario, facilitan el advenimiento de líderes carismáticos y redentores que prometen resolver todos los males de la sociedad, a sabiendas de  que sus soluciones son imposibles. Pero, en la atmósfera de la ignorancia y la necesidad encuentran ellos el ambiente propicio para  que, quienes necesitan escuchar soluciones acaben embaucados por la atracción fatal  que provoca  la serpiente en el pájaro al que paraliza.

La machacona repetición de consignas sagazmente elegidas conduce a un fanatismo exacerbado e irracional, que incapacita para analizar la viabilidad de las  propuestas que les plantean.

El final del proceso ignorancia-necesidad, redentores, adoctrinamiento y fanatismo, será, fatalmente, la algarada.

La mejora de la enseñanza es vital en el desarrollo de una sociedad libre y para conseguirlo, es imprescindible un pacto que concite el mayor número posible de adhesiones. Cada Gobierno acomete su propia reforma de la enseñanza sin contar con los demás, esta es la prueba de que no se utiliza el camino adecuado.

Naturalmente, será necesario respetar la cultura, el idioma, las peculiaridades de cada región, el conocimiento de su historia, que son perfectamente conciliables con el gran objetivo: que los niños aprendan a aprender. @mundiario