¿Qué son el honor y la dignidad?

El Quijote sigue siendo una de las obras más trascendentales de la literatura universal. / La Nota Latina
Don Quijote sigue siendo una de las obras más trascendentales de la Literatura Universal. / La Nota Latina

¿Podemos seguir identificándolos con Don Quijote y Don Rodrigo Díaz de Vivar?

¿Qué son el honor y la dignidad?

Somos muy dados a apelar al honor y a la dignidad heridas para justificar nuestra actitud ante las afrentas y los desencuentros que se enquistan hasta generar rencor, resentimiento. A ello se añade la eternización del conflicto y los costes, no sólo materiales, sino también anímicos, que estas situaciones comportan.

Cada español siempre tiene a mano un guante que lanzar a la cara del interlocutor con el que discute, como expresión de su propuesta de lavar el agravio causado a su honor y dignidad  en un duelo, antes a florete o pistola, ahora a bofetadas, insultos, en los tribunales o con el desprecio.

La historia de España está plagada de estos desafíos, de los que ha quedado amplia constancia en la pintura, poesía, novela, dramas y  películas, que exaltan la defensa del honor y la dignidad, incluso hasta la muerte. Ahí están los dos personajes de nuestra literatura, arquetipos de esta actitud tan española, Don Quijote y Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador.

Dignidad y honor que hacían rechazar los trabajos manuales a la nobleza y a los hidalgos, por considerarlos actividades propias de las clases bajas.

Hoy, el honor y la dignidad, tan arraigados en siglos pasados, carecen de vigencia en la forma en que entonces se concebían. Pero sucede que nos hemos pasado, como en tantos otros temas, a la banda contraria, la indignidad y el deshonor, como consecuencia del relativismo imperante, que considera a la conciencia individual juez o árbitro  supremo. La corrupción, entendida en un sentido amplio, es hoy el  sinónimo del  deshonor y la  indignidad.

Entre ambos extremos, se encuentra, como casi siempre, la virtud; es decir, en la defensa de los valores y deberes propios ante uno mismo y ante los demás. Yo me permitiría añadir: defensa racional y equilibrada. Es decir, valorando las consecuencias positivas y negativas, materiales e inmateriales, tanto en uno mismo como en el “otro”, en forma de tiempo e inestabilidad emocional, entre otros aspectos.

En resumen, en muchas ocasiones en las que eternizamos un conflicto en aras de “mi honor y mi dignidad”, deberíamos valorar la oportunidad de guardar ambos valores en el bolsillo y pasar la esponja por la pizarra, con vistas a alcanzar un bien mayor: la paz con uno mismo y con los demás. @mundiario

¿Qué son el honor y la dignidad?
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