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¿Pueden ordenarse las compras en los supermercados?

Ordenar las compras en algunas tiendas de alimentación donde se observan malas prácticas también debe ser un objetivo compartido.
¿Pueden ordenarse las compras en los supermercados?
Carros de supermercado. / Pixabay
Carros de supermercado. / Pixabay

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Raúl Martín

Raúl Martín

El autor, RAÚL MARTÍN, colaborador de MUNDIARIO, es técnico superior en administración y finanzas. También ha colaborado en emisoras de Cadena Dial y de la Ser, y tiene experiencia como comentarista político. @mundiario

El pánico, el miedo, la insolidaridad y la falta de más medidas concretas por parte de las administraciones desataron un peligro de contagio enorme de coronavirus, también en los centros de distribución de alimentos y, sobre todo, en las grandes cadenas. Los pocos comercios que permanecerán abiertos tras decretarse el estado de alarma, debido a la expansión del coronavirus, son aquellos donde se adquieren alimentos: llámense supermercados, mercados de abastos, tiendas de barrio... ¿Y qué esta sucediendo y sobre todo, en los primeros? Hay gente, presa del pánico, otra de su egoísmo, que está acudiendo en masa a primera hora de la mañana a los supermercados y está acaparando, sin mesura ni miramientos, productos de primera necesidad. Hasta tal extremo, sin exagerar, que algunos parecen que están llenando una piscina con papel higiénico, arroz, pasta, huevos, leche, etc. En apenas unos días, esto se ha vuelto un círculo vicioso, y todo, pese al anuncio del Gobierno de que no habrá desabastecimiento. La gente que no puede o no quiere acudir  en la aglomeración de gente,  por sensatez y por el peligro de contagio que ello conlleva, tal y como han determinado las autoridades, al final, se puede ver obligada a acudir o a pedir a alguien que lo haga en su nombre, para poder adquirir dichos alimentos, incluso acabar siendo egoístas y acaparar más de lo necesario.

En resumidas cuentas, estamos diciéndole a la gente que se quede en sus casas y que evite el contacto social y por otro lado, estamos permitiendo que se concentren en masa y que acaben estando en contacto cercano con otras personas, en su afán, de conseguir ciertos productos. Algunos supermercados, están poniendo seguridad, donde nunca la pusieron, para evitar situaciones violentas a la hora de adquirir un determinado alimento, pero está claro que una persona, o dos si hablamos de megasuperficies, poco puede hacer ante concentraciones de cientos de personas.

Otra cuestión tiene que ver con la expansión del llamado coronavirus pero no sólo por la concentración de gente, sino por una segunda causa que he podido comprobar in situ y que supongo está sucediendo de igual modo en otros pueblos y ciudades. Es fácil comprobar, que cuando vas a coger un carro en el supermercado (y hablo de grandes cadenas también) no tienes guantes para coger el carro. A ello le sumas la aglomeración de gente antes citada y tienes, incluso en un pequeño pueblo, cientos de personas poniendo sus manos, durante el tiempo que tarde en hacer la compra, sobre el mismo carro, que otros cientos de personas han manoseado  durante un tiempo considerable, hace apenas, unos minutos y así, sucesivamente. Si son verdades las informaciones que escuchamos de fuentes fiables y médicas, acerca de cuánto puede permanecer el virus en superficies duras y lisas, pues resulta, que el mal que estamos tratando de evitar por un lado, lo estamos propiciando y dejando suceder por otro.

Si decimos que contra la propagación del virus hay que actuar de inmediato, o ponemos freno a esto, o estamos diciéndole a la gente que se quede en casa para absolutamente nada y máxime, teniendo en cuenta, que el factor tiempo es fundamental. No solo quiero denunciar esto, sino aportar mi pequeño granito de arena y dejar algunas sugerencias con toda humildad: la primera, que se abran vías de colaboración con la ciudadanía para propuestas concretas sobre cómo contener la enfermedad: cuatro ojos ven más que dos, aparte de que sería muy democrático; la segunda, que es compartida, como esta denuncia, por otros compañeros,  consiste en establecer un protocolo sanitario en los centros de adquisición de alimentos más estricto y que sea vigilado su cumplimiento por las autoridades públicas y por los responsables de los supermercados. Y por supuesto, tiene que haber guantes, que se repartan de manera eficiente e individualizada, para coger no solo los alimentos, sino los carros también; y la tercera, compartida también por otras personas y ya que el egoísmo humano y el miedo, que irresponsablemente, algunos crean día tras día, es obligar a los centros de distribución de alimentos a que sólo vendan unas determinadas unidades de alimentos por persona, controlándose por supuesto, y aunque sea difícil, que algunos no salgan y entren a coger el mismo producto una y otra vez.

Hay muchas maneras de hacerlo o al menos de dificultar a los egoístas o insensatos que lo hagan. En esto deben participar los responsables de los supermercados y las autoridades. Se podrían incluso limitar los aforos en franjas horarias, qué se yo. Pero o paramos las masificaciones, o en vez de eliminar focos, los estamos creando. Todas estas ideas tendrán matices, peros y mejoras, pero creo que pueden ser útiles. Con este artículo no pretendo cargar contra nadie, pues como podrán comprobar no he mencionado nombre alguno y podría haberlo hecho. Aquellos que ya obren de la manera correcta tienen mi más sincero reconocimiento. Mi objetivo es, por lo tanto, pedir que se hagan las cosas bien, puesto que hablamos, de vidas humanas. @mundiario