¿Pueden los móviles convertirse en armas de vigilancia? Esto dice la ONU

Ciberdelito. / Pixabay
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La Oficina de Derechos Humanos de la ONU pide a los Estados establecer medidas de control de las exportaciones de tecnologías de vigilancia.

¿Pueden los móviles convertirse en armas de vigilancia? Esto dice la ONU

Quien quiera conocer nuestros secretos solo debe revisar nuestro móvil, pues se ha convertido en un dispositivo que alberga desde la ubicación en tiempo real hasta los gustos y aficiones. Es por ello que la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos presentó este viernes un nuevo informe sobre la privacidad en la era digital.

El estudio sostiene que cada vez hay más herramientas tecnológicas de vigilancia, control y opresión, por lo que pide se apliquen medidas restrictivas a estos medios cibernéticos, que cumplan con las leyes y también con las normas internacionales de derechos humanos.

De acuerdo con Nada Al-Nashif, Alta Comisionada interina de la ONU para los Derechos Humanos, “las tecnologías digitales aportan enormes beneficios a las sociedades. Pero la vigilancia omnipresente tiene un alto coste, ya que socava los derechos y frena el desarrollo de democracias dinámicas y plurales”. “En resumen, el derecho a la privacidad está más en peligro que nunca”, “por eso es necesario actuar y hacerlo ahora”.

¿Existen los programas espías?

El informe de la Oficina de la ONU está centrado en tres áreas específicas; el abuso que cometen las autoridades estatales con los programas espías o “spyware”; el papel que juegan los métodos de encriptación en la protección de los derechos humanos en línea y las repercusiones de la vigilancia digital generalizada en los espacios públicos, tanto en línea como fuera del internet.

En el primer caso, el análisis menciona como ciertos programas pueden convertir los teléfonos inteligentes en “dispositivos de vigilancia las 24 horas del día”. De hecho, pone como ejemplo a la aplicación “Pegasus”, un spyware desarrollado por la firma cibernética israelí NSO, el cual accede a toda la información almacenada en nuestros móviles y los convierte en un arma para espiar nuestras vidas.

Según el informe, estos programas “supuestamente se despliegan para combatir el terrorismo y la delincuencia”, pero la realidad es otra, pues “se han utilizado a menudo por razones ilegítimas, como la represión de las opiniones críticas o disidentes y de quienes las expresan, incluidos los periodistas, las figuras políticas de la oposición y los defensores de los derechos humanos”.

No obstante, la intervención electrónica de un dispositivo personal por parte de las autoridades solo debería efectuarse bajo ciertas condiciones; como último recurso y en casos que sirvan “para prevenir o investigar” un hecho concreto “que suponga una amenaza para la seguridad nacional o un delito grave específico”.

Privacidad socavada

El cifrado de datos es la codificación de una información, un elemento clave para la privacidad y los derechos humanos, sin embargo, la Oficina del Alto Comisionado considera que “se está socavando”, por lo que pide a los Estados que eviten tomar medidas que resten eficacia al mismo.

De igual forma, el informe alerta sobre la creciente vigilancia de los espacios públicos, pues aseguran que las nuevas tecnologías inspeccionan sistemáticamente las opiniones que la gente expone en línea, incluida la recopilación y el análisis de las aportaciones de las redes sociales. Además, el estudio rechaza que a menudo los gobiernos no informan a la ciudadanía sobre sus actividades de vigilancia.

Ante estas situaciones, el análisis insta a los Estados a limitar las medidas de vigilancia públicas a las “estrictamente necesarias y proporcionadas” en lugares y momentos concretos. También es necesario limitar la duración de almacenamiento de esos datos e incluso restringir el uso de sistemas de reconocimiento biométrico en espacios públicos. @mundiario

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