La profesión periodística despide con unánime afecto a Enrique de Aguinaga

IMG_0517 [640x480]
El profesor Aguiaga y Fernando Ramos en unas Jornadas de Comunicación en la Universidad de Vigo. / Mundiario
Pocos días antes de fallecer, aquel gran maestro, llamó uno a uno a sus amigos y discípulos para despedirse "puesto el pie en el estribo". 
La profesión periodística despide con unánime afecto a Enrique de Aguinaga

Para varias generaciones de periodistas, tanto de la antigua Escuela, como quienes ya nos iniciamos estrenando las Facultades de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid y otras, el catedrático emérito Enrique de Aguinaga será por vida una guía y un referente, por cuenta, además de un gran profesional en el oficio, la consagró en convertir en periodismo en una carrera como otra, elevando su rango y su exigencia. Acaba de dejarnos cuando frisaba ya el centenario. Estaba muy vinculado a Galicia, especialmente a Vigo, donde viviera de niño, pues su padre, veterinario de oficio, estuvo destinado en nuestra ciudad, de modo que por ello y otra serie de vínculos familiares había acuñado para definirse la expresión “madrigallego”. Aunque nacido en Valverde del Fresno (Extremadura), y de que era profundamente madrileño, nombrado cronista oficial de la villa, ya en 1954, sentía por Galicia un especial cariño, como cabe resaltar.

Nos dejó el pasado 16 de abril. Unas semanas antes de fallecer fue llamando uno por uno a todos los amigos que tenía repartidos por España, entre ellos a mí mismo, para “despedirse, puesto el pie en el estribo”. Era su estilo. Deja una inmensa obra y un elevado número de discípulos como historiador y periodista. El alcalde de la capital del Reino José Luis Almeida le dedicó estas sentidas palabras: “Se nos ha ido una parte de la historia de la nuestra ciudad. Gracias, Enrique, por tu vida dedicada a preservar el legado histórico de Madrid. Descansa en Paz”.

Su voz sonó por última vez en Vigo el 23 de abril de 2009, con una conferencia titulada “El periodismo urbano. La crónica de lo cotidiano en la historia de las ciudades. Aunque estaba jubilado como catedrático de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid seguía con una intensa actividad, como director de másteres y decano de los cronistas de Madrid. Ocupó diversos cargos en la Asociación de la Prensa de Madrid, de la que era ahora carné número 1, y en la Federación de Periodistas, FAPE, y fue el gran impulsor de la creación de la Facultad de Ciencia de la Información en la Complutense.

Predijo el futuro de la prensa escrita

Era muy crítico con aquellos que se dicen periodistas sin serlo y entendía que era preciso ser riguroso a la hora de considerar quién era un verdadero profesional. En su última conferencia en Vigo auguraba que, pese a los avances de la era digital, la prensa escrita, en papel, nunca iba a desaparecer. En una entrevista en “Atlántico”, publicada el día 24 de abril de 2009, decía al respecto: “La prensa escrita es un valor perdurable y que evolucionará. Cuando vino la radio hubo el mismo temor, cuando apareció la tele se dijo que era el fin de la radio, y ahí está. Los medios se estimulan, no se anulan. La prensa escrita tiene una carga cultural histórica tan grande que no se puede romper por un Internet como dice Martes y 13. «Es igual, pero no es lo mismo»”.

Al conocer su fallecimiento, fue unánime el sentir de toda la profesión en España, por la que tanto batalló, destacando que, entre todos los maestros de periodistas era el más querido. Persona de extraordinaria generosidad, el año pasado donó al Museo de Historia de Madrid su biblioteca y archivo de temática madrileña con libros, documentos, fotografías y una colección de cartas y dibujos de Ramón Gómez de la Serna.

IMG_0426 [640x480]
El profesor Aguinaga en unas jornadas en Pontevedra. / Mundiario

Hablé con él pocos días antes de que nos dejara, pues estaba interesado en localizar a alguna persona de su tiempo con la que tuvo relación en Vigo, y lo hice, pero lamentablemente ya lo había precedido en el viaje que él acaba de emprender. De su perfil, es de destacar, asimismo, que ennobleció en todos los ámbitos el oficio al que dedicó su vida. Precisamente, cuando ingresa en la Academia de Doctores, el 10 de enero de 1996, su discurso verso sobre “La dimensión científica del periodismo”. Hombre de enorme sencillez y relaciones sociales ecuménicas, destaca su relación con el humorista Antonio Mingote, de suerte que cuando éste recibió el premio “Mayores en Acción”, fue Aguinaga el encargado de pronunciar la laudatio.

Fue profesor de diez mil alumnos

Se calcula que tuvo más de diez mil alumnos a lo largo de su dilatada vida dedicada a la práctica y la enseñanza del periodismo. Inicialmente se inició como maestro de Primera Enseñanza (1941) y Oficial Técnico de Telecomunicación (1946), pero su vida cambió de rumbo cuando en 1946 se graduó en la Escuela Oficial de Periodismo. Fue redactor, redactor jefe y subdirector de Arriba (1948-1966); redactor jefe del semanario Hermandad (1947-1950); redactor de La Vanguardia (1948-1960); subdirector de Haz (1951-1955); cronista de Radio Nacional de España (1952- 1954), La Voz de Madrid (1959) y Agencia Pyresa (1966-1968); columnista de Arriba (1948-1964 y 1976-1979), Hoja del Lunes (1980-1986), Ya (1991-1992) y La Gaceta (2010-2013), y fundador y director de la revista Ilustración de Madrid (2006-2013).

AD0013 [640x480]
En 2009 auguró que la prensa en papel no desaparecerá. / Archivo

Como docente que profesor en la Escuela Oficial de Periodismo durante veintidós años; de la Escuela de Periodismo de la Iglesia, a lo largo de once cursos; pasó luego a dar clase en la Facultad de Ciencias de la Información, cuando esta fue creada en 1971, y permaneció allí hasta su jubilación en 1989 y, como emérito, hasta 2003; e impartió clases en el Centro de Estudios Superiores, en la Universidad San Pablo-CE y en el Master ABC-UCM del que fue fundador y director, además de en otros diecisiete institutos y universidades nacionales (Menéndez Pelayo, Navarra, La Laguna), colombianas (Autónoma, en Bucaramanga y Central y Los Libertadores, en Bogotá); dominicanas (Autónoma, en Santo Domingo) o chilenas (Concepción, Diego Portales, ARCIS, Bernardo O’Higgins y Santiago). Miembro numerario de la Real Academia de Doctores, fue Consejero Nacional de Prensa y Secretario Técnico de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España.

Otro ámbito destacado de su vida fue la historia de Madrid, como cronista de la villa y miembro numerario del Instituto de Estudios Madrileños, del que llegó a ser decano en antigüedad. Se fue, pero dejó un legado pendiente. A la inmensa cantidad de artículos y conferencias dentro de dicho instituto, se unirá a título póstumo la introducción de la edición del Códice de San Isidro, que se publicará con motivo del IV Centenario de la Canonización del Patrón de Madrid. @mundiario

La profesión periodística despide con unánime afecto a Enrique de Aguinaga
Comentarios