Probióticos y prebióticos se parecen pero no son iguales

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Frutas y vegetales.

Cada día somos más conscientes de lo que comemos. Cuidamos nuestra alimentación y, por ende, cuidamos nuestra salud. Existen numerosos alimentos que, dicen poseer, beneficios para nuestra salud. Debemos saber detectarlos y conocer en qué situaciones debemos ingerirlos.

Probióticos y prebióticos se parecen pero no son iguales

El autocuidado es una nueva filosofía que poco a poco se va implantando en nuestro día a día. Cada vez somos más conscientes de los beneficios de una buena salud. A la hora de cuidarnos, ya no sólo recurrimos a los profesionales de la salud para curarnos de una determinada dolencia. Ahora nos hacemos plenos responsables de nuestra salud y sus desajustes.

Dentro de ese autocuidado, la alimentación cobra un papel relevante. Cuidamos la calidad de los alimentos que vamos a ingerir. Cuidamos la manera de cocinar dichos alimentos. Cuidamos no sólo nuestra alimentación, sino también nuestra nutrición.

Cada vez es más frecuente encontrarnos con conceptos como los súper alimentos, alimentos funcionales o alimentos enriquecidos. Palabras como los probióticos y prebióticos están a la orden del día. Pero, ¿sabemos qué son realmente y qué beneficios tienen? Estas conceptos se parecen, pero no son iguales.

¿Qué es un probiótico? Los probióticos son un grupo de bacterias que habitan de forma habitual en nuestra flora intestinal. Dichas bacterias juegan un papel relevante en el mantenimiento de nuestro sistema inmunitario, es decir, en nuestras defensas. Un alimento probiótico es, según la OMS, un alimento que contiene microorganismos vivos que, suministrados en cantidad adecuada, confieren un efecto beneficioso sobre la salud del húesped.

Existen determinadas situaciones, como son los procesos diarréicos o tratamientos farmacológicos agresivos, que pueden barrer dicha flora, con el consiguiente perjuicio para nuestra salud. En estos casos, es recomendable un aporte externo de estas bacterias, es decir, se recomienda ingerir un probiótico.

Los probióticos están destinados a repoblar la flora intestinal que se ha visto degrada por una situación ajena a la misma. Tras su ingesta, alcanzan las paredes intestinales, fijándose en ellas y creando una barrera funcional que evite la colonización de bacterias y demás microorganismo nocivos para el hombre.

¿Cuándo debemos ingerir un probiótico? Los probióticos están destinados a repoblar la flora intestinal. Luego, lógicamente, se deberán ingerir en aquellas circunstancias que vayan a dañar dicha flora. Esas situaciones pueden ser procesos diarreícos en bebés, niños y adultos, tratamientos farmacológicos agresivos como son la quimioterapia o radioterapia, tratamientos con antibióticos y otras enfermedades intestinales. Pueden usarse a nivel preventivo en bebés o en adultos, como es el caso de la diarrea del viajero.

Un alimento probiótico ingerido de forma habitual es el yogur. En el mercado existen un número elevado de alimentos que contienen dichos probióticos. En este caso debemos estar atentos y leer con claridad toda la información contenida en el etiquetado nutricional de dichos alimentos.

¿Qué es un prebiótico? Los prebióticos son sustancias vegetales no digeribles que, una vez ingeridas, van a servir de alimento a nuestra flora intestinal, ayudándola así a mantener un equilibrio funcional que permita a nuestro organismo tener su sistema inmunitario en perfectas condiciones.

Los prebióticos se encuentran de manera natural en alimentos como la alcachofa, la patata, los espárragos o las legumbres. Los prebióticos más conocidos son la inulina y los fructooligosacáridos.

¿Cuándo se deben ingerir los prebióticos? Dado que los prebióticos son el alimento esencial de nuestra flora intestinal, estos deberían ingerirse de manera habitual en nuestra dieta diaria. Por ello es un requisito inexcusable una dieta equilibrada que aporte todos los nutrientes necesarios para mantener un nivel de salud aceptable. En aquellas situaciones en las que nuestro cuerpo pueda verse agredido por una condición ajena a él, puede ser interesante un aporte extra de estas sustancias para garantizar que nuestras defensas se encuentren en óptimas condiciones.

Probióticos y prebióticos se parecen pero no son iguales
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