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MUNDIARIO

La primera leche artificial sintetizada industrialmente será una realidad en 2017

¿Estaría dispuesto a consumir leche de vaca sintética?​ Levaduras modificadas genéticamente con ADN de vacuno pueden producir la primera leche artificial del mercado, que según sus desarrolladores igualaría en sabor y valor nutricional a la leche tradicional. 

La primera leche artificial sintetizada industrialmente será una realidad en 2017
Perumal Gandhi y Ryan Pandya, cofundadores de Muufri. / muufri.com
Perumal Gandhi y Ryan Pandya, cofundadores de Muufri. / muufri.com

Luisa de Garnica

Analista de actualidad científica.

¿Estaría dispuesto a consumir leche de vaca producida industrialmente? Una empresa biotecnológica de reciente creación con base en San Francisco afirma que está cerca de conseguirlo. La marca Muufri (literalmente “libre de mu”) ha estado concretando la síntesis industrial de leche de vaca artificial a partir de sus componentes básicos y por medio de levaduras, los microorganismos que se encargarán de su producción a gran escala.

La primera evidencia arqueológica del consumo de leche de animales domésticos se remonta al periodo Neolítico, hace aproximadamente 8000 años, y desde entonces el ser humano ha adaptado los sistemas productivos y su aparato digestivo para poder consumir leche de otros mamíferos en grandes cantidades.

Durante los últimos años se ha acrecentado la demanda por parte del consumidor occidental de alimentos saludables y de formas de alimentación alternativas como el vegetarianismo o el veganismo. Estas nuevas tendencias en el consumo, unidas a la preocupación por el bienestar animal y los asuntos medioambientales han hecho que se extiendan en el mercado bebidas vegetales asimilables a la leche como son los preparados de soja, avena, arroz o almendras.

Dejando a un lado las consideraciones nutricionales y éticas de estas bebidas vegetales, la mayor parte de los consumidores estará de acuerdo en que no son capaces de competir con el sabor de la leche de vaca, estandarte no solo del consumo de leche tradicional sino de una gran variedad de productos lácteos como el yogur, el queso o el helado.

Esta búsqueda del sabor original y la premisa de que las granjas de alta producción son insostenibles desencadenaron que dos científicos veganos, Perumal Gandhi y Ryan Pandya, decidieran modificar genéticamente una especie de levaduras para que produjera proteínas lácteas insertando en ellas secuencias de ADN del ganado vacuno.

El proceso es similar a la fabricación de cerveza, en la que también se utilizan levaduras que procesan un sustrato en grandes tanques para producir una bebida de determinadas características. En este caso, las levaduras diseñadas producen un total de seis proteínas encargadas de dar estructura a la leche artificial a las que se le añaden ocho ácidos grasos de origen vegetal que le confieren el sabor y textura adecuados. Estos componentes en combinación con una mezcla adecuada de minerales como el calcio, azúcares, vitaminas y agua darán al producto un aspecto, sabor y propiedades nutricionales similares a los de la leche de vaca de consumo habitual.

No solo tendrá las mismas propiedades, además, y según sus productores, puede aportar destacables ventajas como la ausencia de colesterol o lactosa, lo que todavía aumentaría más el número de potenciales consumidores

No solo tendrá las mismas propiedades, además, y según sus productores, puede aportar destacables ventajas como la ausencia de colesterol o lactosa, lo que todavía aumentaría más el número de potenciales consumidores. Otros méritos adicionales serían la disminución del coste de producción al eliminar los animales de producción del proceso y al aumento de la vida útil del producto al producirse esta leche artificial de manera aséptica. ¿Su precio al público? Se prevé que el doble del coste de un litro de leche entera. 

La empresa, que espera sacar al mercado Muufri en 2017, no descarta la fabricación industrial de otras leches de menor impacto económico como la de cabra, oveja o búfala, que si llegaran a concretarse podrían suponer la reestructuración e incluso la desaparición en algunas zonas de los sistemas de agricultura y ganadería tradicional asociados al sector lácteo.