La pregunta que nadie debería hacerse: ¿para qué sirve la cultura?

Público infantil en uno de los espectáculos de Culturgal, el pasado fin de semana en Pontevedra.
Público infantil en uno de los espectáculos de Culturgal, el pasado fin de semana en Pontevedra.

La cultura es una cuestión de enfoque, no de asunto, afirmaba la periodista cultural Ana Romaní hace días en Santiago. La cultura debe impregnarlo todo. Es una cuestión de salud.

La pregunta que nadie debería hacerse: ¿para qué sirve la cultura?

La cultura es una cuestión de enfoque, no de asunto, afirmaba la periodista cultural Ana Romaní hace días en Santiago. Poderes públicos, docentes y gestores deberían luchar para que nadie se pregunte por la utilidad de la cultura. La cultura debe impregnarlo todo. Es una cuestión de salud.

Me lo comentaba, hace unos días, un reconocido dermatólogo de Santiago de Compostela: “La cultura es lo realmente importante —confesaba—. Es lo que hay que mantener y potenciar para la salud de la gente”. Y uno agradece mucho estos encuentros y conversaciones con la medicina humanista, tan escasa hoy. Porque en el tiempo que nos ha tocado vivir, el foco se está centrando en la tecnología y en cómo salir de la crisis. Nadie duda de la importancia de la tecnología ni de la gravedad de la crisis, obviamente. Lo lamentable es que la Cultura se tome como algo secundario cuando debe ser transversal. Debe impregnar acciones y actitudes en cualquier campo o contexto social o del saber.

A finales del pasado mes de noviembre se celebró en Santiago un simposio organizado por la Asociación Galega de Editores centrado en el periodismo cultural. Hubo consenso en los participantes a la hora de afirmar que no debe existir un periodismo cultural sino que todo el periodismo debe estar atravesado por la cultura, “mechado de cultura” como afirmó  el periodista Xosé Manuel Pereiro. La cultura como transmisión de valores de conjunto. No un compartimento diferente a la ciencia o a la  tecnología. Cultura como actitud. En ese mismo simposio, le profesor Manolo Gago negaba que hubiese un público cultural sino que lo que existen son personas que conectan con el mundo de la creación. Y la periodista radiofónica Ana Romaní concretaba: “la información cultural es una cuestión de enfoque, no de asunto”.

Teniendo esto claro, el ejercicio de la lectura, por ejemplo, en los centros educativos, no debería ir asociado nunca a las materias llamadas “de Letras” sino que tendría que ir “transversal” en todo tipo de conocimiento.

Esta actitud, que podemos llamar vital —el punto de vista cultural de la vida— tuvo en Pontevedra, el pasado fin de semana, una fiesta que hace coger esperanza, pues aún hay islas grandes donde públicos heterogéneos se mezclan para vivir en cultura. Hablo del Culturgal, la feria de las culturas que atrajo en tres días de libros, música, gastronomía y artes escénicas y audiovisuales, a miles de personas.    

¿Para que sirve la Cultura? Docentes, poder públicos y gestores culturales deberían luchar para que nadie se tenga que hacer nunca esta pregunta. Mi dermatólogo lo tiene muy claro, así lo confesó el otro día: “Es imprescindible para la salud de la gente”. Y con la salud no se juega, como bien sabemos.

  

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