Una precipitada desescalada

Una pareja caminando por un bosque. / Pixabay
Pareja caminando por un bosque. / Free-Photos. / Pixabay
Un urbanita, haciendo “vida normal”, contagiaría a 7 individuos. En un entorno “no urbanita” contagiaría a 2 personas.
Una precipitada desescalada

La propuesta de desescalada es lógica y bien recibida ya que las personas necesitamos volver a esas rutinas que tanto nos ha costado asimilar, a pesar de que podríamos adaptarnos perfectamente a otras nuevas. Por ejemplo, hoy en día la compra se hace de forma más cómoda y agradable pero en cambio, no podemos ir a un estadio de fútbol a ver jugar a nuestro equipo favorito. Pero lo cierto es que a falta de obtener rendimientos significativos en el tratamiento del Covid-19, hemos modificado nuestros hábitos para retrasar el impacto de esta pandemia.

La verdad es que no hay ninguna razón de índole sanitaria para justificar la desescalada, pero la economía nos pide paso y parece ser que nos vemos abocados a hacer un cruel trueque entre los fallecidos y los desempleados.

Si ponemos el foco en el coronavirus, nosotros seríamos “el ambiente” y como tal, el objetivo de su desarrollo y evolución. Si le somos favorables, el coronavirus se encontrará a sus anchas mientras que si entorpecemos su actividad, su propagación se verá comprometida.

Como sabe, en los aspectos clínicos existen muchas y variadas opciones entre las que se encuentran tratamientos con retrovirales y vacunas que buscan afanosamente la inhibición de la proteína S que se engancha con tenacidad a las células afectadas, usurpando su material genético y con ello, su metabolismo. Por ello, muchos laboratorios dotados de excelentes científicos se encuentran sometidos a una intensa presión para encontrar alivio a las consecuencias de la pandemia, ya sea de manera temporal, intermitente o permanente.

Mientras tanto, la sociedad ha respondido con un confinamiento que nos recuerda a esa situación en la que una persona va al médico y le dice: “Si me toco aquí me duele” y es contestado con un “Pues no se toque”.

En cualquier caso, todos nos apoyamos en estadísticas que ofrecen resultados sobre hechos ya acontecidos mientras las proyecciones algorítmicas nos van enseñando diferentes escenarios futuros que van cambiando a medida que se van modificando las variables medidas.

Una de las compañías que se están mostrando más activas en la secuenciación de datos es la compañía hispano-israelita Jacobson, la cual ha decidido poner en marcha su IA Elenius. La Inteligencia Artificial que en el año 2018 fue galardonada por la consecución de la Alerta Temprana de la Enfermedad el Alzheimer.

Actualmente se encuentran en la fase final de preparación de una aplicación gratuita que mide, de forma individual, el Riesgo de Contagio por Exposición, el Indicador de Capacidad Potencial de Propagación sin confinamiento y la Tasa de Propagación/Contagio con confinamiento “blando”. De esta manera cada persona podrá valorar su aportación a paliar los efectos de la pandemia, al margen de ser consciente de su contribución negativa en caso de no extremar las precauciones.

Se trata de una combinación dinámica de 4 factores, los cuales poseen una múltiple composición y una diferente ponderación.

> El perfil psicogénico (cómo es la persona emocionalmente).

> Las condiciones básicas de salud.

> Los aspectos sociodemográficos/ambientales.

> Los parámetros estadísticos sobre los efectos sobre la incidencia del Covid-19.

En sus primeras pruebas nos indican que en España, el “individuo promedio” (entre 35 y 60 años de edad) posee un Riesgo de Contagio por Exposición del 57,41%, viéndose incrementado en relación a las condiciones socio-demográficas y por supuesto, en progresión dinámica, positiva o negativa, con la magnitud de la población ya afectada.

En la actualidad, podríamos decir que de cada 10 exposiciones, el “individuo promedio” es susceptible de contagiarse en 6.

Así mismo, si el individuo es moderadamente hipertenso, con cierto riesgo cardiovascular, reside en una capital de provincia, vive en un inmueble, consume tabaco y alcohol de forma social y su núcleo familiar es de 3 personas… el Riesgo de Contagio por Exposición se incrementa hasta alcanzar el 63,19%, mientras que si se trata de una persona sin afecciones crónicas en la salud, residente en poblaciones menores y con vivienda unifamiliar, su riesgo se reduce a un 40,66%.

Otro indicador igualmente importante es el referido a la Capacidad Potencial de Propagación sin confinamiento que en el primer caso es de 1:7,41 que con un confinamiento blando se reduce 1:4,68. O sea, que una persona “urbanita” positiva haciendo “vida normal” contagiaría a 7 individuos y a 5 en caso de modificar sus rutinas de forma preventiva.

En el segundo caso, el individuo “no urbanita”, la Capacidad Potencial de Propagación es de 1:4,21 sin confinamiento y de 1:1,71 en confinamiento blando. O sea, que en el mejor de los casos, 1 persona positiva contagiaría a 2 limitando sus movimientos, pero a 4 en caso de hacer caso omiso a dichas limitaciones.

Como puede apreciar, esta información es de gran valor a la hora de planificar de forma segura la denominada “desescalada”.

Los datos obtenidos ofrecen la expectativa de contagio de una inmensa mayoría de la población. Dicha expectativa queda sujeta, a la baja, a los avances clínicos. Mientras tanto, no tenemos muchas más opciones. Solo datos... @mundiario

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