Es posible la diversión y el aprendizaje dedicando tiempo a los niños

Niños felices. / salud180.com
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Hay diversiones tradicionales,  arrinconadas ante la oleada de las "tabletas", consolas y otros artilugios, que resultan muy cómodos para padres, abuelos y cuidadores. 

Es posible la diversión y el aprendizaje dedicando tiempo a los niños

Soy abuelo y quiero a mis nietos, pero también todos los niños, porque sólo si pensamos en su formación, entendida en sentido amplio, estaremos fortaleciendo el futuro y colaborando en la creación de  una sociedad mejor. Entiendo, aunque no comparto, la actitud de los políticos ante este tema, porque no les interesan las medallas a título póstumo.

Una parte de esa formación debe asumirla el sistema docente y tener como objetivos fundamentales el desarrollo de la imaginación, fomento de la curiosidad, iniciativa, trabajo compartido, esfuerzo, responsabilidad, orden, compañerismo, urbanidad, desenvoltura, expresividad de emociones, y tantos otros valores y cualidades muy descuidados hoy. Naturalmente, la familia debe coordinarse con la escuela e implicarse en la tarea.

Me limitaré a despertar o avivar la curiosidad de quienes tengan algún compromiso con el tema. Hace unos días, desde Mundiario, me refería a los talleres de lectura y sus aspectos positivos. Veamos otras posibilidades.

La memoria es una faceta más de la inteligencia y, aunque no goza de  buena prensa, sigue siendo parte importante de la formación, a pesar de – ¿o tal vez como consecuencia de?- las ventajas que ofrecen internet, consolas, calculadoras, la práctica del “corta y pega” y otros artilugios que ofrece la tecnología.

¡Qué decir de la memoria combinada con la declamación! Los niños memorizarían textos y poemas con regularidad temporal, y los expondrían públicamente -amigos, familia, compañeros de colegio. Así conocerían textos literarios básicos que nunca olvidarán, adquirirían desenvoltura y capacidad expresiva, aprenderían a hablar en público y perderían la clásica vergüenza de los españolitos. La elocuencia siempre fue cualidad apreciada en las sociedades antiguas.

Una elemental forma de fomentar la imaginación es el uso de cuentos con imágenes, pero sin texto. La fantasía de cada niño creará un cuento diferente, que podrá contar o escribir. En una línea semejante estaría la lluvia de letras con las que formar palabras, y otros juegos parecidos.

Familias y maestros podrían hacer algo más para fomentar la conservación de costumbres y tradiciones. Habría que empezar por el conocimiento del árbol genealógico familiar y continuar con leyendas, costumbres, canciones populares, refranes y dichos. Estas actividades dotarían  al niño de   sentido de la propia identidad y  de pertenencia a una familia, lugar, provincia, comunidad y España, y evitar de este modo el sentir  vergüenza de pronunciar su nombre con naturalidad, en vez del frío y habitual “país” o el confuso y oscuro vocablo “nacionalidad”.

No podría olvidar la “redacción”; comprendo que para los maestros tiene que resultar cansino leer las ocurrencias de los niños, pero en cualquier trabajo hay que soportar las de jefes y colegas. Ortografía, expresividad, puntuación, riqueza de lenguaje, capacidad de análisis y síntesis, son algunos de los efectos beneficiosos de esta tarea, tan poco grata para los docentes sin vocación.  

Gracias, padres de niños, si habéis tenido la paciencia de llegar hasta aquí, porque hoy me excedido de mi límite.

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