La playa de A Madorra se ubica en una pequeña bahía con Monteferro al fondo

A Madorra. / Mer Marimer
A Madorra / Mer Marimer

Esta acogedora playa, que años atrás lució bandera azul, en la actualidad está abandonada a su suerte, pero sigue siendo una playa entrañable y pintoresca, un lugar para románticos.

La playa de A Madorra se ubica en una pequeña bahía con Monteferro al fondo

Esta acogedora playa, que años atrás lució bandera azul, en la actualidad está abandonada a su suerte, pero sigue siendo una playa entrañable y pintoresca, un lugar para románticos.

 

En el municipio de Nigrán (Pontevedra), entre Playa América y Patos, después de Panxón y antes de las recogidas calas de Monteferro como Area Fofa y Fieitales, se encuentra A Madorra, a la que eufemísticamente yo llamo mi playa. Es un tranquilo arenal de 350 metros casi plano, con una gran diferencia de superficie entre pleamar y bajamar, y orientado al suroeste por lo que se puede disfrutar del sol hasta su majestuoso ocaso en el horizonte marino.

Domingo Villar describe el entorno de esta playa en una novela policíaca, que atrapa al lector desde la primera página, titulada “La playa de los ahogados”, y que también ha sido llevada al cine. El título no es banal porque la orientación de la misma hace que la fuerza y sentido de las corrientes depositen en ella, los días de temporal, todo tipo de objetos flotantes, incluso el cadáver del ahogado de la novela.

Por esta zona era costumbre que los propietarios de tierras dejaran en herencia a los hijos amejorados las propiedades más alejadas de la costa, que venían siendo las más productivas, castigando al resto de herederos y generando su descontento con las más próximas al mar, en general arenosas e improductivas. Sin embargo, con el boom inmobiliario de segunda residencia, los propietarios de éstas últimas se lucraron y bien con la venta de las mismas, una vez parceladas. Pero como quién tiene mal perder no suele reconducirse, tampoco quedaron contentos con las ventas y acostumbran a calificar a quienes les sacaron de la miseria pagando precios insospechados de “cuneros” y “jodechinchos”, estableciéndose una perceptible línea roja entre aborígenes y forasteros, por mucho que éstos hayan llegado a vivir allí permanentemente.

La playa de A Madorra se ubica en una pequeña bahía con Monteferro al fondo
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