Plantar árboles: ahorra combustible y evita pandemias

Un árbol visto desde abajo. / Pixabay
Un árbol visto desde abajo. / Pixabay

Terapéutico y económico, eso supone plantar árboles en las ciudades en la lucha contra la pandemia y el cambio climático. Anclarlo en la Constitución afianzaría el compromiso del municipalismo con las nuevas generaciones.

 

Plantar árboles: ahorra combustible y evita pandemias

Cada vez se suman más iniciativas a favor de reforestar el planeta y en especial las grandes ciudades para mitigar el cambio climático. Un plan de reforestación de las ciudades con árboles y tejados verdes ayudaría a disminuir más de un 25% los gases de efecto invernadero, las defunciones por contaminación, la temperatura ambiental y devolver cierta biodiversidad a las grandes urbes. Pero esto no es solo responsabilidad de los gobiernos soberanos. El municipalismo en buena medida cuenta con un serio deber que no aborda.

Hay científicos que apuntan a que el planeta tiene un déficit de 500.000 millones de árboles, o lo que es lo mismo, un 25% la superficie verde, tras haber acabado con casi el 50% de los arbolados en las últimas generaciones.

Plantar árboles en las grandes urbes y plantas en las azoteas como poco a poco están haciendo capitales europeas, puede contribuir según la FAO no sólo a reducir las muertes pandémicas derivadas de la contaminación ambiental (unas 200.000 al año sólo en España), sino a recortar en los hogares un 40% de media los costes energéticos, tanto para el aire acondicionado en verano como para la calefacción en invierno.

La UE anunció hace escasas fechas su compromiso de  plantar 3.000 millones de árboles dentro de su Agenda Europa 2030 a cargo de los fondos UE Next Generation, aunque jamás ha trascendido desde entonces por parte de la administración española a cuántas unidades corresponde asumir España.

Barcelona posiblemente sea una de las únicas grandes urbes españolas que haya realizado el esfuerzo de auditar su perímetro de arboledas. Según cierto estudio técnico, en el área metropolitana de Barcelona se calcula la existencia de 1,4 millones de árboles, de los cuales unos 300.000 son gestionados por el ayuntamiento. Aunque existe en teoría un plan directorio del consistorio hasta el 2037 que contempla la intención de incrementar el 5% la cobertura arbolada de la ciudad condal hasta alcanzar un 30% la superficie urbana cubierta por árboles con un inversión total de casi 10 millones de euros, la verdad es que aunque la intención es loable las quejas contra la gestión del actual equipo de gobierno municipal (Podemos + PSC) por la aparente dejadez de las zonas verdes no amainan.

Muchas son las ideas de cambio de modelos verdes para las urbes pero pocos llegan a buen fin, bien por falta de recursos, planificación y gestión o por simples batallas de las fuerzas políticas, que cuestionan a estas alturas de la película la emergencia climática y sus efectos sobre las zonas urbanas.

Teniendo en cuenta que la multitud de las autoridades en una comunidad como la catalana, con  la Generalidad, Diputación, Área Metropolitana, Consejos Comarcales y hasta ayuntamientos parecen descuidar la masa verde forestal del territorio, en especial de su biomasa, el árbol nunca tampoco ha contando con la suficiente defensa por parte de la mayoría de las fuerzas políticas, medios de comunicación y hasta sociedad civil más allá de asociaciones ecologistas.

Talar árboles se contemplaba sin miramientos hasta hace poco si así manda un proyecto urbanístico sin ningún tipo de compensación obligatoria con más zonas de arboleda. Edificar una vivienda propia en no pocas urbanizaciones de este país se autoriza con licencias de obras aún a costa de eliminar buena parte de sus pinares en el solar, porque sigue primando la recaudación fiscal sobre la sostenibilidad. Muchas de las graves inundaciones que frecuentemente padecemos obedece por invadir zonas naturales con hormigón, muy seguramente serían menos gravosas si contaran con una densidad arbórea determinada.

En no pocas ciudades españolas, es fácil detectar no solo avenidas sino numerosas calles expuestas al sol en verano y jardines con un par de bancos y columpios sin sombra de árboles. Lo verde, cada vez más verde en la acción de gobierno de las distintas autoridades municipales aunque se llenen la boca de grandilocuentes mensajes ambientales. El agua, un bien escaso en el planeta y vital para el riego y el consumo humano, resulta que sitúa a España como uno de los países con mayor derecho hídrico del planeta. Las redes subterráneas en grandes ciudades dejan mucho que desear y no paran de intervenir las empresas suministradoras en subsanar infinidad de fugas y reventones que aunque en pocas ocasiones afloran a la vía pública, otras tantas no se detectan hasta que causan mayores problemas. 

Sin riego tampoco puede subsistir zonas verdes y arboledas. Por eso han fracasado iniciativas de asociaciones vecinales y hasta de ONGs como Rotary en España para plantar árboles porque los consistorios omiten comprometerse a regar esos terrenos municipales para crear nuevas zonas verdes y evitar una inversión ruinosa.


áRBOLES PARA LA CONSTITUCIÓN

Hace tiempo que determinadas iniciativas eco-ciudadanas demandaban que la lucha contra el cambio climático, y por ende, la proliferación de nuevas zonas verdes arboladas, deberían incluirse en la reforma de la constitución. No basta con una ley orgánica del ramo que por cierto no contempla la obligatoriedad de las administraciones (estatales, autonómicas y locales) a plantar árboles para nivelar los niveles de C02 en la atmósfera al mismo tiempo que ganar en salud pública. Anclar ese compromiso en la futura reforma de la Constitución española podría ser determinante para garantizar a largo plazo la vida sostenible en las grandes ciudades.

La digitalización por otro lado de la economía podría asimismo ser un impulsor en la prevención y protección de las zonas verdes. Para ello se desconoce si en los planes presentados por España a la UE para la obtención de fondos a la reconstrucción, se contempla proyectos de inversión digital para la gestión de arboledas, zonas forestales, parques y jardines.

A falta de ejemplares naturales y aunque no sea lo mismo, otra tendencia que podrían extenderse en España de cara al turista digital pasaría por plantar “árboles solares” en las calles céntricas de las ciudades que permitan la carga ultra rápida de todo tipo de gadget tecnológico, como móviles, tabletas, portátiles, etc.

Estos árboles solares ya existentes en varias localidades EEUU e Israel, aparte de dar sombra en las calles peatonales y hacer la vida más agradable en épocas estivales, incluso alumbrar de noche, supliría la falta de enchufes en locales y vías públicas para los miles de turistas digitales que pululan por el mundo. Quedarse sin batería en un momento del día puede representar un contratiempo. El disparo de la conectividad total y la digitalización no sólo del ocio harían de esta modalidad otra fuente de ingresos para los distritos al mismo tiempo que suple la falta de arboleda natural.


CLAVES PARA COMPENSAR EL CO2

De acuerdo a la opinión científica, “un país con elevada forestación como España solo consigue capturar, a través de sus bosques, una cuarta parte de todas emisiones que realiza anualmente”.

Compensar por ello la huella ecológica aislando o capturando el CO2 producido de la atmósfera se erige en una prioridad también del municipalismo. Dado que no es posible reducir todas las emisiones que se producen se haría recomendable un plan urgente de renaturalización de las ciudades que compense los niveles excesivos de  CO2 en la atmósfera a través de plantación de arboledas en España por múltiples motivos:

1.     Combaten el cambio climático.

2.     Los árboles absorben CO2.

3.     Ahorran agua.

4.     Ayudan a prevenir la erosión del terreno.

5.     Filtran el agua de la lluvia.

6.     Proporcionan alimentos a la fauna urbana.

7.     Son terapéuticos para las personas.

8.     Generan oportunidades económicas. como la biomasa y producción de energía limpia 

9.     Son un hábitat para la biodiversidad

10.   Los sellos verdes que se obtendrían en estos proyectos deberían puntuar a  favor en ciertas  licitaciones públicas.

 

 

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