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'Perdición': de la realidad de Ruth Snyder a la ficción de Barbara Stanwych

James M.Cain cubrió el juicio de una mujer y su amante que asesinaron al marido de ella. Fue la primera fotografía de una ejecución publicada en un medio.

'Perdición': de la realidad de Ruth Snyder a la ficción de Barbara Stanwych

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David F. Villar

David F. Villar

Redactor de Televisión de Galicia. Licenciado en Periodismo por la Universidad del País Vasco y en Ciencias Políticas por la Universidad de Santiago. Colabora en MUNDIARIO.

James M.Cain cubrió el juicio de una mujer y su amante que asesinaron al marido de ella. Fue la primera fotografía de una ejecución publicada en un medio.

La sala Numax proyecta esta semana en Santiago Perdición, de Billy Wilder. Es sin duda la película de cine negro más atrevida, inquietante y sombría del Hollywood de la década de los 40. El optimismo filantrópico se había derrumbado por la depresión económica, las guerras y el fascismo. Se pierde la fe.

La frontera entre lo bueno y lo malo es variable. Nadie cree en la justicia y mucho menos en la policía... Podríamos estar hablando de la actualidad pero el salto es demasiado grande… y a peor. Pasamos de aquellos abogados sin escrúpulos, de detectives perdedores y de mujeres fatales que elijen su propio destino, al cutrerío generalizado y a frívolos trincones de charanga y pandereta que hoy campan por España.

James Cain y la historia real

La Paramount contrató a Raymond Chandler para trabajar junto a Billy Wilder como coautor de la cinta.  Antes pensaran en James M. Cain, pero el guionista de origen irlandés escribía por aquel entonces el guión de Espíritu de concordia, un western sobre la corrupción política (!) en el tendido del cable telefónico transamericano que sería dirigido por Fritz Lang. Cain publicó la novela a través de ocho capítulos en la revista Liberty (1935-36). El autor había trabajado como reportero en el New York World y en 1927 asistió al juicio de Ruth Snyder y Judd Grey. La mujer, un ama de casa de Queens, había urdido un plan con su amante para matar a su marido, Albert Snyder, fingiendo un robo. La policía descubrió que el hombre había firmado un jugoso seguro de vida semanas antes del crimen. Ambos fueron condenados a la silla eléctrica por asesinato en primer grado y la fotografía publicada en primera plana por el New York Daily News se considera la primera imagen de una electrocución. El periódico coló en la ejecución a Tom Howard, un fotógrafo que fingió ser un escritor, con una cámara en miniatura en su tobillo derecho. Tenía una única oportunidad porque la máquina solo contaba con una placa. Ruth recibió tres descargas de corriente alterna de 2.000 voltios. Howard encuadró como pudo y consiguió una imagen movida y estremecedora. Le pagaron por ella 100 dólares, que equivaldrían en la actualidad a unos 1.200 euros.

Billy Wilder cuenta en sus memorias que él también quería acabar la película en la cámara de gas. Visitó una, la reprodujo y rodaron durante horas. Consiguió una escena muy lograda, con miradas de lástima y aprecio entre Edward G.Robinson y Fred MacMurray, pero el director decidió prescindir de ella porque la consideraba un anticlímax después de la escena final del cigarrillo entre los dos amigos.

Usted es cómplice de asesinato

Un coche a gran velocidad circula de noche por la ciudad. Se detiene frente a un edificio de oficinas. La silueta de un hombre en muletas se acerca hacia nosotros. Walter Neff, agente de seguros y criminal herido, confiesa en un dictáfono. La película es un flash-back desde el inicio. El espectador conoce el desenlace de la historia  (“Lo maté por dinero y por una mujer. Ni conseguí el dinero, ni conseguí la mujer. Estupendo, ¿verdad Keyes?”, afirma Walter derrotado) pero el relato en off lo atrapa en un papel de confesor o cómplice. En la escena del crimen -cuando depositan el cuerpo en las vías y el coche no funciona- el público se sorprende a sí mismo deseando que la pareja pueda arrancar para poder escapar. “Perdición” es revolucionaria y novedosa por la solidaridad que despiertan los asesinos. Son personajes de clase media –no mafiosos ni criminales- que se ven arrastrados por la ambición y el sexo para salir de la maldita rutina de sus vidas. Cuando Keys (el mejor amigo de Neff) descubre el caso, su reacción es de tristeza, no de alegría por el triunfo de la justicia.

Censura y fatalismo

El código Hays impedía mostrar directamente el asesinato en el coche. Billy Wilder optó por narrarlo de forma indirecta, con un plano corto de Barbara Stanwyck en el que esboza una leve mueca de estremecimiento y satisfacción. La actriz, especializada hasta ese momento en papeles de heroínas, representó a la perfección el papel de Phyllis Dietrichson como femme fatale. El pardillo de turno es Walter Neff, interpretado por Fred McMurray. La tensión sexual entre ambos va y viene entre toallas mal anudadas, cadenas en los tobillos (1944 recuerden!) y diálogos con doble sentido (“Va usted demasiado rápido. En este Estado el límite de velocidad es de 70 kilómetros por hora”; “Sé exactamente qué quiere decir”…)

“Perdición” es una obra maestra rompedora que no consiguió ningún Óscar a pesar de optar a siete estatuillas. Es un retrato del adulterio, una historia de perdedores movidos por bajas pasiones. Hay fatalidad en la iluminación de claroscuros, en el guante negro de Phyllis, en la madreselva que huele a asesinato y en las pisadas huecas de Walter…

La cinta era tan provocadora que incluso Charles Brackett, colaborador habitual de Billy Wilder, se negó a participar en el guión porque dijo que “detestaba el material”. Además, la singular relación entre los dos personajes masculinos también ha sido destacada. Walter Neff quiere superar la poderosa figura paternal de Barton Keyes pero hay quien ha visto en los gestos de complicidad entre ambos una relación homosexual encubierta (las cerillas para encender los puros de Keyes, varios “te quiero”, abrazos…).

Cuando Hitchcock vio la película escribió un telegrama al director: “Desde Perdición, las dos palabras más importantes en el mundo del cine son Billy Wilder”. Como él, cada vez que una mujer baja las escaleras, muchos buscamos una cadena dorada en su tobillo izquierdo…