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MUNDIARIO

El pensamiento ilusorio que puede matarnos

No es suficiente con encomendarnos a las vacunas, porque hasta que lleguen y lleguen a todos, la pandemia seguirá segando vidas y esquilmando la economía. Por eso es imprescindible que mientras no logremos la protección luchemos con lo mejor que ahora tenemos, que es la prevención.
El pensamiento ilusorio que puede matarnos
Covid-19. / C. M.
Covid-19. / C. M.

Senén Barro

Catedrático.

James Bond Stockdale –no confundir con el Agente 007–, fue vicealmirante y aviador de la Marina de los Estados Unidos. Estuvo más de siete años prisionero en Hanoi, durante la guerra de su país con Vietnam. En una ocasión le preguntaron cuál era el perfil de los prisioneros que no sobrevivieron a su cautiverio. La respuesta de Stockdale ha dado lugar a una paradoja que lleva su apellido. Vino a decir que eran los optimistas, que estaban convencidos de que estarían libres la próxima Navidad, y luego en Pascua, y así iban situando en un futuro próximo sus infundadas esperanzas de ser liberados. Con el tiempo y los desengaños su fortaleza iba menguando, y con ella su vida. Decía Stockdale que no debe confundirse la fe en que finalmente prevalecerás, algo positivo, con la disciplina para afrontar los hechos, por duros que estos sean. En definitiva, el optimismo es bueno cuando sirve de estímulo para no rendirse pero no cuando solo es pensamiento ilusorio.

Este pensamiento ilusorio me temo que está instalado en algunas personas en relación a la Covid-19 y solo así se explica, que no se justifica, su comportamiento. Hablo de quienes aparentemente se creen inmunes al coronavirus, y por ello no asumen las razonables precauciones y menos todavía las justificadas obligaciones que se nos van imponiendo. No son solo los jóvenes, aunque parece que se está dando más entre ellos, quizás por saber que estadísticamente son menos vulnerables, si no al contagio, sí a que la enfermedad se desarrolle en ellos de un modo grave. Quizás también porque cuando uno es joven le parece que la vida no tiene fin, por suponerlo muy alejado en el tiempo o simplemente por no pensar en él. Ni fin ni deterioro, ya que cuando uno es joven puede dolerle a veces el orgullo, pero difícilmente el cuerpo, salvo por cansancio o por algunos moratones, que en todo caso suelen ser heridas pasajeras de guerras a las que se va por deseo propio. 

  A menudo veo en los balcones de algunas casas mensajes optimistas, como el siguiente: “Entre todos venceremos a esta pandemia”. Son muy frecuentes, de hecho, en las redes sociales, las nuevas ventanas y escaparates a los que nos asomamos y desde los que nos mostramos. Por supuesto, esta lucha o es colectiva o estará perdida. Pero si al “todos” le faltan aunque solo sean unos cuantos, que con su comportamiento inconsciente jueguen a la contra,  entonces sí que todos, también ellos, saldremos perdiendo. A veces lo que se perderá será la salud, otras la vida, el trabajo, el sosiego… No es suficiente con encomendarnos a las vacunas, porque hasta que lleguen y lleguen a todos, la pandemia seguirá segando vidas y esquilmando la economía. Por eso es imprescindible que mientras no logremos la protección luchemos con lo mejor que ahora tenemos, que es la prevención. 

Eso sí, la ignorancia se puede curar con algunas dosis de educación, pero la idiocia de quienes incluso niegan la existencia de la pandemia no tiene ni tendrá vacuna. Quizá sí otro tipo de remedio, pero hoy por hoy el trasplante de cerebro no es posible. @mundiario