El patriarcado pega fuerte

Mito de la piedra de Sísifo.
Mito de la piedra de Sísifo. / Mundiario
Al no tener nada, mi presencia en este mundo es extraordinaria; me aferro a la conciencia por encima de los demás. / Relato literario. 
El patriarcado pega fuerte

Cuando eres huérfana, cualquier tutela es opresora. Hay una conexión química entre padres e hijos, en la convivencia se conforman roles que, si eres huérfana, te arrojarán a las inclemencias de la calle.

Yo defiendo la libertad e independencia del individuo, por encima de las naciones, ya que éstas son una prolongación de las voluntades e imposiciones que los padres proyectan para los hijos. Creo que, en mi condición de apátrida, he asumido mejor los valores humanos, puesto que:

1) No formo parte de la economía que se cierne en cada negocio y portal

2) No ejerzo tradiciones ni venganzas heredadas de una estirpe con las que una sociedad consigue permanecer inalterable a los tiempos

3) Al no tener nada, mi presencia en este mundo es extraordinaria; me aferro a la conciencia por encima de los demás

Hace un momento he visto a mi primo materno en redes, que asegura conocerme aunque en los últimos veinte años solo haya sabido de mí mediante las argucias y mentiras de mis padrastros (procedimiento que aplicaron incluso a mi profesor de inglés).

Desde que entré a las instituciones, el patriarcado me acorraló: recibí mi primer castigo en clase a los seis años, después de que mi madrastra acudiese a una tutoría: había comenzado la persecución a mi mereciente derecho, y la profesora me exhibió ante toda la clase. A lo largo de los años, conformé una férrea, académica educación, la cual colapsó cuando cumplí la mayoría de edad, en un encuentro con la ruindad de la vida.

Mis compañeros tomaban mano del maltrato, lo emplean todavía: el patriarcado truncó mi vida. De mí se alejaron patéticas bellezas que cumplieron su sueño, las hermanas de mi madre que se burlaban de mí (conserva eso mi hermanastra); se fueron bellos recuerdos de mi retina, solo sucias palabras me atacaban el tímpano.

Olvidé mis aprendizajes y mi paz interior. Acudí a las instituciones y no tengo papeles, soy una clandestina de nacimiento. No hay para mí ni un ápice de orgullo en el patriarcado.

Creo que no leeré la Biblia, ya que Dios es padre, yo soy huérfana; ya que Jesús no murió por mí, mi madre sí. Es la piedra que me arroja la multitud con ira cuando abro la boca y encamino mis pasos expresando libertad, siempre y cuando la conciencia calle para abrirme paso y la Tierra, sin embargo, siga girando deprimentemente inalterable (pero todo cambia, aunque no lo notemos, poquito a poco... aunque una vida pase sin revolución). @mundiario


 
 

El patriarcado pega fuerte
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