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Para la radio no pasan los años

El joven se inicia en la radio gracias a los musicales de todo tipo y, a partir de aquí, se engancha con los programas deportivos para, con el pasar de los años, sumarse a los programas bien diferenciados de la mañana, la tarde y la noche.

Para la radio no pasan los años
Un aparato de radio de los años 60. / Pixabay
Un aparato de radio de los años 60. / Pixabay

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Antón Luaces

Antón Luaces

El autor, ANTÓN LUACES, es columnista de MUNDIARIO. Está especializado en información marítima. @mundiario

Nunca he sentido miedo al futuro de la radio, medio al que estoy vinculado desde hace casi 60 años. Y hoy es su Día Mundial. El actual es el tiempo en el que verdaderamente la radio cumple mejor y más que nunca el precepto por el cual, en 1894, Guillermo Marconi unía islas y continentes con su "sistema completo de telegrafía inalámbrica" haciendo realidad lo que hoy conocemos, a cualquier efecto, como la transmisión por radio.

Habiendo iniciado mi andadura en la radio como un simple aficionado allá por el lejano año 1960 y, ya profesionalmente, en 1963, he visto cómo la lucha por la audiencia entre emisoras locales y cadenas de emisoras bien consolidadas –especialmente RNE y la SER– a través de la onda media, no perdían de vista la penetración internacional en base a sus potencias emisoras hasta la aparición de la onda corta y las emisiones internacionales de Radio Exterior de España (REE). 

Posteriormente, y con la desaparición de señales muy seguidas en la AM como radio, hizo su aparición en Galicia la Cadena de Ondas Populares (COPE), con estudios en Ferrol y Vigo y posteriormente en otras ciudades y municipios gallegos), que muy pronto comenzó a competir con la CAR (única cadena radiofónica con escuela propia, situada en A Coruña), la Red de Emisoras del Movimiento (con estudios en Vigo, Ferrol y Ourense) y la Cadena de Emisoras Sindicales (con estudios en Monforte de Lemos). La SER, con emisoras asociadas en Vigo, Pontevedra, Ourense, Lugo, Ferrol y A Coruña, mantuvo siempre los estudios de Santiago como cabecera territorial en la hoy comunidad autónoma de Galicia. 

Eran aquellos tiempos en los que solo RNE emitía información nacional e internacional en horarios de mañana, mediodía y noche en los conocidos como "partes", nombre derivado de los partes de guerra que el gobierno de Franco emitía primero desde el frente de batalla y, posteriormente, desde los estudios de Salamanca y Burgos.

Años más tarde llegaría aquí la FM (frecuencia modulada) que supondría un cambio absoluto en el modo radiodifusor, dando prioridad a la música sobre cualquier otra fórmula de radio convencional. Con más calidad, pero menor cobertura que la ofrecida por la onda media, la FM fue abriéndose a multitud de cadenas de radio: Radio 4, de RNE en Galicia, Radio Galega, Antena 3 (posteriormente Radio Voz),  Onda Cero, la cadena de emisoras municipales y otros muchos centros emisores hechos realidad mediante la concesión –no siempre bien aceptada– de licencias de emisión por parte de la Xunta desde los tiempos del tripartido en la Xunta de Galicia hasta la actualidad.

La aparición en el panorama de la comunicación de Internet abrió nuevas posibilidades a la radio, haciendo esta mucho más asequible para quien deseaba disponer de un medio rápido de emisión a pesar de, en muchos casos, su precariedad.

Las temidas, para la prensa escrita, redes sociales nunca han supuesto para la radio convencional un enemigo. Más bien se han convertido en grande aliadas para la comunicación radiofónica. Y así como en los años 70 del siglo pasado se pensaba que la estrella de la radio iba a ser eclipsada por el vídeo (la TV), tampoco las que todos conocemos como redes sociales significan un handicap para una radio cada vez más ágil aunque sin la calidad que tenía la que se hacía en Galicia hace 50 años.

La fidelidad de la audiencia a la radio es indiscutible, porque la radio forma parte del ser de cada ciudadano. Este, en un día como el 13 de febrero, siente profundamente que la radio es suya: se acuesta con ella, se levanta de la cama con la radio, desayuna con ella y con ella sigue en el coche (si lo tiene) camino de su trabajo.

El joven se inicia en la radio gracias a los musicales de todo tipo y, a partir de aquí, se engancha con los programas deportivos para, con el pasar de los años, sumarse a los programas bien diferenciados de la mañana, la tarde y la noche.

Para la radio no pasan los años en el sentido de perder presencia. La gana. Y en este ganar, bien quisiera desearle muchos más años de vida para que todos podamos seguir disfrutando de ella. @mundiario