Los países pobres recibirán 1,2 millones de vacunas a finales de febrero

Un cargamento de vacunas contra la covid-19 aterrizando en México. / RR SS
Un cargamento de vacunas contra la covid-19 aterrizando en México. / RR SS
El sistema de la OMS sigue siendo desigual, pues las dosis que enviará al eje de países pobres (1,2 millones) son menos de la mitad de las dosis que llegaron a España este lunes.
Los países pobres recibirán 1,2 millones de vacunas a finales de febrero

La pandemia de coronavirus no solo ha creado la peor crisis multidimensional global del siglo XXI, sino que también ha puesto a prueba la capacidad de la humanidad para organizarse y trabajar de forma mancomunada, en cooperación absoluta, para garantizar su supervivencia y la recuperación de su acelerada senda de desarrollo. La comunidad internacional tiene enfrente un gran reto, el más apremiante de la historia; inmunizar a toda la población del planeta. Pero el principal escollo es garantizar que haya un relativo equilibrio y proporcionalidad en la distribución de los fármacos que podrán restaurar el clima de salud pública mundial. 

Y es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene previsto enviar a finales de febrero un total de 1,2 millones de dosis de la vacuna de la covid de Pfizer y BioNTech a los países pobres. Lo hará a través del mecanismo Covax, que consiste en un sistema de distribución basado en subsidios totales o parciales de la autoridad sanitaria, con sus propios fondos más las cuotas de sus naciones miembros, destinado a la cobertura de los cargamentos que serán despachados a los países donde la pandemia ha golpeado mucho más fuerte, no solo en el ámbito médico, sino también social, económico y laboral por sus características de pobreza estructural, así como por las insuficiencias financieras de sus respectivos Gobiernos.

El problema es que se ha generado un fenómeno que demuestra la voracidad del sistema capitalista. Los países ricos concentran el 60% de la oferta mundial de vacunas. El acaparamiento de las dosis está estrechamente ligado a los contratos pactados entre las compañías farmacéuticas y los Gobiernos de las grandes potencias, pues esos países representan los mercados más rentables para gigantes de la industria biotecnológica como Pfizer, AstraZeneca y Moderna. 

Pero el sistema de la OMS sigue siendo desigual, pues las dosis que enviará al eje de países pobres (1,2 millones) son menos de la mitad de las dosis que llegaron a España este lunes. Ese contingente apenas alcanza para vacunar a los segmentos poblacionales de los grupos de riesgo más vulnerable en esas naciones, especialmente de África y Medio Oriente, pero no abastece ni siquiera el 10% de la demanda de inmunización promedio. 


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La iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene como objetivo facilitar vacunas a los 92 países más pobres del mundo, que concentran unos 3.000 millones de personas. La población mundial es de 7.700 millones de personas, por lo cual casi la mitad de los países del mundo no podrán costear las enormes inversiones que implican las compras de las vacunas a Pfizer, AstraZeneca y/o Moderna, las más eficaces del mercado hasta ahora. En promedio, más de 1.000 millones de dólares sería el costo de adquisición e importación de un cargamento de vacunas contra la covid-19 de las grandes farmacéuticas, un financiamiento que no cualquier Estado puede permitirse. Es ahí donde entra en juego la OMS como garante de la nueva ‘diplomacia sanitaria’ global para salir de esta crisis lo antes posible.

Este lunes, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha criticado en una reunión de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que “más del 94% de los países que están vacunando ya a su población son ricos y el 75% de las dosis han sido desplegadas en solo 10 de esos países”. El 25% restante será distribuido entre los 92 países más pobres del mundo frente a casi la totalidad de las potencias que ya tienen avances en sus programas de vacunación, como por ejemplo; el Reino Unido, que ha inmunizado a más de 10 millones de personas. 

“Es comprensible que los Gobiernos quieran empezar por vacunar a sus propios sanitarios y ancianos primero, pero no es correcto vacunar a adultos jóvenes y sanos en países ricos antes de hacerlo con el personal sanitario y mayores en países de bajos ingresos”, dijo durante su presentación en un panel sobre Equidad vacunal y construcción de resiliencias: dos pruebas para la solidaridad global.

Por lo tanto, el llamado de la autoridad sanitaria global es a que prime la conciencia humanitaria por encima de los intereses financieros, políticos y económicos de las potencias líderes en la ciencia, la economía, el comercio internacional y la tecnología. El futuro de la humanidad dependerá, en buena medida, de su capacidad para protegerse genéticamente de los ciclos biológicos que alteran el curso de su complejo sistema de vida. @mundiario

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