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¿Por qué la OMS teme que nunca haya una cura para el coronavirus?

¿Existen razones para pensar que la pandemia alterará para siempre la dinámica del sistema de vida posmoderno de la humanidad en una era totalmente incierta? Hay detalles que una vacuna no podría impedir.
¿Por qué la OMS teme que nunca haya una cura para el coronavirus?
Ciudadanos con mascarillas en Seúl, Corea del Sur, en medio de la pandemia de coronavirus / Pixabay.
Ciudadanos con mascarillas en Seúl, Corea del Sur, en medio de la pandemia de coronavirus / Pixabay.

La humanidad continúa a la espera de ese tan ansiado retorno a la normalidad que, debido a la rápida expansión del actual ciclo biológico que tiene en jaque al mundo, podría no volver a tener la dinámica acelerada y globalizadora que solía tener antes de la pandemia de coronavirus. De hecho, la propia OMS se muestra optimista sobre la carrera científica global rumbo a la vacuna, aunque también ha inyectado una dosis de realismo para evitar que se creen falsas expectativas con respecto a una crisis sanitaria y humanitaria que aún no está bajo control en ninguna parte del planeta. 

Puede parecer que hay un clima de control epidemiológico, pero nada más lejos de la realidad, pues el desarrollo simultáneo de varias vacunas generará un proceso de inmunización en la población mundial (7.700 millones de personas en todo el planeta), pero no garantizará el exterminio o erradicación del SARS-CoV-2, que es el nuevo tipo de de coronavirus que produce la Covid-19.


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“La investigación de vacunas contra la COVID-19, que en algunos laboratorios de todo el mundo se halla ya en las últimas fases de pruebas es esperanzadora, pero puede que nunca haya una panacea (cura) contra esta pandemia”, advirtió este lunes el máximo responsable de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Redros Adhanom Ghebreyesus, en una rueda de prensa.

Un peligroso azar biológico

Esto implica que nuestra civilización posmoderna ha entrado en una fase histórica de descomposición y reorganización de su sistema de vida económico y social a partir de una crisis marcada por este evento biológico que podría instalarse de forma endémica en la población mundial, tal como ocurrió con el virus del SIDA tras su origen en la década de los 80 en África, su posterior brote como pandemia y luego permanecer circulante hasta la actualidad silenciosamente.

“Varias vacunas se encuentran en la fase tres de las pruebas clínicas y todos esperamos que de ellas salgan vacunas eficaces que ayuden a que la gente no se infecte, pero ahora mismo no hay una panacea, y quizá no la haya nunca”, admitió el director general de la OMS.

Por lo tanto, la máxima autoridad sanitaria global, a pesar de que ciertas matrices de opinión mediática y pública la posicionen como pesimista, busca instaurar una política de salud mundial basada en la conciencia humanitaria, médica e incluso gubernamental de que la prioridad es inmunizar a la población del planeta para que su sistema de vida retome ciertos visos de normalidad, pero con una nueva política de seguridad mundial enfocada en el control de esa actividad económica, industrial y consumista del sistema capitalista moderno, que es uno de los principales factores implosionantes de crisis sanitarias y pandemias como esta. 

Con cerca de 18 millones de infecciones y más de 686.000 fallecidos, por Covid-19 en el mundo, según el sistema estadístico de la OMS, el doctor Tedros recordó que “los contagios confirmados se han multiplicado por cinco en los últimos tres meses, y que a falta de vacuna hay que seguir buscando el control de los contagios con múltiples medidas que incluyen el rastreo de casos y contactos”.

El costo de reactivar la economía como si nada pasara

Es así cómo se evidencia que la actual crisis global se encuentra en una etapa de mayor aceleración debido a las decisiones de muchos gobiernos en todo el mundo de reabrir sus economías, lo que generó un efecto en cadena de desbloqueos de los sistemas comerciales, empresariales y laborales, un contexto que volvió a inyectarle dinámica a la vida social-civil. Esa situación creó el caldo de cultivo perfecto para que la transmisibilidad del coronavirus volviese a ganar fuerza, es decir, el virus prolongó su ciclo de vida al reagruparse las masas sociales, que son los canales, puentes y huéspedes del agresivo SARS-CoV-2.

“Hay que hacerlo todo: mantener el distanciamiento físico, lavarse las manos de forma constante, no toser al lado de otros, llevar mascarilla y reforzar la vigilancia. Hemos visto en todo el mundo que nunca es tarde para darle la vuelta a la situación: colaborando juntos podemos salvar vidas”, aseguró el experto epidemiólogo etíope.

El nuevo estado social, cultural y familiar que debe predominar como un nuevo período de evolución ideológica humanitaria es la prevención y el control de la dinámica civil para que la misma naturaleza de la interrelación social masiva no se convierta en el aliado del enemigo invisible, pues si los Gobiernos del mundo relajan al 100% sus controles epidemiológicos, entonces la economía global podría caer en depresión, que es un nivel mucho más grave que el de recesión, en el cual se encuentra actualmente. Es decir, si la cadena de aislamiento se rompe, entonces se acelerará la cadena de transmisión y eso podría crear un nuevo estado psicosocial de temor a escala poblacional; una tormenta perfecta para hacer colapsar el consumo y derrumbar aún más las economías de todos los países en una especie de efecto dominó que alargaría la agonía del sistema capitalista y la espiral de la pobreza global, ya exacerbada desde el inicio de la pandemia. 

El máximo responsable de la OMS insistió en el hecho de que, según explicó, “se trata de la primera pandemia de la historia causada por un coronavirus, frente a las epidemias gripales que fueron habituales en los últimos siglos (al menos una decena en los últimos 250 años)”.

¿Qué tan grave es esta crisis?

Esta es, de lejos, la peor crisis que la humanidad ha sufrido en el siglo XXI. Ni siquiera la Gran Recesión de 2008 ni la devastación económica y humana causada por la Segunda Guerra Mundial en 1945 se comparan con las ingentes pérdidas humanas y monetarias que han retrotraído al planeta a un estado económico y social similar al del siglo XVIII. Hoy, el 10% de la población mundial sumido en la pobreza lucha por no ser absorbido por el sistema capitalista ni por este ciclo biológico que ha dejado a su paso una estela de voracidad y desintegración del tejido social. Por esa razón, la crisis mundial de 2020 tiene un doble nombre: la pandemia de coronavirus y la Gran Reclusión (bautizada así por el Fondo Monetario Internacional debido a la destrucción económica que ha dejado el confinamiento de más de 3.800 millones de personas alrededor del planeta con más de 40 millones de desempleados).

“Se da una combinación de factores muy peligrosos, con un virus que se desplaza con mucha rapidez y además mata muchísimo, y que afecta tanto a naciones desarrolladas como a aquellas más pobres”, concluyó Tedros.

Sin duda, la crisis de la Covid-19 ha igualado a todos los tejidos y capas sociales de la población mundial en un mismo estado de vulnerabilidad humana, pues a pesar de las profundas divisiones económicas, el coronavirus no distingue entre los países centrales del eje capitalista que controlan la pirámide socioeconómica global y los países que están situados en la periferia de esa jerarquía de una forma dependiente y subordinada a su dinámica. Este convulso año no se trata de la economía, se trata de preservar la vida de nuestra civilización para entrar cuanto antes en la incierta era post-pandemia de la nueva década que empezará en 2021. @mundiario