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La OMS alerta de que la cifra de jóvenes con Covid-19 se triplicó en cinco meses

“Lo hemos dicho antes y lo decimos otra vez: los jóvenes no son invencibles. Los jóvenes pueden infectarse, morir y transmitir el virus a otros”, alertó el director general del ente, Tedros Adhanom Ghebreyesus.
La OMS alerta de que la cifra de jóvenes con Covid-19 se triplicó en cinco meses
Jóvenes tomándose una selfie en una plaza en Barcelona, España / Pixabay.
Jóvenes tomándose una selfie en una plaza en Barcelona, España / Pixabay.

La pandemia de coronavirus ya es un ciclo biológico que se comporta de forma natural, extendida y, sobre todo, endémica, entre los vastos e inmensos grupos sociales que conforman la humanidad. El SARS-CoV-2 llegó para quedarse, lo que obliga a nuestra civilización a adoptar nuevos patrones de ritmo y dinámica social para su funcionamiento cotidiano, pues el mundo se encuentra en una etapa histórico al ser este un evento natural que ocurre solo cada 100 años, una vez en un siglo. Por esa razón, esta es, de lejos, la peor crisis que ha golpeado a la ‘aldea global’ en el siglo XXI. Sin embargo, existe un porcentaje de la población mundial, en su mayoría jóvenes, que todavía subestiman al enemigo invisible: la Covid-19.

Es por esa percepción social errada de esta emergencia sanitaria que los jóvenes que están saliendo a los locales nocturnos y a las playas lideran la estadística de aumento de nuevos casos de coronavirus en el mundo, ya que  en unos cinco meses se ha triplicado la proporción de jóvenes de entre 15 y 24 años infectados, según anunció este pasado martes la Organización Mundial de la Salud (OMS).


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Los movimientos poblacionales masivos se han registrado en los países que decidieron reabrir sus economías debido a la enorme presión que el confinamiento acumulaba sobre la demanda, el consumo y la actividad comercial, empresarial y laboral, situaciones de contingencia que han originado crisis socioeconómicas muy marcadas en Europa, Estados Unidos y, sobre todo, en América Latina. 

El dilema político de preservar la estabilidad económica y la estabilidad social justo en medio de una crisis biológica-sanitaria, inclinó la balanza de varios Gobiernos hacia la estrategia de reactivación de los circuitos de consumo pese al costo humano y social que eso también generaría de una forma incluso más aguda que el mismo período de cuarentena.

El alarmante caso de España

Por ejemplo, en España se han desencadenado 546 nuevos brotes de coronavirus tras haberse completado el plan de desescalada una vez expirado el estado de alarma, pero la mayoría de esos rebrotes se produjeron por las aglomeraciones generadas en lugares clave para la industria comercial del ocio nocturno, como bares, restaurantes y discotecas. Así se ha agruparon cientos de jóvenes españoles que propagaron el virus en una cadena de focos cuya consecuencia se refleja ahora en más de 1.000 contagios diarios en varias regiones del país como Aragón, Galicia, Cataluña, País Vasco y Madrid.

Un análisis de la OMS a 6 millones de infectados entre el 24 de febrero y el 12 de julio halló que la cuota de personas de entre 15-24 años creció del 4,5% al 15%, informó el organismo en un comunicado y posteriormente en una rueda de prensa.

Esto implica que los contagios de jóvenes, posiblemente de otras personas en su rango de edad dentro de sus círculos sociales, se incrementaron aceleradamente en un 10,5%. Se trata de un fenómeno que ha sofisticado la capacidad de propagación de este virus, lo que también expande su ciclo de vida al encontrar una gran masa de huéspedes donde poder alojar sus cepas durante un tiempo prolongado, cuyo caldo de cultivo perfecto con las concentraciones masivas en lugares de ocio.

Aparte de Estados Unidos, que lidera el ranking mundial con un total de 4,8 millones de casos, países europeos como España, Alemania y Francia y naciones asiáticas como Japón han dicho que muchos de los nuevos contagiados son jóvenes. Por lo tanto, la segunda ola de contagios en la que varios científicos y Gobiernos, aunque no la OMS, asegura que ya estamos viviendo, es protagonizada por las poblaciones de jóvenes en las naciones con mayores índices de consumo y ocio comercial en Occidente (EE UU, España, Alemania y Francia) y un país de Oriente, que es Japón, cuyas libertades sociales individuales han facilitado la reactivación del sector comercial que se desempeña en esos circuitos de consumo masivo para el disfrute social.

Una cultura social moderna que aviva la pandemia

“La gente más joven tiende a estar menos alerta con las mascarillas y la distancia social”, dijo Neysa Ernst, encargado de enfermería de la Unidad de Biocontención del Hospital Johns Hopkins en Baltimore, Maryland (EE UU) en un correo electrónico enviado a la agencia Reuters, según este medio.

Esto se debe a que existe una cultura social posmoderna en la cual, con base en la información general de las autoridades sanitarias de cada país, los segmentos demográficos de relevo, que son los jóvenes, actúan bajo la conducta psicosocial colectiva enfocada en una barrera mental que los lleva a comportarse naturalmente como si fuese inmunes a este virus letal; un contexto que les resta efectividad a las políticas y mecanismos de control epidemiológico que desarrollan los Gobiernos del mundo para frenar la pandemia.

“Los viajes aumentan las posibilidades de contraer y propagar el Covid-19”, afirmó el experto, quien agregó que “es más probable que los jóvenes vayan a trabajar en la comunidad, acudan a una playa o un pub, o se desplacen para comprar abarrotes”.

Entonces, los desplazamientos civiles como parte de la dinámica social cotidiana propia de los países desarrollados, sobre todo los que han desbloqueado las cuarentenas y liberado a sus poblaciones del aislamiento para reactivar sus economías, tienen más patrones de movimientos en jóvenes que desempeñan su vida cotidiana y entienden el sistema de vida como un esquema de trabajo y roles directos en la actividad económica-productiva en busca del paradigma del bienestar socioeconómico de estándares elevados.

No obstante, el incremento de nuevos casos ha obligado a muchos países a imponer nuevas restricciones a los viajes, mientras varios laboratorios y compañías farmacéuticas (de EE UU, Reino Unido, Rusia y China) buscan una vacuna contra el coronavirus, que se ha cobrado más de 680.000 vidas, ha contagiado a más de 18 millones de personas en todo el planeta y ha hundido las economías a nivel mundial en una espiral de recesión global que cerrará 2020 con una caída del -5% en el PIB (producto interno bruto), que es el valor monetario de lo que la humanidad produce para su subsistencia en un año.

Anthony Fauci, un reconocido epidemiólogo y el principal experto de enfermedades infecciosas en Estados Unidos, instó el mes pasado a los jóvenes a “mantener la distancia social, llevar mascarillas y evitar las multitudes”. Asimismo, advirtió que los asintomáticos pueden contagiar el virus también.

“Lo hemos dicho antes y lo decimos otra vez: los jóvenes no son invencibles”, dijo el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en una rueda de prensa en Ginebra (Suiza) la semana pasada. “Los jóvenes pueden infectarse, morir y transmitir el virus a otros”, alertó.

La misma condición natural del actual sistema social y económico global es lo que le ha dado auge a la cultura posmoderna que condiciona el sistema de vida en las poblaciones jóvenes y las nuevas generaciones para que estas nunca dejen de alimentar y participar en el esquema comercial del consumo orientado al ocio y a las relaciones sociales masivas, lo cual tiende a ser más común en los países más desarrollados de ambos hemisferios del mundo. @mundiario