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MUNDIARIO

Ocurrencias de Juan de Portoplano

El autor hace uso de un heterónimo para ofrecer al lector este relato.

Ocurrencias de Juan de Portoplano

Me encontré con este heterónimo y su presunta o real sabiduría, conocimiento y saber. Al final, un heterónimo es una acumulación selectiva de saber y experiencia. De otro modo, es una perspectiva diferente de un individuo. Después de buscar durante muchos años y lustros, un nombre que se pudiese compatibilizar, y que redujese varios límites y varias contradicciones, aquí nos encontramos con esta posible sombra y este posible apócrifo, que me parece continuará funcionando en un futuro.

Sintetizar en una docena de palabras un estado mental, o si se quiere una relación entre lo dicho y lo pensado, lo escrito y un trozo de realidad. Este es el intento de este artículo:

Arribó y se acercó Juan de Portoplano a un árbol y le preguntó: — “¿Qué eres o quién eres?

Y el árbol le contestó: — “¿Y qué eres tú y quién eres tú?

Juan de Portoplano se acercó a un vaso lleno de ron y le preguntó: —“¿Por qué transformas a los hombres en inconscientes?

Y la botella le contestó: — “Yo no me muevo de mi lugar, son ellos, los que buscan convertirse en irracionales e inconscientes cuando me beben o se beben ellos a sí mismo en mí”.

—“El ser humano es una ensalada de experiencias, ideas, deseos, pasiones, conceptos, ideales”, explicaba Juan de Portoplano en un mitin en la mitad de la plaza del pueblo frente al ayuntamiento.

El problema es que nadie escuchaba a este personaje.

— “¿Qué es conocer y qué es el conocimiento?”, le preguntó un viandante a Juan Portoplano.

Y Juan de Portoplano como si fuese un nuevo Sócrates, le expresó:—  “¿Qué es lo que deseas conocer, de tantas cosas que se pueden conocer, cuales de verdad te importan?”.

Un hombre, les dijo, Juan de Portoplano, que a veces, era maestro de escuela, un hombre les dijo a los alumnos, es un niño que ha crecido de forma diferente las piernas de los brazos, del vientre de la cabeza…

Y los alumnos se quedaron sin entender, ni comprender, pero ya tendrían tiempo algunos de entender algo cuándo llegasen a la senectud.

Muchos seres humanos, dicen y piensan, “todo cambia, cuándo especialmente les interesa y les conviene ese cambio”. Repartió esta frase a fotocopias Juan de Portoplano a los viandantes que entraban al cine teatro de su pueblo o de tu pueblo.

Casi todos los hombres y mujeres quieren cambiar el mundo, alguna vez en su existencia, pero lo quieren cambiar a su imagen y semejanza. Pero añadió nuestro heterónimo, ¿acaso preguntan a los demás humanes si desean que cambie de ese modo y hacia esa dirección?

Cuentan que Juan de Portoplano se quedó mirando una estatua que estaba en el atrio de su ciudad, y le preguntó: —“¿Qué me puedes decir a mí de ti”.

Y la escultura de mármol de Carrara le contestó:— “¿Qué me puedes decir tú de mi?”.

Mirando una fuente llena de agua, Juan de Portoplano, decía a voces, “soy un ebrio loco, soy un ser irracional he querido meter todo el universo en una botella, soy un loco, ciudadanos, os digo que soy un loco he querido meter todo el universo en mi cabeza”.

Y al rato después de dar muchas voces, se marchó.

Se levantó esa mañana Juan de Portoplano y gritó frente a las autoridades de su pueblo, “sé cómo solucionar el problema económico del pueblo y del país, sé, preguntádmelo y lo explicaré…”.

Salieron todos los cargos municipales, se sentó el notario del reino y empezó a escribir la supuesta respuesta y solución a los problemas del mundo. El alcalde le dijo: “esperamos tus palabras, dinos cómo solucionamos el problema del hambre en el mundo…”.

Contestó Juan de Portoplano: “Haced buenos a los hombres y encontraréis la solución a la inmensa mayoría de problemas que nacen del mismo ser humano…”.

Todos se miraron y se alejaron sin saber qué decir y qué hacer.

Juan de Portoplano, heterónimo y apócrifo se alejó durante unas semanas de su pueblo, se marchó a una cueva, en forma de planta de un piso de una torre con docenas de viviendas. Y durante días y días reflexionó sobre lo que es el ser humano, y sobre lo que no es, sobre lo que debería ser y lo que no debería ser, lo que podría o puede ser y lo que no puede ser… Juan de Portoplano se arrinconó frente a la pared de la existencia.