Ochenta y cinco por ciento (o: me voy a ir yendo)

Frascos de la vacuna. / RR SS
Frascos de la vacuna. / RR SS

Hay quien sostiene que el 85% de los criterios y argumentos que pretenden catalogarse como henchidos de certeza acerca del Coronavirus (o Covid-19, o Sars Cov-2, o…) es argüido por personas no médicas y con poco o ningún conocimiento científico.

Ochenta y cinco por ciento (o: me voy a ir yendo)

Todo esto que sucede cotidianamente impuesto - que no deseado -, o se lo toma uno a coña o le aparece una úlcera de estomago a las primeras de cambio, sin avisar, y con farmacias de guardia carentes de “Almax” o similares.

No apetece estar siempre con las mismas truculencias machacantes a tutiplén y sin respiro. Al menos yo, que soy la persona que más suele importarme.

Las tales han llegado a conseguir que sólo las atisbe de refilón; y más que por propio interés fisgón, para intentar dar la impresión de cierta catadura cultureta si es que me preguntan sobre las tales. Aunque ésta no sea muy copiosa que digamos, seamos francos.

Tal vez por todo eso me haya dejado arrastrar por la vagancia y desgana a la hora de escribir ciertos comentarios periodísticos. Tal vez también influye que mi ordenata está ya pidiendo pista.

Atendiendo al encabezado que he tenido a bien, comentar una anécdota que leí en un diario especializado, y en inglés, hace un poco tiempo; no mucho: “El ochenta y cinco por ciento de los criterios y argumentos que pretenden catalogarse como henchidos de certeza acerca del Coronavirus (o Covid-19, o Sars Cov-2, o…) es argüido por personas no médicas y con poco o ningún conocimiento científico”.

Y buena verdad que dice tal diario. Para mí que se queda corto en porcentaje. Además, ¿no han notado que los porcentajes que aducen los listos en la materia son siempre en números enteros? Normalmente en cualquier investigación, salen decimales y centesimales. No sé... ochenta y cuatro coma quince por ciento, o veintiséis... Pero no, los argumentan taxativamente con números enteros: ¡Ochenta y cinco por ciento! (en este caso, de los múltiples ejemplos posibles). No he hecho yo cálculos con mis valoraciones, pero para mí que se queda corto ese ochenta y cinco (taxativo) por ciento. Igual es que me da pereza hacerlas. No sé.

Lo que no deja de ser un fastidio para todo aquél que , cual yo, ponga en duda la inmensa mayoría de las tesis incontestables que vierten aquellos que son capaces de pasar de un tema a otro en un mismo debate tan rápidos como la velocidad de la luz, o casi: pasar del covid-19 a la ventaja de encausar a un rey -malamente denominado ‘emérito’ – o otro tema en boga en pispás y medio menos dos.

Estos pavos y pavas saben de todo y contestan sobre todo independientemente del tema a debatir. Yo, en cambio, me quedo pasmado de encontrar tanta sabiduría entre tanta incapacidad cerebral.

Así pues, oír decir a algunos individuos humanos de esta calaña (e incluso de otras más pertinentes, como escribiré ipso facto) que la inmunidad (auto-inmunidad, para ser más precisos) no dura más allá de los tres meses de haber dado RIA (ELISA IgG) positivo (eso es bueno, muy bueno; quiere venir a decir que has pasado el virus, le has peleado y has vencido) cuando ni siquiera hacía dos meses que se era consciente de que el virus era de la familia del coronavirus...es altamente deprimente. Y lo han dicho, oiga...y lo han dicho tan intrépidamente, al escudo de la seguridad de que nadie iba a reprobarles. ¡Es de locos lo mire uno por donde lo mire! Ojo a lo de las vacunas ahora, que va a arrastrar migas y migas.

Podría entender a estos sabihondos de pacotilla. Si. Me parece fatal, pero podría entender que han de cumplir diciendo sus payasadas en sus apariciones en medios informativos para justificar lo que cobran de ellos.

Es horroroso, pero entendible tal y como funciona el pisto nacional ha tiempo ya.

Lo que me saca de las casillas es cuando tales criterios, discernimientos, opiniones, arbitrios, autoridad y sus etcéteras concurren en individuos e individuas que si pertenecen al corral erudito en tales temarios y son absolutamente discrepantes los de los unos cono los de los otros y los de las motos que no deben faltar.

¡Eso si que me saca de jamba! No porque pretendan aparecer en los distintos medios como los más sabios entre los sabios de toda la geografía patria y hasta foránea, que son muy dueños si es que se lo permiten- como hartamente está sucediendo, no; no es por eso.

Si me sacan de quicio es por dos cosas fundamentalmente: porque lo que afirman rotundamente suele ser producto de su propia clarividencia e invención, sin contraste plausible alguno que lo apoye (elucubraciones y chascarrillos mil) y son capaces de pelearse con el más ‘pintao’ si se les contradice (¿Vacunología? Jo...¿qué es eso? ¿otra especialidad médica oficial u otro invento? Inmunología si la conocía, si, pero ¿Vacunología…? ¡Qué obsoleto me estoy quedando!); y segundo porque confunden hasta la pota, incluso a los que algo sabemos del guión en cuestión.

Resultan insufribles, pero hay que sufrirlo si no queremos males peores (o iguales, que para el caso…).

Estos individuos e individuas – me niego a llamarlos colegas – resultan ser los peores de la pandemia junto al virus. A la par. Por la confusión que crean.

Lo único que, en mi opinión, están consiguiendo es atizar más fuerte si cabe la lumbre del recelo y el susto constante.

O sea que, lo escrito al principio: o se lo toma uno a coña y que sea lo que Dios quiera que sea, o se muere uno en el empacho con tanta discrepancia entre hermanicos.

Yo intento tomarlo a tal coña. Unas veces lo consigo y otras no. Pero, puesto que la vagancia, indolencia y haraganería (entre otras muchas similares cosas) son mi meta y mi ambición actual, pues con obedecer las órdenes dadas mediante diversos supuestos protocolos (ahora ya ni los hay por escrito, solo de boquilla y cada cuál con el propio) , estés o no de acuerdo con ellos, con solo obedecer...tan pancho que te quedas, sin necesidad de combates, pendencias y disputas que a ninguna parte llevan, salvo a la propia turbación irremediable y consiguiente arrepentimiento por haber sido tan gilí.

¿Que en esta tercera ola hay más contagios que en la primera? Bueno, sería lógico afirmarlo si uno perteneciese al gremio anteriormente citado. Pero, en aquellos entonces (febrero-marzo-abril) no se hacían ni un quinto de las pruebas PCR (polimerase chain reaction) que actualmente se realizan a diario. Mucho menos de un quinto de las actuales – y de eso sí puedo hablar con propiedad y sin arbitrios, que me lo he currado a base de bien, o eso creo yo-. Pues eso, que al haber cuatro quintos más de pruebas PCR, me parece normal que la “contagiosidad” suba a cifras espeluznantes. Pues claro que sí. Yo ahí lo dejo

Y sigo creyendo que el ochenta y cinco por ciento se queda corto, muy corto.

Yo me voy a ir yendo. Por si acaso me salpica. Claro que igual vuelvo a valorar dislates mayores – que ya es difícil , ya – y tengo que volver a retomar el tema. Dios y san Cosme y san Damián no lo permitan. Eso mismo: yo me voy a ir yendo. @mundiario

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