El Océano Atlántico experimenta cambios sustanciales

Océano. / Pexels.com.
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A mayor abundamiento, el Atlántico Norte se vuelve menos salado debido al incremento de las precipitaciones, el aumento del derretimiento del hielo o el aumento incesante de la cantidad de agua procedente del Océano Ártico.
El Océano Atlántico experimenta cambios sustanciales

Hace más de veinte años que la presencia de peces hasta entonces habituales en las cálidas aguas mediterráneas era vista con extrañeza por los pescadores en caladeros del Cantábrico Noroeste. En aquel momento poco o ningún caso se hizo a las llamadas de atención que algunos periodistas realizábamos. Recuerdo, incluso, cómo pescadores asturianos que intervenían en el programa "Españoles en la Mar", de Radio Exterior de España, veían en esta extraña presencia indicios más que evidentes de lo que, a partir de entonces, comenzó a ser una seria advertencia sobre un cambio climático que los peces anunciaban con su migración.

Cerca de 25 años después, el Océano Atlántico experimenta cambios sustanciales debidos a la modificación en la circulación oceánica jamás registrados en los últimos cien siglos. Evidentemente, el cambio climático está aquí para quedarse.

Así lo determina un nuevo análisis de restos fósiles de aguas profundas realizado por un grupo de investigadores y financiado por el proyecto ATLAS, publicado por la revista Geophysical Research Letters, que concluye que ese cambio es muy probable que haya provocado informes políticos a medida que los peces migran a aguas más frías, como es el caso antes comentado del traslado del Mediterráneo al Cantábrico de especies que en estas aguas no se habían localizado hasta hace un cuarto de siglo, aproximadamente.

Se considera que la estabilidad del clima durante los 12.000 años que desde el final de la última Edad de Hielo -Holoceno, período iniciado hace unos 11.800 años- ha permitido que la civilización humana se pusiera en marcha para producir cambios constatados. En el mismo período, las principales corrientes oceánicas han sido asimismo estables, con ciclos naturales que afectan a las zonas en las que existen organismo marinos como, entre otros, el plancton, los peces, las aves y las ballenas.

En definitiva, un cambio climático que hace que se produzca el blanqueamiento de los arrecifes de coral tropicales, la mayor acidificación de los océanos por la absorción de carbono de la atmósfera y el traslado hacia los polos de especies como el arenque o la caballa que,  en los países nórdicos europeos,  pierden presencia al decir de los pescadores de esta zona.

De cualquier manera no parece que sean los mayores cambios, sino que estos se van a producir en el futuro y con impactos ahora imprevisibles en sus consecuencias.

Sedimentos fósiles recuperados por los científicos en el fondo marino del sur de Islandia, cuya datación se remonta a muchos miles de años atrás, a los que se han superpuesto otros sedimentos superficiales, han permitido determinar que a las distintas especies les gusta vivir en condiciones muy diferentes. Por ejemplo, el grupo de los foraminíferos -poseedores de conchas de carbono de calcio- que son diferentes al comienzo de la era industrial y que evidencian impactos propios de un real cambio climático. Lo mismo ocurre con las corrientes oceánicas modernas cuya circulación en la superficie del Atlántico Norte es distinta a cuanto se ha visto en los últimos 10.000 años (casi todo en el Holoceno). 

En el sur de Irlanda (Atlántico Norte) una reducción en el número de especies de plancton de agua fría y un aumento en el número de especies de agua cálida -se repite la circunstancia ya señalada del Cantábrico y Mediterráneo hace unos 25 años- permiten conocer que las aguas cálidas han reemplazado a las aguas frías y ricas en nutrientes, lo que determina la existencia en nuestro tiempo de los efectos de una circulación inusual de las corrientes marinas. Más al norte, otros fósiles muestran la llegada al Ártico desde el Atlántico de más agua tibia, hecho que probablemente contribuye a derretir el hielo marino.  Más al oeste, una desaceleración de la circulación del transportador del Atlántico se interpreta por los científicos como que las aguas no se calientan como cabría esperar; mientras que más al Oeste, cerca de los Estados Unidos de América y Canadá, la corriente cálida del Golfo parece desplazarse hacía el norte. Si esto es así, las consecuencias para las pesquerías importantes serán muy duras.

A mayor abundamiento, el Atlántico Norte se vuelve menos salado debido al incremento de las precipitaciones, el aumento del derretimiento del hielo o el aumento incesante de la cantidad de agua procedente del Océano Ártico. Un evolución constante que, supuestamente, no va a beneficiar a la Humanidad. @mundiario

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