La obra de El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, en el Teatro Español

El burlador de Sevilla/ esmadrid.com
El burlador de Sevilla/ esmadrid.com

La versión de Darío Facal utiliza toda clase de recursos escenotécnicos para superar aquello que es previsible en la puesta en escena de un texto clásico

La obra de El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, en el Teatro Español

La versión de Darío Facal utiliza toda clase de recursos escenotécnicos para superar aquello que es previsible en la puesta en escena de un texto clásico.

Hay dos maneras de adentrarse en el teatro clásico; o seguir fielmente los patrones tradicionales de una representación realista, lo más fidedigna posible a la cultura de la época, o recurrir a la transgresión formal de la escenificación, sin alterar la capacidad persuasiva e ilustrativa de la palabra. Nos movemos en el segundo de los casos cuando Darío Facal presenta El burlador de Sevilla en el Teatro Español.

Si tenemos que ser puristas obligatoriamente en nuestro juicio sobre las obras clásicas, no podremos avanzar jamás en el desarrollo de otras maneras de percibir la experiencia teatral , y en esto parece que siguen algunos críticos, quienes consideran un malogrado atrevimiento esta puesta en escena.

Pero yo no lo veo así, porque todo lo que se arriesgue a propósito de un texto clásico me parece poco en estos tiempos donde los lenguajes se volatilizan y en los que la multiplicidad de códigos comunicativos exige otras formas de relacionarnos socialmente, y ya no digamos si nos referimos a hacer teatro. Creo que la innovación y el riesgo son las formas más dignas de reivindicación del pasado.

La versión de Darío Facal se distingue por hacer visible en el escenario todos los recursos y mecanismos que suelen estar ocultos en cualquier función ordinaria; micrófonos, altavoces, calentamiento de los actores, cambios de vestuario, división de actos y escenas. Este efecto nos coloca en una versión metatextual de la obra de Tirso y, aunque en algún momento parece confusa esa heterodoxia de planos y sutilezas, el texto sobrevive y el donjuanismo no se pierde.

Lo que podría ser una babel de lenguajes está bien resuelto con una intrigante combinación de efectos visuales que no dejan indiferente a quien conoce el argumento de esta obra. Lo que propone Facal no es descubrirnos al Tirso de El Burlador, sino las posibilidades interpretativas y metacomunicativas que el texto ha adquirido con el paso del tiempo.

La obra se convierte en pre-texto, texto y contexto en el que las omisiones, las elipsis, los monólogos, las danzas y las acotaciones tienen un mayor alcance connotativo para el que asiste a la representación. El voyeurismo y el extrañamiento a través de carteles, música y gráficos refuerzan, por ejemplo, las posibilidades semánticas de las interpretaciones de Manuela Vellés y Marta Nieto. Seguramente esta versión peca de incluir demasiadas referencias plásticas y visuales en una obra que parece más elemental en su origen de lo que muchos quieren ver a través de sus tópicos fundacionales del Don Juan. No obstante, ese afán de enriquecer y matizar no es malo en el caso de la lectura que ha hecho Facal y de hecho los actores la asumen con seguridad, especialmente Álex García como el noble Don Juan.

Los referentes de Valle-Inclán, Buñuel o Hal Hartley se acoplan en esta particular visión del clásico, logrando otra mirada más artificiosa a la vez que fúnebre de un mito que la compañía representa con eficacia, desafiando  la lectura unívoca del espectador ante los textos del Barroco. Merece la pena comprobar tal experiencia.

Enhorabuena a todos los actores y al equipo técnico por este atrevimiento que nos permite seguir escribiendo, para bien o para mal, sobre el teatro. Voluntad de dioses y calvario de los hombres, que diría un amigo muy mío.

http://www.teatroespanol.es/programacion_teatro_espanol_madrid/ficha/el-burlador-de-sevilla?id_agenda=360

La obra de El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, en el Teatro Español
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