Noches de Riad, la última noche

Mujer en camisón.
Mujer en camisón.

La autora inicia una trilogía titulada Noches de Riad. Este es el primero de los relatos: "Mientras me pongo el camisón, observo en el espejo de la celda mi cuello, mis pechos, mi sexo y me vienen a la mente aquellas noches de pasión con Patrick."

Noches de Riad, la última noche

1 de la mañana, 16 de Febrero de 2035. Es lo que indica el reloj digital de mi nueva y efímera habitación. Me resulta imposible conciliar el sueño, y creo que jamás lo disfrutaré ya.

Mis palabras podrían resultar extrañas, pero no se contradicen con la realidad del país en el que me crié y en el que mi vida terminará. Dentro de nueve horas, vendrán mis asistentas con la cabeza tapada, pues las nuevas leyes estatales todavía no las permiten vestir ropa occidental. En ese momento harán que me ponga mi camisón blanco escotado en un lugar en el que jamás me dejarían vestir con una prenda así. Mi cuello desnudo, esa parte de mi cuerpo larga y morena de la que siempre me sentí orgullosa y que nunca pude exhibir en las calles en las que crecí, será al amanecer contemplado por cientos de personas en la Plaza Deera (1) (un honor que se me concede debido a mi origen), en donde el frío metal besará mi nuca, la última caricia que recibirá en este mundo.

No hará falta que me corten el pelo, ya que desde que llegué a Cambridge, me encanta sentir la lluvia cayendo sobre mi larga y sensible nuca. Ese centro de sensaciones y pasiones en el que tanto me hizo sentir el hombre al que siempre he amado.

Allí comenzó todo, estaba sentado dos filas más adelante en las primeras clases de derecho internacional. Todavía hacía calor y él llevaba su camisa parcialmente desabrochada, jamás había visto a alguien con la piel tan blanca. Comencé a sentir una amalgama de sensaciones dentro de mi cuerpo totalmente inauditas, y cuando acabó la clase y él me miró a los ojos, pude contemplar el color del océano y en su pelo, el del sol.

Ni siquiera recuerdo como llegué a mi habitación en el Trinity College (2), apenas tuve tiempo para quitarme la ropa, mi cuerpo se comportaba como la caldera que jamás había sido, no podía hacer otra cosa más que imaginarme besando aquella piel completamente blanca, mientras él exploraba cada uno de los rincones jamás observados por un hombre.

Comencé a tocar mi cuello muy lentamente, y sentí cómo mis cervicales se relajaban. Sin embargo, ese calor tan placentero seguía incrementándose de manera exponencial. Sin vacilar bajé mis manos hasta mis pechos, jamás me había fijado en lo preciosos que eran, ni sentido el placer que me causaba acariciarlos con mi dedo índice. Me imaginé a aquel hombre besándolos y disfrutándolos, y mi deseo no hizo más que aumentar al pensar en cómo yo le acariciaba su dorado cabello. Creo que fue en ese momento cuando mis sentidos explotaron, al descubrir que mis manos acariciaban ya mi sexo, jugaban con el, y todo mi cuerpo disfrutaba con ello. En el momento en el que sentí aquella corriente eléctrica atravesarme, debieron de ser apenas unos instantes, pude ver su mirada y cómo su boca, besando mi vientre, se acercaba hasta ese centro de placer y me hacía sentir lo que jamás había sentido.

Debí de dormir hasta el día siguiente. Solo recuerdo cómo en sueños aquellos ojos me miraban durante toda la noche, unos ojos de un azul que jamás en mi vida había contemplado hasta que los vi por primera vez en una de mis primeras clases, en la nueva vida que comenzaba en Gran Bretaña.

Sumida en estos pensamientos, observo nuevamente el reloj. Ya son las nueve de la mañana, y las asistentas llaman a la puerta de mi fría celda, que durante esa noche solo consiguió calentar el recuerdo de Patrick. Sobre una pequeña mesa dejaron mi camisón, con el que contemplaré Riad por última vez antes de que el verdugo tape mis ojos y dirija con sus manos mi cabeza sobre el bloque, calibrando la mejor posición de mi cuello.

Mientras me pongo el camisón, observo en el espejo de la celda mi cuello, mis pechos, mi sexo y me vienen a la mente aquellas noches de pasión con Patrick. Sus caricias, sus labios, sus besos en cada centímetro cuadrado de mi cuerpo, y pienso si el frío beso del acero me recordará sus boca. Me digo a mi misma que ya es la hora. Afortunadamente la embajada británica consiguió hacer su trabajo. Ahora soy yo la que llevaré a cabo la tarea que el destino me ha encomendado para salvar a Patrick.



(1).Plaza Deera: Situada en Riad, Arabia Saudí. Para mas información:
http://en.wikipedia.org/wiki/Deera_Square
http://wikitravel.org/en/Riyadh


(2).Trinity College: Situado en Cambridge, Inglaterra, RU. Para mas información:
http://www.trin.cam.ac.uk/

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