Ni eufemismos ni anglicismos para ocultar la realidad

Fake news. / El Siglo
Fake news. / El Siglo

El idioma español tiene una enorme capacidad expresiva. Su riqueza permite usar vocablos tan expresivos como mentira, embuste, mendacidad, falacia, falsedad, engaño, bola y trola, por citar sólo algunos sinónimos de fake news.

Ni eufemismos ni anglicismos para ocultar la realidad

Se ha asentado en el lenguaje  habitual la expresión inglesa “fake news”, que suele traducirse  como noticia falsa o bulo. Una vez más, para ocultar la realidad -ahora tras un anglicismo, en otras ocasiones tras un eufemismo-, disfrazamos el significado de determinadas palabras, tal vez, porque nos disgusta lo que representan.

La riqueza de nuestra lengua nos permite usar vocablos tan expresivos como mentira, embuste, mendacidad, falacia, falsedad, engaño, bola y trola, por citar sólo algunos sinónimos.

Hay una segunda cuestión en el uso habitual de la expresión y es la facilidad con la que se difunden las mentiras, a través de la colaboración social; en unos casos,   de forma consciente, es decir, a sabiendas y con el propósito de causar daño a alguien hiriendo su honor o su prestigio; con lo cual nos encontramos ante una inmoralidad o, incluso, un delito; en otros, se propagan de forma inconsciente, porque al destinatario le gustaría que los hechos se hubieran producido como realmente a él se los cuentan; en este caso hay, cuando menos, negligencia, por no ocuparse en analizar el grado de credibilidad de lo que le transmiten.

Todos sabemos que la propagación puede ir acompañada de “se dice”, “hay rumores”, “en los ambientes... se comenta”; “aunque no  puedo revelar la fuente...”; también es frecuente la manipulación de imágenes o sonidos, para conseguir el objetivo.

Los medios más habituales de propagación de estos engaños  son las redes sociales de internet, los whatsapps y, determinados medios de comunicación.

Quienes crean las mentiras suelen ampararse en el anonimato o en la libertad de expresión, concepto éste tan elástico,  en los que se escudan para amparar la irresponsabilidad o el propósito de ofender.

Los generadores conscientes  de mentiras persiguen el daño de forma consciente y metódica; ahora bien, quienes colaboran en su difusión de forma inconsciente, pero con responsabilidad y negligencia, provocan, probablemente, los mismos daños, no siempre reparables, al tiempo que colaboran en la creación de un ambiente social tenso y hasta agresivo, sobre todo en los casos de chismes políticos, sobre ideas o religión.

La libertad exige consciencia sobre lo que se dice y asunción de responsabilidades en relación con las consecuencias. Antes de utilizar la opción “reenviar”, habrá que pensar en qué es lo que estamos difundiendo. @mundiario

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