España necesita un nuevo modelo de escuela: la ley Wert sigue siendo constructivista

Aula en España.
Aula en España.
"La LOMCE no actúa en las raíces del problema y a muchos docentes de la enseñanza pública no nos escuchan desde hace años", señala este colaborador de MUNDIARIO, crítico literario.
España necesita un nuevo modelo de escuela: la ley Wert sigue siendo constructivista

Como docente en la pública, hoy he hecho huelga. Como docente de la pública, no quiero protestar contra los recortes, quiero protestar contra un problema capital que medios de comunicación, partidos políticos y mis compañeros han relegado, desde hace décadas, por intereses económicos e ideológicos (que es peor todavía) y que es el origen de esa desacreditación tendenciosa a la que se está sometiendo la docencia desde hace más de una década.

a) Es claro, como venimos denunciando algunos profesores en muchos claustros y reuniones, que el aprendizaje constructivista implantado por la LOGSE y otras leyes ha sido un retraso para el aprendizaje de los alumnos. Me consta que en algunos sindicatos, hay alguien que está viendo ya la luz.

b) La multiplicidad de asignaturas en determinados cursos, la dependencia de los libros de texto y de la presión de ventas por parte de algunas editoriales han sepultado los conocimientos básicos en lengua, matemáticas y en otras materias fundamentales para la formación de todos los alumnos por igual.

c) Las teorías pedagógicas de estos últimos años se han caracterizado por una falta de prácticas concretas dentro del aula, especialmente a la hora de intervenir con alumnos que presentan dificultades de aprendizaje desde su infancia. El esfuerzo y la competitividad han entrado en un proceso de degradación de los contenidos tanto en la enseñanza pública como en la privada, que solo se restituyen en algunas ocasiones con la ayuda compensada de academias, colegios bilingües y profesores particulares  (que no todos los padres pueden pagar).

d) Una educación por ámbitos donde grupos de veinticinco alumnos puedan ser desdoblados varias horas con un solo profesor no se contempla todavía y el aumento de alumnos por clase empeora las condiciones del docente ahora mismo en el aula. Un profesor de la especialidad de Historia, que ha superado una oposición de contenidos rigurosa, puede dar Lengua perfectamente a niños de diez y once años.

La creación de un ámbito lingüístico y otro científico en Primer Ciclo de ESO, con un profesorado que abarque varias materias en un grupo reducido y durante más horas, determinado por conocimientos precisos que mantuvo la EGB, solventaría muchos problemas de disciplina y de suspensos. El profesor, además, actuaría de una forma más eficaz y cercana a las necesidades de cada alumno. Un mismo profesor daría seis horas de ámbito, como en el actual programa de Diversificación, a grupos de quince alumnos con el fin de asegurar el aprendizaje de destrezas fundamentales, tras un diagnóstico previo del nivel y las necesidades del grupo.

Ahora lo que tenemos son más de diez asignaturas -para niños desde diez a catorce años- con sus correspondientes diez o más libros de texto, con una ingente cantidad de epígrafes y de ejercicios que dispersan los objetivos básicos que un alumno debería aprender tanto si sigue dentro del sistema, como si accede al mercado laboral. Se ha creado una cultura de la educación dentro de las propias familias alrededor del libro de texto y el número temas que se ha mermado la propia creatividad del profesor en el aula sin concretar objetivos básicos fundamentales.

El mismo número de profesores por centro, por ámbitos, con menos optativas, reduciría la ratio de alumnos por clases. Menos asignaturas asegurarían los contenidos básicos y fundamentales que ahora están dispersos en once o más libros de texto en los primeros niveles de ESO, donde se concentra principalmente el fracaso escolar. Y es necesario que el profesor sea consciente de que las clases lineales, dependientes del libro de texto, contribuyen al deterioro de la enseñanza.

e) Atención inmediata a edades tempranas de niños con problemas de conducta, porque la igualdad en las aulas ha sido un concepto intencionadamente desvirtuado, desde su semántica constructivista, y carente de efectividad. La igualdad no es perjudicar en clase al que quiere aprender porque, además, esa pérdida de conocimientos en alumnos con inquietudes tampoco se ve compensada con la resolución de los problemas conductuales del alumno que altera la clase. Se trataría de que el alumno de excelencia potenciara su competitividad al máximo y quien tuviera problemas de comportamiento pudiera ser atendido, no con programas intermitentes y que ahora van a desaparecer, sino desde ámbitos, con continuidad y con una proyección a la profesionalización laboral, sin que suponga con los años que a ese alumno se le niegue el acceso a la Universidad. Un acierto de la Ley Wert siempre que se establezca ese modelo de escuela en todos los centros, sin establecer discriminaciones en las grandes ciudades con el juego de las adscripciones y los distritos. No requiere tanta inversión económica, solamente un cambio de estructura de los cursos y de las asignaturas.

f) La detección de alumnos con problemas debe ser prematura, diagnosticada e intervenida desde la escuela, no tanto en la ESO, y necesita profesores bien formados e incentivados económicamente. La máxima inversión de recursos de refuerzo, atención psicológica y terapéutica debe llevarse a cabo en edades tempranas con continuidad y hasta el final de la Primaria. La promoción automática en Primaria y Secundaria, así como el hecho de cursar Segundo de Bachillerato con asignaturas pendientes, han ocultado la sensación perenne de fracaso de esta ley.

g) El docente de la pública, como el de la concertada, debe realizar un ejercicio de autocrítica, pues también es responsable del fracaso escolar. Nuevos planteamientos metodológicos y una mayor autonomía a la hora de manejar el Currículo requieren un mayor esfuerzo por nuestra parte. Las oposiciones deben ser oposiciones rigurosas y el Estado debe incentivar el prestigio de la formación de universitarios que instruye con dinero público y que serán futuros funcionarios. El hecho de superar una oposición es un rango de prestigio y de calidad educativa  que no tiene el contratado de la concertada ni el de la privada, aunque eso no significa que no haya docentes eficaces en dichos ámbitos.

h) Los estudios de mercado deben establecer una previsión de la formación profesional de los alumnos como futuros emprendedores y trabajadores, pero nuestras empresas no se implican, a diferencia de otros países.

Podría seguir citando otras iniciativas para otras reformas posibles que nacen de consensos y reuniones - que algunos profesores hemos llevado a cabo en diversos centros durante años- sin que el sistema político, o los sindicatos, fueran receptivos. Pero hay maestros y profesores que trabajamos de otra forma: 1) creemos en la competitividad (no en la discriminación por distritos en favor de la concertada) y en los programas de diversificación y de cualificación para alumnos que están a punto de abandonar el sistema; 2) creemos que no hay necesidad de relacionar una  ingente inversión económica con éxito educativo. Está fallando el modelo de sistema en la pública, en la privada y en la concertada, porque están fallando docentes, pedagogos, sindicatos y aquellos políticos que velan por intereses ideológicos en favor de una privatización sin superación personal ni carácter emprendedor, basada en la endogamia y en el amiguismo, denigrando -mediáticamente y con su gestión- a docentes de la pública con un currículum excepcional.

Nuestra reivindicación como docentes debe estar, más allá de los recortes, en un cambio del modelo de escuela, de estructura, de asignaturas y de horarios para frenar el fracaso escolar. Si no aseguramos una reforma educativa, desde Primaria hasta el último curso de Bachillerato, basada en la competitividad, sin olvidar sobre todo la atención básica y socializadora de alumnos con problemas de conducta en grupos flexibles, no tendremos jamás una educación pública de calidad, ni tampoco una privada de notable referencia, así que nuestro derecho moral a reclamar se verá frustrado siempre. Como ahora. Las continuas reformas nos han desacreditado, pese a nuestros esfuerzos personales y aislados,  y los responsables no son solamente los políticos que la gestionaron y la continuaron, sino también muchos de nosotros que callábamos las carencias del modelo.

Wert comete el error de los gestores anteriores; mantiene el constructivismo y deposita en las palabras de su LOMCE la virtud de los hechos. Esta legislación no basta. No actúa en las raíces del problema. La excelencia o la profesionalización de nuestros alumnos pasan por un modelo completamente nuevo con medidas significativas y metodologías innovadoras.  La aplicación de una reforma pasa por un cambio de mentalidad social, política, profesional y por un cambio de estructuras y de modelo pedagógico. El debate mediático, por ignorancia o por conveniencia, se sigue centrando, como en anteriores ocasiones, en la asignatura de Religión y en la política lingüística.

Nuestra entrega, muchos de nuestros sacrificios personales a lo largo de nuestra vida, nuestra vocación generosa hacia la formación de niños y adolescentes, y nuestro trabajo con los alumnos y familias, fuera de nuestros horarios, se han visto desacreditados y desprestigiados por la complicidad de dos partidos que no quieren comprometerse con una reforma estructural de calado en el sistema educativo.

Lo peor es que hemos tenido gobiernos y teóricos que, pese a las alarmantes cifras de paro juvenil, siguen pensando que la pedagogía LOGSE no es responsable de nuestra realidad social, laboral y económica; que el abandono, el absentismo y los suspensos en estos años no responden a la base pedagógica de una Ley que ha ido minando nuestro sistema educativo y la estabilidad emocional de generaciones de jóvenes que van a ver frustradas sus posibilidades de prosperar en la vida. Y esa Ley sigue, porque la Ley Wert parchea, no cambia el modelo de base ni la estructura, ni lo metodológico, tampoco el contenido del Currículo Oficial.

Hay muchos que piensan que con la actual reforma estamos aún en el buen camino, enfatizando en el tópico manido de: "La LOGSE no se ha aplicado correctamente". Falso. Tenemos las cifras de paro juvenil, tres generaciones de jóvenes que abandonaron el instituto a los catorce años sin ningún tipo de formación laboral y el progresivo aumento del número de matrículas en colegios y universidades bilingües (carísimas) que enseñan al margen de directrices oficiales. La LOGSE y la LOE se han aplicado y los resultados seguirán empeorando con los años. Con la Ley Wert, también, porque la ley sigue siendo constructivista y los itinerarios pueden ser una buena medida siempre que los programas de atención a la diversidad no se supriman. Por cierto, PDCs y PCPIs son las iniciativas que, con mayor éxito, palian el fracaso escolar. Y ahora mismo están en riesgo. El hecho de creer que al actual sistema le faltan recursos es reforzar el inmovilismo de una partitocracia que no debate sobre educación. Debe cambiar la escuela y el método. A algunos docentes siguen sin escucharnos.

Lo sé. Aquí pagamos justos por pecadores.

España necesita un nuevo modelo de escuela: la ley Wert sigue siendo constructivista
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