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Al viajar uno se vuelve más humilde y descubre que no es el ombligo del mundo

Viajar es la única manera de descubrir, de sentir, de probar y sobre todo, de abrir la mente, fuera de nuestra zona de confort. Viajar fuera del país es una suerte de evolución interna.

Al viajar uno se vuelve más humilde y descubre que no es el ombligo del mundo
Frase pintada sobre un muro. / Pinterest
Frase pintada sobre un muro. / Pinterest

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Judith Muñoz

Judith Muñoz

La autora, JUDITH MUÑOZ, es escritora y periodista. Fue coordinadora general de MUNDIARIO, donde actualmente es adjunta al Editor. Fue redactora del periódico Xornal de Galicia y también formó parte del equipo del periódico La Voz de Galicia y de la agencia Quattro Idcp. Es autora del libro de poesía Anhelo. @mundiario

Viajar es la única manera de descubrir, de sentir, de probar y sobre todo, de abrir la mente, fuera de nuestra zona de confort. Viajar fuera del país es una suerte de evolución interna.

Como en casa en ningún lado. Es la frase que la inmensa mayoría de la población mundial se repite o ha pensado alguna vez, sobre todo después de un viaje de lo más olvidable. Es totalmente cierta en la mayoría de las ocasiones, incluso en las ocasiones en las que uno pensaría que en esa casa en concreto es imposible vivir… pero sí, los dueños de esas casas también lo dicen.

Viajar es la única manera de descubrir, de sentir, de probar y sobre todo, de abrir la mente, fuera de nuestra zona de confort. Tal vez queda algún cazurro por ahí suelto al que más le valdría asomar la cabeza fuera de su madriguera y recibir un buen mamporro de aire fresco que sacudiese sus anquilosadas ideas. La gente más inteligente que conozco es aquella que consigue evolucionar y no me refiero a que de andar de rodillas consiguió ponerse de pie. Me refiero a esas personas que descubren que una idea en la que creían firmemente era errónea o reconocen en los demás aciertos que ellos nunca tuvieron.

Chica sobre la hierba. / Foto Pinterest

Viajar también consigue eso, que uno observe maneras de vivir diferentes a las nuestras y no por ello peores. Darse cuenta de que lo nuestro es lo mejor pero que el resto del mundo también tiene cosas mejores. Uno se vuelve más humilde cuando descubre que no es el ombligo del mundo.

Viajar fuera del país propio es una suerte de evolución interna. Jamás, ninguna otra experiencia, provocará en las personas una visión más amplia de la realidad.