¿Le queda otra salida a la humanidad que una autoridad mundial?

Prisión estatal del Ágora de Atenas, donde pudo estar Sócrates. / Wikipedia
Prisión estatal del Ágora de Atenas, donde pudo estar Sócrates. / Wikipedia

Debo confesar que después de décadas de recogida de datos y de análisis de la realidad me he dado cuenta que no sé nada o casi nada, de que no entiendo nada o casi nada.

¿Le queda otra salida a la humanidad que una autoridad mundial?

Debo aceptar mi derrota del entendimiento de la realidad. Supongo que alguien, individuo o colectivo, entenderá o comprenderá la realidad, pero yo no estoy o no formo parte de ese grupo. Solo puedo hacer algunas preguntas o tesis,  enunciados o cuestiones.

No sé qué informaciones de la ingente cantidad que se nos ofrecen son verdad, cuales medio verdad, cuales errores, cuales medio errores. No entiendo el poder y la realidad del poder, de instituciones, entidades, conglomerados, colectivos, grupos. No sé hacia dónde nos dirigen unos y otros, ni a nivel teórico, ni a nivel práctico.

Es más, no sé, si alguien, como individuo o colectivo, sabe lo que está sucediendo, si alguien sabe hacia dónde nos dirigimos, o si todos hablamos y muchos escribimos, perdidos en la ingente cantidad y masa de datos y conceptos e ideas, poderes intermedios, grupos de influencia, realidades, entidades, etc.

Estoy perdido en un mundo, entre lo real y lo posible, entre lo imposible y lo posible, entre lo imaginario y lo posible, entre las realidades de hoy y desde hoy hacia las metas del futuro.

No sé si la irracionalidad de ideas y proyectos, cambios y hechos, responde a una irracionalidad organizada o una irracionalidad establecida, o es una especie de lógica difusa, no bivalente, sino quizás pentavalente, que se dirige, en parte, por los seres humanos, en parte, procesos que los seres humanos no son capaces de controlar, pero que al mismo tiempo deben existir. Sociedades y masas, yo como un individuo más de la sociedad, que creamos que existen poderes ocultos o intermedios que sí saben lo que hacen, que íi entienden lo que realizan, y que sí controlan como grandes escritores a los actos y actores, de todos los niveles intermedios y descendientes.

No entiendo nada, no comprendo nada. Supongo que nadie lee, ni leerá, ni valora, ni valorará un artículo periodístico, en el que el escribiente indica que no entiende-comprende nada. O tan casi nada, que es nada. Cuando todo el mundo tiene recetas y soluciones, y después, a los pocos días y semanas, cuándo la realidad cambia y se transforma, entonces, cambian de explicaciones, y todo el mundo olvida lo que decían, incluso ellos o ellas mismas.

No sé si debo confesarlo, no sé lo que está sucediendo en España, no sé lo que está sucediendo en Europa, no sé lo que está sucediendo en el mundo. Ciertamente, como ustedes, como todos ustedes, todos los seres humanos tienen una idea, una idea parcial y total de todo. Pero a diferencia de la mayoría, yo sé que no sé nada, y ellos creen que saben todo o casi todo.

He defendido desde una filosofía política, defendido teóricamente, con frases que supongo no servirán para nada, ni para nadie, que en la actual tesitura mundial, demográfica, tecnológica, cultural, ideológica y otras docenas de grandes variables, que no veo otra salida, salida para la humanidad y para la especie, nada más que una Autoridad Mundial basada en los Derechos Humanos, y en la democracia. Sabiendo que la democracia, como la izquierda y como la derecha, son siempre diversos grados de democracia, diversos grados de izquierda y diversos grados de derecha.

Sé que todo el mundo sabe todo y entiende todo y comprende todo, todo o casi todo lo que sucede, y lo que es mejor para ellos y para todos. Pero no es mi caso, no entiendo, no comprendo nada. Antes, creía que entendía y comprendía algo, pero ahora, ya se que no sé nada, no sé casi nada, no comprendo, no entiendo nada…

No sé que realidad es real, que realidad no es real, que noticia o información es real y por tanto, con cierto grado suficiente de verdad, y cuál tiene una verdad o graduación de verdad tan pequeña, que no es verdad.

Lamento que usted, apreciable lector o lectora, haya llegado hasta aquí, si alguien ha sido capaz de leer este artículo, para que en definitiva, el escribiente-observador-pensador-filósofo, le diga, que no entiende nada. Nada de lo que está sucediendo en mi propia sociedad-país-Estado, nada de lo que está sucediendo en Europa. Menos en el mundo. Salvo que mi convicción más profunda, desde una filosofía política actual y posiblemente futura, es que tenemos que caminar hacia una Autoridad Mundial, si queremos vivir y sobrevivir como especie.

¿Le queda otra salida a la humanidad que una autoridad mundial?
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