Es muy sentimental, lloró como si se le hubiera muerto alguien de la familia

Pepa, mi yorkshire
Pepa, mi yorkshire.

Soy de las que opinan que, a pesar de su corta vida, hacen ganar mucho más de lo que se pierde. Hoy va por Toby, Layka, Elvira, Cloti y Pepa.

Es muy sentimental, lloró como si se le hubiera muerto alguien de la familia

Soy de las que opinan que, a pesar de su corta vida, hacen ganar mucho más de lo que se pierde. Hoy va por Toby, Layka, Elvira, Cloti y Pepa.

Mi rutina es siempre la misma, por eso se le llama rutina. Todas las mañanas la misma lengua húmeda empieza a recorrer mis pies de manera lujuriosa, sin dejar centímetro cuadrado sin recubrir. Es en ese preciso instante cuando empiezo a despertar. La lengua ya va por el tobillo… y llega a la rodilla. Entonces, me da la risa porque me hace cosquillas. Ella sabe que ya no duermo y escala por mi barriga, sin reparar en nada, hasta que llega a mi cara y me la embadurna de babas. 

Ella no habla, pero yo sé qué quiere decir perfectamente y le contesto:

- Buenos días, Pepa, buenos días…

Y ella, que creo que siente que debo pagarle sus servicios de despertador, se acuesta en mi cama panza arriba, esperando que abone en especias mi deuda. 

Pero hoy mi rutina ha cambiado un poco, ayer por la noche he estado leyendo la historia de un gran perro que había muerto por su avanzada edad, dejando a sus dueños destrozados. Me hizo sentir afortunada de tener en ese momento a Pepa durmiendo plácidamente con la cabeza apoyada en mi pie. A la mañana siguiente, tuve mi dosis de despertador perruno, pero no pude dejar de pensar en cómo me había sentido yo cuando mis anteriores mascotas… digamos que se volvieron invisibles.

Todas tan diferentes… El primero fue Toby (sí, ya lo sé, todo originalidad), del que apenas tengo recuerdos, pero con acordarse de que era mi principal compañero de juegos es suficiente. Las segundas fueron Layka (seguí con mi alarde de originalidad), una longeva y enérgica perra que marcó profundamente mi infancia, y Elvira, una oca que quedó huérfana y crié con todo mi cariño. Sí, es verdad, lo reconozco, tenía una oca doméstica. Layka y Elvira fueron coetáneas. Nunca se llevaron bien, tenían celos la una de la otra. A pesar de lo evidente, mi ave siempre ganaba a la tontorrona perra de caza, que lo único que hacía de vez en cuando era arrancarle unas cuantas plumas de la cola.

Murieron con pocos días de diferencia. Las dos eran ancianas y estaban enfermas.

Y mi abuela decía orgullosa: 

- Es muy sentimental. Lloró como si se le hubiera muerto alguien de la familia.

En realidad no era “como si”. Así las consideraba yo, ave incluida.

La siguiente fue Clotilde, Cloti para los amigos, una siamesa muy mimosa y faldera. Yo siempre sonrío cuando encuentro a alguien que me dice el típico tópico “Los gatos son muy independientes”. Eso es que no conocieron a mi Cloti. No tuvo muy buena fortuna, murió envenenada cuando calculo que aún iba por la mitad de su vida. 

Y otra vez mi abuela: 

- Pienso que el día en que me muera yo, no va a llorar tanto.

Y, después de millones y millones, decidimos que no más lágrimas. No más mascotas. Años estuvimos con la casa silenciosa y encontrando recuerdos inesperados de todos ellos.

Por suerte, Pepa se nos cruzó y no pudimos resistirnos. Era una bola de pelo adorable. 

Es cierto, los animales tienen una vida corta en comparación a la nuestra, pero no por miedo a sufrir tenemos que desperdiciar esa oportunidad de que te demuestren todos los días que te quieren incondicionalmente.

Después de haberme acordado de todos mis animales, me cayó una lágrima, que Pepa recogió con su lengua, y me levanté de la cama contenta por haber tenido la oportunidad de cruzarme con todos ellos. @reipardorguez

Es muy sentimental, lloró como si se le hubiera muerto alguien de la familia
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