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MUNDIARIO

El mundo se guardó y se puso en silencio

Si bien la decisión de cuarentena obligatoria tan adelantada fue aplaudida, los estragos económicos se están haciendo notar antes de llegar al pico más alto de contagio. Sobretodo en un país como Argentina, sin reserva económica.
El mundo se guardó y se puso en silencio
Los Andes y bandera de Argentina. / Judith Muñoz Macho
Los Andes y bandera de Argentina. / Judith Muñoz Macho

Vicky Rego

Escritora.

Patria, tan adolescente siempre, tan rebelde y tan inexperta, siguió haciendo ruido, creyó que la pandemia era una desgracia más de esa Europa lejana. Hay que entender que tiene apenas dos siglos y diez años. Y que, desde muy joven, abrió las puertas de su casa al mundo, ofreció tierras y riquezas. Vinieron españoles e italianos huyendo de guerras civiles y mundiales, del hambre y del miedo.  En su territorio, ubicado en el lugar más austral del planeta, muy ancho de hombros y con un pie parado casi sobre el polo sur, había lugar para todos.

Patria fue la más rica, la más culta, la más libre, la más prometedora nación del sur de occidente. Pero, como los niños demasiado inteligentes y malcriados, no se esforzó lo suficiente.  Se distrajo y fue abusada, dejó que su democracia fuera golpeada varias veces, con saldos de víctimas que dejaron una herida que no cierra; desvalijada por gobiernos corruptos; llevada a una guerra ridícula para recuperar sus queridas islas, anexas a su bota,  sin medir fuerzas con el gran Goliat a quien se enfrentaba.

Muchos marinos se enteraron, recién al embarcar, de a dónde iban, mientras sus mujeres los esperaban, temiendo que la camioneta verde parara en alguna de sus casas para traerles la mala noticia. Los ciudadanos vivían convencidos de una victoria de la que no había ninguna posibilidad.

Patria padece, además, de una enfermedad crónica: la inflación,  que llegó a su pico de hiper hace como treinta y cinco años. No se sabe cómo, siempre la sacan de terapia intensiva. De pronto, gana un mundial de football y vuelve a creerse potencia. Si sube al poder el candidato preferido, sus votantes se sienten vencedores, salen a la calle y festejan en su plaza de fiestas: la de Mayo. Deliran por el éxito. Al poco tiempo se van desilusionando. Cada bando le echa la culpa al otro del desastre. A la enfermedad crónica subyacente se le suma la de la frustración y un complejo de inferioridad que sólo sienten los que saben que podrían haber aprobado el examen, pero una vez más, no.

Cuando a principios de año, el Covid-19 empezó a azotar al mundo, Patria lo miraba como algo extranjero. Igual que a las Grandes Guerras. Decía: “Nosotros tenemos el dengue y el mal de Chagas, de eso nos tenemos que ocupar”,  mientras seguía leyendo en los periódicos y viendo por televisión la tragedia que azotaba a Europa, que cobraba cada vez más víctimas en su Madre España, en Italia y en el resto de los países.

Empezó a tocarla de cerca sentimentalmente, pero todavía lejos geográficamente. Hasta que el flamante presidente habló a todos los ciudadanos, el día 19 de marzo pasado, y decretó una cuarentena obligatoria a la que llamó “aislamiento social preventivo”. El acatamiento fue gradual. Eso sí, se agotó el alcohol en gel, los guantes de cirujano, la lavandina, el papel higiénico. Las góndolas en los supermercados quedaron vacías. La gente se estoqueó como para una guerra.  Toda salida tenía una justificación: el supermercado, la farmacia, el paseo del perro, comprar algo indispensable en la perfumería. Imposible convencer a personas de cierta edad de que no podían ir al Banco, de que los trámites debían hacerlo por Homebanking. ¿Qué es eso? Para muchos no había otra forma de cobrar su jubilación, pagar tarjetas de crédito, o impuestos, que ir personalmente al Banco. Fue lento el proceso. Otros argumentaban que era imprescindible salir a hacer una actividad física, llevar a los chicos al parque. “Sólo es cuestión de no acercarse, de cuidarnos, y listo”. Difícil entender que ya no se podía contar con los abuelos para cuidar a los niños.

Empezaron los controles, la toma de conciencia. Patria entró en pánico. Al fin la incluían en el Gran Mundo, pero el precio era muy alto. Ella soñó que entraría por el sendero del libre mercado, la riqueza, la cultura, la ciencia o el deporte.

Patria es muy emotiva y solidaria. Estos grandes acontecimientos la unen, llora de emoción cuando ve a la gente aplaudir o cantar por los balcones. Todos están dispuestos a ayudar. Por un tiempo  “hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano”  como en la Fiesta, de Serrat. Y se olvidan de la cotización del dólar, el presidente es casi San Martín por su coraje de tomar el toro por las astas a tiempo. Están convencidos de que nos va a llevar a una meseta del control del virus mucho antes que otros países, y hay quienes aventuran una vacuna, los que fabrican y donan respiradores, barbijos, y están listos para enviar a quien sea lo que necesite. Ya nadie se acuerda de la inflación endémica,  ni de la cotización del dólar, ni del riesgo país.

Con la suspensión de clases, tanto maestros como padres tuvieron que aprender a usar zoom-classroom y otras plataformas para no interrumpir el programa educativo. Algunos dicen que “a veces la explicación de la maestra no alcanza y los padres tienen que intervenir, investigar, orientar”. Hay chicos que sin control no hacen nada, “hay que amenazarlos de muerte” cuenta una mamá agotada porque las maestras aparecen a distintas horas del día, tiene varios hijos y además trabaja por home office.

Si bien la decisión de cuarentena obligatoria tan adelantada fue aplaudida, los estragos económicos se están haciendo notar antes de llegar al pico más alto de contagio. Sobretodo en un país sin reserva económica.

En Patria, las familias conviven las veinticuatro horas del día, como ocurre en todos los países del mundo. Los adultos reaprenden ciencias, historia, matemática, idiomas. Juegan.  Y muchas veces no se toleran. Pero no queda otra, hay que resignarse porque afuera está el monstruo indestructible. Por primera vez, Patria cree que puede llegar a tener muertos en su familia, porque ya hay varios internados, o todos tienen un conocido que falleció. Los niños extrañan a sus amigos con los que ahora chatean por videollamadas. Tanto dosificarles las tablets y ahora es el único medio de sociabilizar o aprender.  “Nunca creí que iba a extrañar ir al colegio”, dice un chico de ocho años.

Los adultos hacen clases de gimnasia, de yoga y se reúnen con amigos sin poder chocar las copas, ni darse un abrazo para los cumpleaños.

En un Monasterio de monjas trapenses, al sur de la Provincia de Buenos Aires, un grupo de religiosas ora por el mundo. Esta pandemia, a la que sólo pueden ver por algunos programas de televisión, las angustia de tal manera que altera su salud. Temen a Dios que quiere enseñarle al hombre una vez más que va por mal camino.

Andreina Cesari, Ph.D. en Ciencias Biológicas, Investigadora de CONICET y profesora en la Escuela Superior de Medicina de la Universidad Nacional de Mar del Plata, nos dice: “Por un lado los científicos  hemos cobrado nuevamente visibilidad, sobretodo los que trabajan en investigación que tiene que ver con el diagnóstico de enfermedades virales, desarrollo de vacunas, terapias antivirales relacionadas con virus SARS. Esto contrarresta bastante con la campaña de descrédito que la ciencia argentina venía sufriendo. Los investigadores que no están relacionados con el Covid-19 , no pueden asistir a sus puestos de trabajo, pero lo hacen desde sus casas, tratando de colaborar para participar de alguna manera. Todos siguen cobrando el cien por ciento de sus ingresos”.

Si bien la decisión de cuarentena obligatoria tan adelantada fue aplaudida, los estragos económicos se están haciendo notar antes de llegar al pico más alto de contagio. Sobretodo en un país sin reserva económica, con pequeñas y medianas empresas sin respaldo, con muchos empleos en negro o trabajadores que viven al día a día con sus ingresos.

Entonces, comenzaron los permisos de excepción, primero en el área médica, luego las empresas relacionadas y así se encuentran cada vez más atajos para poder empezar a trabajar, a riesgo de quebrar o pasar, literalmente, hambre. Los Bancos son implacables en su demanda de pagos, no hay flexibilidad que alivie esta falta de oxígeno económico.

Ayer se decretó una extensión de la cuarentena hasta el 10 de mayo, con algunos cambios como permitir salir a caminar algunos metros a la redonda, y delegando a cada provincia la adaptación de esta flexibilidad.

Patria quiere salir airosa, y le pone garra, pero es pobre, hay gente que no tiene ni casa donde pasar la cuarentena.

Dios la salve, una vez más. @mundiario