El mundo evoluciona tan rápido que los jóvenes no saben de donde venimos

Jóvenes adolescentes.
Jóvenes adolescentes.

Hicimos un esfuerzo enorme para tener algo más en nuestras vidas y ahora, 50 años después, podemos evaluar que nos hemos dejado en el camino y si valió la pena.

El mundo evoluciona tan rápido que los jóvenes no saben de donde venimos

Hicimos un esfuerzo enorme para tener algo más en nuestra vidas y ahora, 50 años despues, podemos evaluar que nos hemos dejado en el camino y si valió la pena.

 

En los sesenta apenas teníamos carencias que pudiesen procurarnos, excepto aquellos muy concienciados que ansiaban mas libertad, pero para la mayoría el comer caliente todos los días, tener trabajo y cobijo, y mantener a la familia con colegios y Seguridad Social aunque no cubriese a toda la población, era un sueño. Habíamos pasado de ser un país de alpargata a ser una potencia mundial en apenas veinte años.

Había entonces una división de tareas, la mujer se ocupaba de la casa y los niños, sin recibir ayuda en algo que "no fuese cosa de hombres". La compra se hacía diariamente por lo que la comida siempre era fresca, se iba al mercado (no había supermercados) y se elegía lo mejor de ese día, siempre fresco, ni siquiera el pescado u otros productos caros se guardaban de un día para otro. El que algo fuese fresco era un valor. No existían conservante ni colorantes ni aditivos. Todo era lo que ahora se llama ecológico aunque a precios poco accesibles.

El hombre se encargaba de traer dinero suficiente para mantener a toda la familia así como de la burocracia que pudiese suponer una preocupación a la mujer o los hijos, claro que los alquileres eran baratos y para toda la vida, como el trabajo o la pareja. Esto no es que fuese bueno o malo, era simplemente el reflejo de las condiciones de la época donde solo los hombres iban a la guerra, defendían el honor de la familia, eran los policías, y hacían cualquier tarea "propia de su género". Podríamos decir hoy que vivíamos un mundo primitivo. Lógicamente el mundo cambia, y en nuestra época de forma acelerada, ya las cosa no duran dos siglos como el arte románico o el gótico, ahora duran una temporada en el mejor de los casos, la moda cambia cada año y con ello el ropero o la decoración, y los matrimonios   cada poco más.

Pero al realidad es que el precio del cambio, de que los coches ya tengan aire acondicionado o ABS, que la carrocería no se pique y entre el agua, que tengamos nevera, televisión, lavadora, y otras cosas, ha costado un precio. La comida la no es fresca, los aditivos, conservantes y colorantes producen enfermedades graves y la contaminación produce cada vez mas alergias, pero sobre todo la vida de familia se ha deteriorado, los trabajadores ya no llegan a las seis de la tarde, ahora trabajan 10 o 12 horas y pierden una o dos de transporte, los niños ya no viven en familia.

Un día nos dijeron que si la mujer se incorporaba al trabajo ganaríamos el doble y nuestro nivel de vida seria el doble. La realidad fue que de alquileres pasamos a hipotecas, que se trabaja mucho más, con más estrés, que a los amigos los vemos por whatsApp, y que nuestra calidad de vida solo mejoró en cuanto a la capacidad de consumo.

Está bien sumarse al progreso, subirse al tranvía de los tiempos, acercarnos al mundo de nuestros hijos, y que hombres y mujeres nos acerquemos hasta tener los mismos derechos y casi las mismas obligaciones, pero no para mantener una sociedad de consumo que implica un obligatorio crecimiento permanente del PIB. Creo llegado el momento de consumir lo necesario y valorar el tiempo libre, el de compartir, y sobre todo, acabar con el paro y repartir el trabajo que va quedando en este mundo tecnificado.

El mundo evoluciona tan rápido que los jóvenes no saben de donde venimos
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