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MUNDIARIO

La reina Letizia Ortiz no siempre supo cuidar su estilo este verano

Con sus actitudes en su primer verano de reinado, Letizia Ortiz demostró falta de capacidad de adaptación, de humildad y autoaceptación de su privilegiada pero secundaria situación real.

La reina Letizia Ortiz no siempre supo cuidar su estilo este verano
Letizia, en un concierto benéfico exhibiendo el sujetador.
Letizia, en un concierto benéfico exhibiendo el sujetador.

María Fidalgo Casares

Doctora en Historia.

Con sus actitudes en su primer verano de reinado, Letizia Ortiz demostró falta de capacidad de adaptación, de humildad y autoaceptación de su privilegiada pero secundaria situación real.

Este verano, todos los augurios se confirmaron. Parece que Letizia Ortiz no atiende a razones. Existen asesores con sentido común que le orientan, por lo que la realidad es que sigue impermeable o reticente a consejos y sugerencias, anteponiendo su yo y su voluntad por encima del comportamiento que debería tener como la reina que ya es.

El diario ABC comentaba el año pasado la preocupación del entonces Principe por el “difícil encaje de su esposa en la Institución”, preocupación que ha quedado claro que estaba más que fundada. Y visto lo visto, sin propósito ni visos de enmienda. La imagen pública de Letizia nada boyante, en vez de remontar, sigue bajando en picado. Afortunadamente y –pese a ella- la figura de Felipe VI se consolida. En palabras de la neoyorkina Kate Reardon, una de las mayores expertas en protocolo, ”las royals no pueden vestir con ropa extravagante y ridícula porque se tomaría como una ofensa para el pueblo”.

Dada la extensión del tema, ya que los errores de Letizia Ortiz juegan en diversas ligas, y ya que gran parte de los medios alaban solo sus aciertos -que tambíen existen-, analizaremos en varios capítulos los errores más evidentes, máxime cuando en estos estertores del verano no apetece entrar en sesudas disquisiciones; empezaremos por lo más frívolo.

1. Elegancia. Este año no aparece en la lista de la prestigiosa Vanity Fair. Es verdad que en los actos oficiales supera la corrección, y a veces roza la brillantez… que queda fulminada por su tendencia al exhibicionismo corporal y a algo tan explícitamente sexual como marcar nalgas y pecho. Algo no solo muy impropio de una reina, sino de cualquier mujer elegante que se precie. Con la elegancia está reñida también enarbolar un varelismo casi absoluto y la mala elección de los modelos o complementos -como en Francia el ir sin medias y con un sujetador tipo air bag o en Santiago en una conmemoración de la tragedia de Angrois elegir un traje de boda-. Algo que ya comentamos en anteriores artículos para MUNDIARIO. Pero lo peor es lo de su estilo casual, como dicen los cursis…

2. Las transparencias era algo a lo que nos tenía acostumbrados cuando era princesa, incluso en actos políticos… pero rizó el rizo en su última comparecencia en un concierto benéfico en Mallorca en el que se le ocurrió ponerse una camisola transparente –negra, color en el que la transparencia tiene connotaciones eróticas- que dejaba evidenciar todo su sujetador. ¿No estamos hablando de que era un acto muy informal y se le pasó, ya que llevaba tacones de aguja de 10 centímetros. Tanto es así que la prensa apenas difundió las fotos.

3. Los vaqueros rotos. Dan una imagen de dejadez, de fashion victim que está en las antípodas de la imagen que debe dar una reina…Y es un posado del que se tenía conocimiento. Hay fotos de la agencia oficial Efe. No es una Spice Girl, ni Marta Sánchez. Muchas teenagers se pelean con sus padres por la negativa de éstos a dejarles llevar el vaquero roto… ¿Hay algún interés en empatizar con la juventud? Una juventud que solo ve a una cuarentona obregonizada y una ciudadanía que ve que a esta reina no cuida su imagen. Hasta en el monárquico ABC Funes decía que "Doña Letizia llevó al límite el modelo, convirtiendo en aceptable lo ridículo recurriendo a un atuendo imposible que distaba mucho de ser elegante. Es recomendable mantener la prudencia". Peñafiel recoge el eco de la la prensa británica que aventuraba cómo habría sentado entre los españoles look homeless y ¡Hola!, siempre cortesana, solo pudo señalar tal vez con cierta ironía soterrada que "Letizia, suma a la tendencia de los ripped jeans que han puesto de moda actrices y modelos".. Otros titulares de revistas del couché -"Letizia reina rockera"- parecen reirse de ella en su cara.

4. Exhibir su delgadez. Pese a los rumores sobre todo publicados en gran parte de Europa de la anorexia que supuestamente padece, que no sería un buen ejemplo para la juventud, ella exhibe los brazos y omóplatos, que es lo más llamativo de la leti-esqueleti como la llama una brillante forera de un destacado foro de opinión social. En la recepción de la Almudaina lució un traje tipo Vilma Picapiedra en blanco correcto y lucido... pero impropio para ella por su omóplato descarnado. Nada de disimular con blusitas holgadas o mangas anchas... todo a la vista.

 

5. Calzado inapropiado. Aunque suele acertar, a veces incurre en lo mismo. Ella no es una veinteañera que sale con su pandilla a dar una vuelta. Es la reina. La mujer del Cesar no debe solo serlo sino parecerlo. Pero suele calzarse cuando va casual unas zapatillas como niña de instituto. También yerra cuando lleva pantalones pitillos, que para los expertos en moda están reñidos con la elegancia, y solo son medianamente admisibles de sport y con bailarinas planas, Letizia los usa en actos oficiales y con tacones.

6. Camisetas. Letizia no debería llevar camisetas salvo en momentos muy playeros o en la más estricta intimidad. Y mucho menos de inspiración indie. Hay blusas y camisitas monísimas y glamourosas con las que estaría mucho más correcta y ad hoc.

7. Peinado. El pelo nunca ha sido su fuerte. A veces han sido muy obvios sus postizos. El problema es que en actos protocolarios no se admite la melena suelta si es por debajo del hombro, que es como suele llevarla y además en muchos casos con aspecto descuidado.

8. Shorts de Leonor. Leonor también ha sido víctima de las incorrecciones. En un posado de prensa en una excursión por la sierra mallorquina la niña levaba un minishort de encaje, de un tallaje inferior al de su edad o un modelo inadecuado en el que se vislumbraban las nalgas y ropa interior, algo poco apropiado en la que será una futura reina. Sofía llevaba unas sandalias con pedrería muy extrañas para que una niña ande por la sierra.

9. Retoques estéticos. Aparte de las pestañas postizas, que parece que se han quedado en sus ojos para no volverse a ir, el varapalo que se le ha dado en los medios por su metamorfosis estética, impúdica en tiempos de crisis, parece que ha caido en saco roto. En sus últimas fotos hay cierto toque mefistofélico en sus cejas y un cierto achinamiento. De vez en cuando sorprende con extrañas expresiones faciales que evidencian un enganche a los retoques.

10. Parece tener un afán en no aceptar la edad que tiene e irresponsabilidad en la imagen de su cargo. Este interés de la consorte en dar la nota, con inadecuados atuendos, impropios para su edad, condición y circunstancias -en las que ha ingresado de forma voluntaria y de las que se beneficia enormemente, tanto ella como su entorno- según algunos psicólogos sería solo explicable por un interés obsesivo de llamar la atención hasta en actos que no tendrían repercusión alguna. Este ansia estaría provocada porque el cargo le obliga a permanecer en una sombra en la que parece que debe, pero no quiere permanecer. Podría faltarle de capacidad de adaptación, de humildad y autoaceptación de su situación real.

En 2015 comienza su agenda en solitario. Volvemos a darle el beneficio de la duda.