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La muerte violenta de Diana Quer, un ejemplo siniestro de cómo la maldad se encarna en una persona

Odia el delito y compadece al delincuente, decía Concepción Arenal, y es posible que algunos compadezcan al asesino, pero todos estamos más seguros al verlo en la cárcel recibiendo el tratamiento que receta la justicia.

La muerte violenta de Diana Quer, un ejemplo siniestro de cómo la maldad se encarna en una persona
Diana Quer. / RR SS
Diana Quer. / RR SS

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José Castro López

José Castro López

Periodista. Comentarista de prensa, radio y TV. Columnista de MUNDIARIO.

La muerte violenta de Diana Quer es una historia de espanto, un ejemplo siniestro de cómo la maldad se encarna en una persona para matar a una joven que estaba empezando su vida. A estas alturas no tiene sentido entrar en detalles de este episodio cruel, sobradamente conocido, pero es pertinente destacar el papel de algunos protagonistas.

En primer lugar, la familia de la víctima. Su padre, su madre y su hermana interiorizaron el dolor agarrados a la esperanza de poder recuperarla con vida y cuando conocieron la tragedia dieron un ejemplo de serenidad y entereza admirables.

Su comportamiento es más encomiable por haber convivido y soportado las especulaciones de algunos medios de comunicación –solo algunos– que buscaron la audiencia u otros intereses de forma indecente, “comerciando” incluso con su situación familiar y con la forma de vida de su hija. Algunas cosas que se publicaron deshonran a la profesión periodística –“no le digas a mi madre que soy periodista, dile que soy pianista en un burdel”, decía un reportero en Primera Plana, de Billy Wilder– y confirman que cuando la información se alía con intereses, sean políticos, económicos o de audiencia, la verdad deja de ser importante.

También tuvo papel ejemplar la Guardia Civil que empezó la investigación dando “palos de ciego” sin testigos, sin sospechosos, sin el cuerpo del delito y fue escribiendo la “hoja en blanco” con paciencia y tenacidad, comprobando millones de datos en horas de seguimiento y atando cabos para la resolución del caso. Siempre respetando la legalidad y el dolor de la familia a la que “intentamos darle cariño y consuelo”. 

Hay más protagonistas. La madre del asesino que, rota por el dolor, confiesa “yo no parí un monstruo, pero es un monstruo” y su nieta, otra víctima de las fechorías de su padre. También la joven que pudo gritar, evitó su propia tragedia y desenmascaró al asesino prestando un gran servicio a la sociedad, a la que hay que desear que se recupere del estado de shock. Y los vecinos de Rianxo que están conmocionados porque “nos ha golpeado la maldad en la puerta”. 

En cuanto al autor confeso del crimen… Hay que odiar al delito y compadecer al delincuente, decía doña Concepción Arenal al ver la dura realidad de las mujeres en las cárceles que visitaba. Es posible que unos pocos le compadezcan, pero la gran mayoría nos sentimos más seguros al verlo en la cárcel recibiendo el tratamiento que receta la justicia. @mundiario