La muerte de la niña Asunta reabre la polémica: ¿Hasta dónde contar?

Asunta Basterra Porto
Asunta Basterra Porto.

La muerte de una niña de 12 años cerca de Santiago ha reabierto una de las viejas polémicas del periodismo: qué y cuánto contar ante un suceso trágico y delicado.

La muerte de la niña Asunta reabre la polémica: ¿Hasta dónde contar?

La muerte de una niña de 12 años cerca de Santiago de Compostela ha reabierto una de las viejas polémicas del periodismo: qué y cuánto contar ante un suceso tan trágico y delicado como este. La gente en la calle se hace preguntas y los medios serios intentan ofrecer los datos contrastados. Los no serios, por su parte, se lanzan al delirio... 

Gabriel García Márquez, íntimo amigo del también escritor y colombiano Álvaro Mutis, escribía en su cuenta de Twitter el pasado domingo 22 de septiembre, tras la noticia de la muerte de este, una sola palabra: “Mutis”. El genial Gabo manejaba una vez más el lenguaje con toda su polisémica precisión. Delante de la muerte de un viejo amigo que estaba a punto de cumplir los 90, hace falta el silencio, pensaría el Nobel. Ella, la muerte, es todo el argumento posible.

Pero estos días, una muerte, un suceso, ha estado llenando páginas de periódicos, miles de búsquedas en el Google y horas de conversaciones de calle, oficina o café. Delante de una muerte inexplicable, de una tragedia, el ser humano solo alcanza a hacerse preguntas. Muchas preguntas. Una niña de 12 años moría asesinada al sábado 21 cerca de Santiago y los padres están en la cárcel acusados de homicidio. Varios hilos de esta trama terrible aún andan sueltos, entre otros el móvil, el porqué, que no está claro.

Pero estos siete días, esta nueva semana de luto por la capital de Galicia (similar a aquella otra tan cercana de finales de julio), estos días se ha hablado de todo. Poco, mucho, en exceso, real o inventado. Los medios escritos serios han dado cuerpo a informaciones contrastadas y los no serios (que suelen ser televisivos, y otros) han frivolizado hasta el extremo, algo que el pasado fin de semana hería con solo escuchar unos pocos segundos.

Los medios de comunicación están para contar. Esto es obvio. Y para dar explicaciones del que pasa, o sea, también están para valorar. Cumplen el objetivo que les demandamos. Aunque hay un aspecto que pienso que nos sobrepasa a todos: las ediciones digitales. Exigen titulares nuevos cada 60 minutos. Y no hay noticia que aguante este ritmo. Los errores, por la urgencia que imponen las Redes, llegan enseguida. Y sobre esto deberíamos reflexionar todos. Pues las Redes —oh, paradoja— a ver se van a ser ellas ahora, con este delirio de portadas cada hora, las que hieran de muerte al propio periodismo.

Pero nosotros hablábamos de las muertes extraordinarias. De las tragedias inesperadas. De intentar comprender. Escucho en la Radio Galega a Jorge Sobral, psicólogo criminal: “Las estadísticas nos dicen que hay de promedio dos homicidas por cada 100.000 habitantes”. O sea, la población de Santiago de Compostela. Y un día después es Eduardo Punset quien afirma, en este mismo medio: “En todas las sociedades hay un número fijo de personas que no son capaces de colocarse en el lugar de los demás, de sentir. O sea, psicópatas”.

Regreso a Mutis. No sabemos si hablar o callar. Me detengo en uno de sus últimos poemas: “Pienso a veces que ha llegado la hora de callar”, escribe. Y concluyo con otra escritora, colombiana también, Piedad Bonnet, a quien escucho precisamente estos días decir: “Lo que no tiene nombre... es el dolor”. (A ella se le ha suicidado un hijo).

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