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MUNDIARIO

Morning Phase, un disco de Beck que nos conduce a una nostalgia intemporal

La versatilidad musical de Beck hace posible que sus melodías, más allá del pop y del country, nos trasladen a distopías envolventes, llenas de lirismo y nostalgia.

Morning Phase, un disco de Beck que nos conduce a una nostalgia intemporal
Beck.
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Manuel García Pérez

Manuel García Pérez

El autor, MANUEL GARCÍA PÉREZ, es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED. Premio Nacional Fin de Carrera, fue coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO, donde actualmente es columnista y crítico literario. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, su última obra es el poemario Luz de los escombros. @mundiario

La versatilidad musical de Beck hace posible que sus melodías, más allá del pop y del country, nos trasladen a distopías envolventes, llenas de lirismo y nostalgia.

 

Muchos críticos han visto en el nuevo disco de Beck, Morning Phase, una continuación de aquel maravilloso Sea Change (2002). No les falta razón y esa afirmación no desmerece el valor artístico de este nuevo trabajo, una obra atrayente, hipnótica, caracterizada sobre todo por la sutilidad de sus ritmos. Sin renunciar al pop y a ese malditismo del country en la mayoría de sus composiciones,

Morning Phase es la constatación de que Beck ha logrado manejarse perfectamente en un lenguaje autónomo, donde las influencias han quedado solapadas por sus propias resonancias sugestivas, por unos fondos y unas melodías que recurren a distopías envolventes, llenas de lirismo y de una nostalgia intemporal.

Cuando se escucha Morning Phase, uno tiene la sensación de que algo se nos está escapando de esta vida, algo que es maravilloso y que es necesario buscar con ansiedad. Porque la música es un lenguaje tan poderoso que Beck nos incita a involucrarnos en la trascendencia que se encuentra en las cosas mínimas, en la belleza más frágil, con sus repetidas dosis de fatalismo y felicidad, sin renunciar a ese elaborado juego de melodías clásicas que se combina con otro mucho más rupturista.

Ecos, segundas voces, falsetes, sintetizadores, instrumentos de cuerda, reminiscencias postrománticas, minimalismo, entre otras cualidades, persisten en este disco para lograr ese principio de iluminación que los amantes de Beck necesitamos de la música.