¿Puede modificarse el clima para evitar sequías?

Una persona camina bajo la lluvia. / Ricardo Fernández
Una persona camina bajo la lluvia. / Ricardo Fernández

El catedrático de Física Aplicada de la Universidad de León considera "muy complicado" provocar la lluvia debido a que no resulta fácil disponer de aviones  que puedan inyectar yoduro de plata en las nubes.

¿Puede modificarse el clima para evitar sequías?

Más de medio centenar de países de todo el mundo desarrollan proyectos de modificación del clima con el objetivo de conseguir agua con la que paliar los efectos del cambio climático, evidente en buena parte de España, donde muchos de los pueblos anegados por los embalses construidos para aprovechamiento hidroeléctrico reaparecen casi en el mismo estado en el que se hallaban antes de la inundación que los ocultó a la vista de los que fueron sus habitantes y, posteriormente, de los visitantes de los embalses que ocuparon extensas zonas de la geografía rural española.

Siempre presente en la historia de los últimos dos siglos en España -con menor incidencia  en el noroeste y el norte de la península Ibérica- la escasez de lluvias (la sequía o, simplemente, la "seca") es ahora mismo uno de los más graves problemas  que un informe de Naciones Unidas identifica como una amenaza "inminente" para el mundo en este tiempo (al margen de la guerra recientemente declarada por Rusia a Ucrania).

Casi podría asegurarse que no es un dislate afirmar que la falta de lluvia y las altas temperaturas registradas en muchos países -entre estos España- confirman un evidente adelanto de la primavera, una situación que ha llevado a las calles la protestas de los agricultores de amplias comarcas muy afectadas por esa situación que repetía la vivida allá por el ya lejano año 1994, cuando se  llevó la protesta a la vía pública por lo que denunciaban era una "operación" de avionetas que sobrevolaban determinadas provincias para "espantar" las nubes.

En pancartas entonces exhibidas, aparecían leyendas como "Avión asesino, tira mercurio y mata ganado". Con esta idea muy asumida, "Las cabañuelas" -un conjunto de métodos tradicionales de predicción meteorológica a largo plazo utilizado en el centro y sur de España e incluso en Hispanoamérica- se hacían eco en rl programa "Campo y Mar" de Radio 5 (RNE) allá por el año 1992, de los habituales vuelos de aviones en los cuales se arrojaban al espacio, durante la noche, y hasta la madrugada, productos químicos que no tenían otro objetivo  que provocar la lluvia en tiempos de sequía. De este modo se desterraban las rogativas y procesiones de vírgenes y santos benefactores cuya intercesión se consideraba indispensable y una especie de último recurso para que el agua acumulada en las nubes  se hiciera presente en el campo y así salvar las cosechas. 

Primer intento de originar lluvia

Lo cierto es que, entre los años 1979 y 1981, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) llevó a cabo en España su primer intento de originar lluvia con el Proyecto para la Intensificación de la Precipitación. Los resultados no fueron muy gratificantes. Tampoco dejaban esperanzas de futuro al respecto.

Pero se produjeron nuevos intentos: inyectar yoduro de plata en las nubes para estimular la precipitación fue la receta mágica, retomando el descubrimiento en los años 40 del investigador Bernard Vomegut y el premio Nobel de Química Irving Langmuir, y en una carrera que continúa a día de hoy, después de más de 70 años de experiencias en el intento por controlar el clima, las principales potencias mundiales comenzaron a estudiar -como recuerda en una publicación Irene Asiain- las posibilidades de la siembra de nubes (término utilizado por la comunidad científica).

El calentamiento global ha hecho que proliferaran todo tipo de megaproyectos para conseguir controlar el clima. México ha vuelto a recuperar aquellas técnicas y logró mitigar los efectos de la sequía en hasta un 98% en al menos unos 9 millones de hectáreas utilizando aviones de la Fuerza Aérea Mexicana y con la aquiescencia de la Comisión Nacional de Zonas Áridas (CONAZA) para inyectar yoduro de plata en las nubes y provocar la lluvia en zonas seleccionadas del país. 

Australia, Emiratos, China...

Australia no se quedó atrás y dio carta de naturaleza a esta cuestión. La idea no es otra que luchar contra el calentamiento global y los peores efectos del cambio climático que azotan en los últimos años aquel continente en el que, allí donde antes nevaba, ahora apenas quedan restos de precipitación. El parque Snowy Mountains es el lugar elegido por el Ejecutivo australiano para aplicar un proyecto  que pretende mantener la nieve en las montañas. 

Por otra parte, los Emiratos Árabes intentaron construir una montaña artificial en las proximidades del mar para conseguir que el aire húmedo, al llegar a la montaña, se viera oblligado a elevarse y, con el frío de las alturas, hiciera que el vapor se condensara y y generase la lluvia. Un megaproyecto nada sencillo y sin, hasta el momento, resultados positivos.

China va mucho más allá: las técnicas citadas se recogen en un plan estratégico en el que el proyecto de siembra de nubes en un 56% de su territorio estará completo en el año 2025, y la modificación del clima deberá llegar a un nivel avanzado del globo, según el Gobierno chino.

Período de sequías hidrológicas

Otro gallo canta en España, sumida actualmente  en un período de sequías hidrológicas  ciertamente preocupante. El catedrático de Física Aplicada de la Universidad de León considera "muy complicado" provocar la lluvia debido a que no resulta fácil disponer de aviones  que puedan inyectar yoduro de plata en las nubes. Para ello se requieren unas condiciones naturales previas que tienen una alta viariabilidad. Estos métodos se pueden aplicar en muy pequeña escala. Y si no hay nubes, no hay nada que hacer, según el mismo catedrático.

Las medidas científicas aplicadas por investigadores de todo el mundo sitúan la inyección de yoduro de plata como irrisoria: con un gramo de esta sustancia parecida al agua se actúa sobre 10 millones de gotas. La reacción produce que ese vapor de agua que contiene la nube condensa en mayor medida, de forma que precipita más de lo que lo haría de forma natural.

Un dato más: con el objeto de fabricar nieve, la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, destinó 120.000 euros a la estimulación de nubes en la cuenca del río Lozoya. Sin resultado positivo.

Hay quien considera que este tipo de técnicas son "un arma muy peligrosa" y se propone mejorar el riego en España, donde en el transporte del agua se pierde gran cantidad de ella. O mejorar el estado de las tuberías y canalizaciones. La convicción es determinante: ante las sequías, poco se puede hacer. @mundiario

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