Las modelos, imagen de referencia alejada de la figura real del resto de la población

Modelos en el desfile de Kaviar Gauche en la Semana de la Moda de París.
Modelos en el desfile de Kaviar Gauche en la Semana de la Moda de París.

Marta Cendón, dietista y nutricionista, explica cómo interpretar el Índice de Masa Corporal e incide en la necesidad de llevar una buena alimentación y no dejarse engañar por la creencia de a mayor delgadez mejor salud.

Las modelos, imagen de referencia alejada de la figura real del resto de la población

Marta Cendón, dietista y nutricionista, explica en Mundiario LUXURY cómo interpretar el Índice de Masa Corporal e incide en la necesidad de llevar una buena alimentación y no dejarse engañar por la creencia de a mayor delgadez mejor salud.

Hace unos días nos ha llegado la noticia de que en Francia se ha reabierto el debate con respecto al peso e imagen que transmiten las modelos, con su consecuente polémica. Un diputado ha propuesto en el congreso que se exija a las agencias de modelos que presenten un certificado de que cada una de ellas tiene un IMC superior a 18. Aquellas compañías que no cumplan podrían ser multadas con hasta 75.000€, e incluso con penas de seis meses de prisión.

Lo primero que me gustaría aclarar es qué es esto del IMC. El Índice de Masa Corporal, que es el significado de esas siglas, es una simple fórmula que relaciona el peso, en kilogramos, con la talla al cuadrado, en metros. En función del resultado de esta división, podemos decir que una persona tiene un peso normal para su talla cuando el valor está entre 18,5 y 24,9. Por debajo del límite inferior, el peso es bajo para la estatura, y por encima de 25, hablamos de sobrepeso. Pero, ¿es esto siempre así?, ¿se puede interpretar al pie de la letra? Pensemos en un jugador de rugby, o en un levantador de pesas de halterofilia... seguramente su IMC indique que es una persona con sobrepeso, o incluso con obesidad (IMC superior a 30). Sin embargo, no se asemeja en nada a la imagen que tenemos de una persona con sobrepeso u obesidad. Efectivamente, porque también hay que tener en cuenta la composición corporal, es decir, el peso que aporta cada parte de nuestro cuerpo; principalmente la proporción de grasa y músculo. Por eso, la definición del sobrepeso es un exceso de peso a base de masa grasa. En el caso de los ejemplos citados, el aporte del músculo al peso corporal es muy alto. ¿Y si hablamos de un IMC que está por debajo de 18,5? Probablemente, siguiendo la línea de los deportes, una gimnasta profesional tenga un peso bajo para su talla, acorde al IMC. Pero esto no significa necesariamente que sea una persona enferma o con un problema de conducta alimentaria (aunque desgraciadamente en este ámbito deportivo hay muchos casos de este tipo de trastornos...).

Con esto quiero poner de manifiesto que el IMC no es un valor que, de manera aislada, nos permita afirmar categóricamente si una persona tiene un peso adecuado o no a su talla, pues hay otros matices. Sin embargo, es una herramienta validada a nivel internacional y es útil como método de valoración aproximado del peso de una persona.

En el caso de la propuesta hecha en Francia, para empezar, hay que tener en cuenta que se habla de exigir a las modelos un IMC superior a 18, es decir, un punto de corte que ya es inferior al valor más bajo en la clasificación por IMC (recordemos que es de 18,5). Con esto, ¿se está dando ya por hecho que las modelos deben tener un perfil de peso bajo? En España hace años que también se exige un IMC mínimo a las modelos antes de desfilar, pero no hay penalización a las agencias.

Las modelos, una imagen de referencia

La cuestión está en que las modelos, como su propio nombre indica, son una imagen de referencia. Porque no sólo aparecen en los desfiles, sino que las podemos ver en anuncios de ropa, de cosméticos, de zapatos...Estamos expuestos a recibir su imagen constantemente, y el problema es que su figura no es la más acorde a la del resto de la población general. Como hemos visto, el IMC abarca una horquilla de valores amplios, de 18,5 a 24,9, y esto es así precisamente porque cada persona es diferente, y, por tanto, el peso adecuado a una misma talla puede variar mucho.

Sin embargo, ahí siguen, un sinfín de imágenes de mujeres de tallas pequeñas, no ajustadas a la realidad, diciéndonos que así es como debemos ser. Y digo mujeres porque esto ocurre mayoritariamente con el sexo femenino. De hecho, me resultó muy curioso que, leyendo la noticia en cuestión en un periódico digital, en la parte derecha de la pantalla había una serie de anuncios, concretamente uno que vendía un sistema reductor de papada y otro de una faja reductora de abdomen efecto sauna, el cual desconozco por completo, ambos acompañados de la imagen de jóvenes y delgadas mujeres, que no necesitaban reducir su papada, porque no la tenían, ni su abdomen, porque tenían una tripa perfectamente definida.

Esta ironía, o hipocresía, me atrevería a decir, me invita a seguir pensando que vivimos en una sociedad donde las mujeres hemos de lucir delgadas, excesivamente delgadas, llevándonos a pensar que nuestro abdomen nunca será lo suficientemente plano, y siempre con una imagen impecable. Y como consecuencia ya no nos importa si lo que comemos es sano o no, o si nos puede llevar a padecer el déficit de alguno o varios nutrientes, o el exceso de otros... Qué más da, siempre y cuando la dieta que llevemos nos permita comprarnos una talla inferior a las 36, y bajar el IMC al máximo.

Me gustaría resaltar el hecho de que el diputado que ha llevado esta propuesta al congreso francés es médico de profesión. ¿Quizá su experiencia y conocimientos en salud le hagan preocuparse por la salud de todas las personas que quieran seguir los pasos de estas delgadas modelos? Y junto a este dato quiero sacar a relucir otro en contraposición. Y es la protesta del Sindicato Nacional de agencias de modelos de Francia, el cual lamenta que esta normativa, si se aprueba, no afecte a las agencias del resto de países de Europa. ¿Y cuál es la razón? ¿Que si solo las afecta a ellas, sus modelos estarán más sanas y habrá menos probabilidades de que haya casos de trastornos de la conducta alimentaria entre ellas, y no será así con el resto de modelos de otros países? No, claro que no. Aquí la cuestión es que la competencia en este mundo es brutal, por lo que, con modelos que no puedan estar lo suficientemente delgadas, las demás agencias tendrán ventaja.

Y esto me indigna sobremanera; el hecho de que todo lo que prima sea la imagen, antes que la salud, tanto física como psicológica. Y me indigna por las veces que veo en consulta a mujeres lamentarse por no haber bajado de peso y el sentimiento de culpabilidad que sienten por ello. Y es que muchas veces ni siquiera necesitan perder peso, pero ellas no se ven suficientemente bien, así que tienen que seguir intentándolo. Y a mí me cuesta mucho hacerlas ver que los kilos no son lo importante, sino la salud y la buena alimentación. Pero ellas siguen en una constante lucha para que la báscula marque un determinado número, y no importa las aberraciones que se hagan para llegar a ello. Veo como a la gente le da igual aprender a comer bien, de manera equilibrada, variada, de manera que su salud mejore, dejando un poco de lado si la báscula dicta esto o aquello. Lo que prima es bajar de peso. Y por eso, desgraciadamente, triunfan dietas como la de los puntos, la luna, la alcachofa o la dieta Dukan; porque la bajada de peso es prácticamente inmediata. Pero, ¿a qué coste? Esto es lo que nadie se plantea, porque el objetivo, bajar de peso, está conseguido. Y sin embargo, al cuerpo le estamos castigando y, muy probablemente, haya una recuperación posterior del peso, superior incluso al anterior a la dieta (el famoso efecto yo-yo) y el sentimiento de frustración y culpa volverá.

Insisto en que hablo en femenino porque la mayoría de las veces se trata de mujeres, aunque no hay que olvidar que esto también se da en los hombres. Cada vez son más los casos de anorexia entre los varones, de todas las edades, aunque sean menos visibles.

Considero imprescindible, para evitar esto, el transmitir a los niños, desde muy pequeños, la idea de salud, de manera que aprendan que lo importante es cuidarse por dentro (la salud, y la mente también, como algo indisoluble). De esta manera tendrán la capacidad y el espíritu crítico para, cuando vean una modelo con los huesos de la espalda marcándoles la piel, sepan que eso no es una imagen de salud, si no de supuesta estética impuesta. Además es esencial que no seamos nosotras, las mujeres, las primeras en exigirnos y juzgarnos, las unas a las otras, y a nosotras mismas, en función de nuestra imagen. Si somos nuestras propias enemigas van a hacer con nosotras lo que quieran, van a seguir exprimiendo esa necesidad de autosatisfacción y de satisfacción hacia los demás en función de la apariencia, una apariencia insana.

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