Mito, tradición y pervivencia de Santiago: ¿peregrino o matamoros?

Alberto Núñez Feijóo en la Ofrenda del 25 Julio. / Luis Polo
Alberto Núñez Feijóo en la Ofrenda del 25 Julio. / Luis Polo

El mito o la creación literaria son elementos que ayudan a configurar el concepto romántico de nación. Nuevo artículo de este profesor de la Universidad de Vigo en MUNDIARIO.

 

Mito, tradición y pervivencia de Santiago: ¿peregrino o matamoros?

El mito o la creación literaria son elementos que ayudan a configurar el concepto romántico de nación. Nuevo artículo de este profesor de la Universidad de Vigo en MUNDIARIO.

Hubo un tiempo en que, a propósito de la Fiesta de Santiago Apóstol, un sector del nacionalismo gallego distinguida entra Santiago Peregrino, “o noso”; y Matamoros, “o deles”. Pero uno y otro son el mismo. El dilema lo resolvió ayer el alcalde de Santiago, para no participar en la Ofrenda Nacional al Apóstol que son cosas superadas del pasado. Es su punto de vista.

El mito o la creación literaria son elementos que ayuda a configurar el concepto romántico de nación. Con frecuencia la conciencia nacional está vinculada a la literatura. Finlandia se la debe a las baladas heroicas de sus héroes mitológicos. ¿Qué decir de los británicos, de las leyendas artúricas, de  Scott, cuyas novelas propugnan la unificación nacional, como Ivanhoe (1819). ¿Valen esos mitos y no nuestro Santiago?  ¿Vale crees que Mahoma –como millones creen- subió al cielo en un caballo blanco, pero negamos al tiempo que también era blanco el caballo (mitológico) de Santiago?

Don Claudio Sánchez Albornoz escribe (La realidad histórica de España (Madrid, 1954):

“Los confines entre lo real y lo imaginario se desvanecen” cuando lo imaginado se incorpora al proceso mismo de la existencia colectiva, pues ya dijo Shakespeare que estamos hechos de la materia misma de nuestros sueños. Cuando lo imaginado en uno de estos sueños es aceptado como verdad por millones de gentes, entonces el sueño se hace vida, y la vida, sueño». (…..) Santi Yagüe (Santiago) será entronizado anti-Mahoma y su santuario compostelano se convertirá en la anti-Caaba. Dicha mutación confiere a la leyenda su carácter definitivo. Compostela pasa a ser el punto de convergencia de la cristiandad militante en oposición a La Meca, y la popular romería del Camino de Santiago, la réplica franca y galaico-leonesa al haÿÿ (la santa peregrinación musulmana). La Providencia concederá en adelante la victoria al jinete en «níveo e impetuoso» caballo no sólo sobre los moros de la Península, sino también, en un extraordinario vuelo transoceánico, sobre los aztecas, inclinando el fiel de la balanza, en plena batalla, en favor de Hernán Cortés y los suyos”.

 

En un artículo titulado “Los mitos fundadores de la nación española” (publicado en el diario «El País» de Madrid, el sábado 14 de septiembre de 1996) aprovecha para arremeter no solamente contra la tradición jacobea, y de paso contra los propios referentes tradicionales franceses y, en este sentido apunta que “desde el siglo XVIII, gracias a la Ilustración y al empeño posterior de los historiadores críticos, que todas las historias nacionales y credos patrióticos se fundan en mitos: el prurito de magnificar lo pasado, establecer continuidades «a prueba de milenios», forjarse genealogías fantásticas que se remontan a Roma, a Grecia o a la Biblia, obedece sin duda a una ley natural de orgullo y autoestima, pues los hallamos en mayor o menor grado en el conjunto abigarrado de Estados y naciones que integran el continente europeo”:

Cabe recordar la esencia de las dos posiciones antagónicas del viejo debate sobre la realidad de España, que ahora se invoca. Dice don Claudio que la posesión previa de sus características como pueblo hizo posible la reacción insuperable del español contra el invasor musulmán. Esos sus caracteres "iniciaron la Reconquista y salvaron el ser y la esencia misma de Hispania en muchos trances difíciles de ese largo proceso" (en “España un enigma histórico, Tomo II, p. 689).  Américo Castro piensa a la inversa en esta misma encrucijada a la cual se refiere Sánchez Albornoz. Para él, las características históricas no se forjan previamente a un proceso histórico, no son su resultado, sino que en el hecho del acontecer, en la práctica histórica, se originan. El pueblo histórico surge de esa oposición y fusión con otros pueblos, según Castro. En el encuentro y diferenciación de cristianos, judíos y árabes el pueblo español surge históricamente.

Mito, cultura e historia
La cultura como proceso histórico-social hunde sus raíces en los orígenes y en el imaginario popular y cada expresión forma parte consustancial de ella, siendo así la mitología y las tradiciones son elementos fundamentales en la configuración de la identidad de un pueblo. Son la suma de creencias, tradiciones, instituciones, lenguajes, entre otros, que elabora y transmite una sociedad. Es un conjunto de conocimientos que una persona ha adquirido en su proceso de socialización, el sistema de valores culturales, glosa de ideología dominante, difundido a través de los medios de comunicación de masas. También son el conjunto de valores y conocimientos socialmente exigidos al individuo. Por último es la costumbre elaborada por las capas populares.
Cultura y civilización son semejantes y están estrechamente vinculadas; entre ambas existen transiciones imperceptibles como hablar de cultura se acentúa lo espiritual. Cada época histórica, cada pueblo o conjunto de pueblos ha tenido su propia cultura, con una fisonomía propia y así se habla de cultura griega, de la Antigüedad, de la Edad Media, del Renacimiento, entre otras; y del estilo y formas o estructuras de las diversas culturas.

 

              

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