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MUNDIARIO

Mientras espero...

Gustar, lo que se dice gustar... desde mis primeros biberones yo creo, don Joan Manuel (mejor Manel) Serrat. No me canso, oiga, de oírlo. A su debido tiempo y en toda circunstancia.

Joan Manuel Serrat en los años 70.
Joan Manuel Serrat en los años 70.

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Francisco R. Breijo-Márquez

Francisco R. Breijo-Márquez

El autor, FRANCISCO R. BREIJO-MÁRQUEZ, colabora con MUNDIARIO desde East Boston, Massachusetts (Estados Unidos). @mundiario

Mientras espero una reunión al menor nivel del deseado –a fin de intentar, tan sólo intentar, poner puntos sobre íes, y a probar documentadamente con hechos probados y plausibles deshacer entuertos altamente repetitivos y moneda habitual desde las estofas más indecentes y prolíficas sitas en los más infectos sótanos administrativos– del que espero y deseo salir victorioso (todo el personal tiene la mala costumbre de tender a pensar y creer que la “razón” siempre está de su parte y que la Justicia no existe si es que no se la concede, y un servidor no va a ser menos…), pues ...mientras tanto, escribiré algo sobre una personaje que, en estos momentos suena en los conductos auditivos externos en que he colocado los auriculares de mi mp tres (o cuatro...o cinco ¡yo que sé!)

En varias ocasiones – en demasiadas, francamente – gente que cree conocerme en determinados aspectos y cree saber de mis preferencias en determinadas posturas, me pregunta mis opiniones sobre ellas; una de ellas es el de la música y los músicos.

¿Que si qué música me gusta más?

¿Que si cuál es mi interprete favorito? (aquí entran también las interpretas, digo yo).

Bien, pues como siempre – ya he escrito más de una vez que no aprendo de tales vicisitudes ni puñetera falta que me hace ni quiero – entro al trapo , tal vez por hartura más que por deseo, y vuelvo a posicionarme.

Musicalmente, no conozco a nadie más ecléctico que un servidor en preferencias de ese tipo. Dónde haya un buen acorde con armonía suficiente, ahí ando yo tras ella , dale que te dale hasta hacer subime lo que a veces es pura rutina cotidiana. De cualquier nombre que los expertísimos en tales temas hayan tenido a bien poner.

O sea, desde la clásica (gran error el término, en mi humilde criterio, claro está) y dentro de ella, determinados autores, interpretes y directores orquestales, como es de bien, hasta la última coral que me ha impresionado desde un anuncio televisivo y que viene a cantar algo así cómo «¿...estaré pagando de más….estaré pagando de más…?» de cuyo coro, mi Isabel y mi Carla no dejan de acompañarme en su canto.

Casi toda la música puedo escucharla sin aburrirme , siempre y cuando no dure más de una hora y treinta y dos minutos – que ya se me hace pesada – y no sea reguetón de ése ni su similares que me superan….¡me superan!

Y me presiono los tragos a base de bien, hasta el daño intenso con tal de no oírlas, y mucho menos escucharlas (para todo aquél que no esté familiarizado, “el trago” es el pedazo de cartílago relleno de pellejo que tenemos los humanos - o lo que seamos -, mas o menos, en la parte media anterior de la oreja, entre el cartílago superior y el lóbulo y que solemos taparnos cuando no queremos oír algo, o nos da grima cualquier sonido que nos dé repelús – léase en mi caso, arañar las pizarras de pizarra, crujidos de pelar pipas o...oír de lejanía algo semejante al reguetón o cómo quiera que se le llame -.

Bien, pues mientras espero tan pomposa e importantísima reunión del quince de los presentes, a las ocho horas quince minutos en las dependencias hospitalarias de la entreplanta – eso me ha parecido entender – de mi pueblo, a fin de clarificar (las respuestas exculpatorias ya me las conozco de carrerilla, pero lo que es ir...iré ) pues me decido a decir por escrito mis preferencias musicales. Pizca más o menos.

Toda la mal llamada “música clásica” suele gustarme – salvando las piezas del siglo veinte – siendo mi dios Mozart y su profeta Beethoven rodeados ambos por algunos arcángeles tipo Wagner, Bach, y algunos ángeles custodios similares a Listz, Chopin , Mahler, Rachmaninov y alguno que otro que me dejo por ahí.

Pero casi que toda la música mal llamada clásica me encanta.

Del Soul, incluyendo Jazz, por supuesto, también todo, o casi todo. Siempre que pueda llamarse como tal.

Parker, Baker, Janis Ian, Krall… y todos los buenos vaya.

Paso muy buenos ratos con Cooker, Reeding, Ray Charles, Fitzgerald, Joplin y... los Creeedence… ¡Bueno y algunos más que no me acuerdo ahora mismo!

Pero gustar, lo que se dice gustar... desde mis primeros biberones yo creo, es don Joan Manuel (mejor Manel) Serrat. No me canso, oiga, de oírlo. A su debido tiempo y en toda circunstancia. ¡Nada, que no me canso!

De hecho estoy escuchándolo ahora mismo, mientras tecleo. Para mi que no tiene desperdicio ninguna canción suya, ni siquiera cuando comparte pieza con Sabina.

Miles de veces me han preguntado también cuál sería para un servidor su álbum más completo. Y, como es natural, me resulta extremadamente arduo decidirme.

Particularmente me gusta más el “Serrat en catalá”. Pero sin desdeño alguno del Serrat castellano, con su “La-la-la “ incluido.

Y dentro de éste último idioma – porque ambos son idiomas, guste o no – he decidido por unanimidad conmigo mismo que, el más completo, el más emocionante y, posiblemente, más incomprendido no es otro que ...¡tacháaan!:

« Para piel de manzana».

(« Tal com rajá » en catalá.)

El álbum entero…

¿No lo han escuchado?

Inténtenlo. Entiéndanlo (no es tan fácil entender quienes fueron esas “pieles de manzana” que tanto y tan calladamente existieron en esta España de inmediata pos-guerra civil)…

Pero , ya puestos, escuchen bien – algo también difícil, no creamos que todo es oír...no – todas las piezas del álbum.

¡Hala, ya lo he dicho por escrito!

Mientras espero… @mundiario