Miami sin cubaneo… ¿será posible, chico?

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El dominó, máxima expresión del cubaneo. / elnuevoherald.com

Obdulio y yo nos negamos a aceptar el cubaneo miamense como condición sine qua non de la vida en la Capital del Sol, aunque tampoco sabemos cómo huir de él.

Miami sin cubaneo… ¿será posible, chico?

Hoy mi amigo Obdulio me trae una pregunta difícil de responder. La interrogante me ha dejado el cerebro dando vueltas como plato de microwave desde que salió de su boca. No creo tener una respuesta acertada, exacta, inverosímil… (sorry, eso no pega) … ¡veraz! (eso sí). No obstante, puedo hilvanar algunas ideas, con hilo de coser, en un intento de contestarla. Sin más dilación, la pregunta:

(Se escucha fanfarria tropical, en aire de reguetón.)

¿PUEDE UN CUBANO DE MIAMI VIVIR FUERA DEL CUBANEO?

¡Les advertí que era complicada!

Para empezar, el diccionario de la Real Academia ni siquiera reconoce el término cubaneo.

(Se escucha un suspiro de decepción.)

Más no se aterren, ya el Obdu hizo la búsqueda por ustedes y encontró un sitio web que define cubaneo como “lo propio de la idiosincrasia del cubano, su comportamiento festivo”. Pero eso nos suena a estereotipo caribeño, salpicado con maracas, mulatas y ron. ¡Y ni a Obdulio ni a mí nos gusta que nos estereotipen, chico! Entonces, ¿qué pasa si uno quiere escaparse de las garras del cubaneo? ¿O es que estamos condenados a arrastrar esa cadena de por vida?

Repito, son preguntas difíciles de contestar, sobre todo en Miami, porque para alejarse de su condición idiosincrática, el inmigrante de la Isla tendría que:

> Abstenerse de comer arroz-con-frijoles, lechón, yuca-con-mojo, tostones, croquetas y pastelitos-de-guayaba

> Evitar las emisoras de radio y TV cubanas  

> Negarse a leer la prensa escrita de ambos lados del Estrecho de la Florida

> Dejar de jugar dominó y usar guayaberas

> Rechazar el reguetón y sus derivados

> Aprender a decir las direcciones correctamente (nada de 8 Calle y 27 Avenida, please)

> Renunciar a vivir en Hialeah o el Southwest.

> Eliminar saludos como ¿Qué bolá? y ¿Qué vuelta?

> Aprender a hablar en voz baja y sin gesticular.

> Dejar de autoconvencernos de que somos blancos y rubios y que Trump nos ama.

Pudiéramos añadir muchas más características del cubaneo, mas esas diez son suficientes.

Pero volviendo al tema, ¿es posible escabullirse de todas ellas y declararse cubaneo-free?

Ni el Obdu ni yo tenemos la respuesta en este momento, aunque les prometemos encontrarla pronto. Como ya dije antes, nos negamos a continuar viviendo con ese estigma. Pero primero tenemos que almorzar, no hay que ponerse a buscar respuestas con el estómago vacío.

El menú de hoy incluye lechón asado, arroz-con-frijoles, yuca-con-mojo y pastelitos-de-guayaba de postre.

¡La vida misma, chico! 

(Se escucha suspiro colectivo de satisfacción.)  @mundiario

Miami sin cubaneo… ¿será posible, chico?