Mentiras y tergiversaciones de la ultraderecha norteamericana

Viviendas en Manhattan. / Jo Wiggijo. / Pixabay
Viviendas en Manhattan. / Jo Wiggijo. / Pixabay

El sitio web Breitbart News afirma que la inmigración eleva los precios de la vivienda en los Estados Unidos e impide que los salarios de los trabajadores suban.

Mentiras y tergiversaciones de la ultraderecha norteamericana

En un audaz ejercicio de difusión de noticias falsas, el sitio web norteamericano de ultraderecha Breitbart News afirma el 10 de julio que, según un editorial del New York Times, “el gobierno federal debe obligar a decenas de millones de votantes suburbanos a sacrificar el valor de sus casas, sus escuelas tranquilas y sus verdes vecindarios para que los inmigrantes pobres puedan tener alquileres baratos y los inversionistas pueden construir más casas”.

El artículo de Breitbart, difundido a través de la organización Tea Party, también de ultraderecha, contiene mentiras e imprecisiones. El editorial del New York Times solo se refiere a los elevados precios de la propiedad residencial, y señala que sería conveniente cambiar las zonificaciones para que en los barrios que hasta ahora solo se permiten casas unifamiliares, se puedan construir edificios de apartamentos para acomodar a la creciente población. No habla de los inmigrantes en absoluto.

No obstante, Breitbart dice: “Pero [el editorial del New York Times] nunca menciona la solución obvia: poner fin a la política federal de importar anualmente 1 millón de trabajadores, consumidores e inquilinos inmigrantes, que infla los precios de la vivienda y la competencia de clase por buenos barrios y buenas escuelas. Una reducción de la inmigración, en cambio, subiría los salarios de los norteamericanos, bajaría los precios de la vivienda, mejoraría sus escuelas y también decepcionaría a los inversionistas en bienes raíces”.

Eso, sencillamente, no es cierto. Lo que infla los precios de la vivienda no es la inmigración, sino la especulación con los bienes raíces y el lavado de dinero. En cualquier caso, lo que sube el precio no es la inmigración de trabajadores y gente humilde contra la que la ultraderecha enfila los cañones, sino la llegada de extranjeros ricos, muchas veces con fortunas mal habidas, muchas veces fugitivos de la justicia en sus países, deseosos de blanquear sus capitales y dispuestos a pagar fuertes sumas por propiedades de lujo. Breitbart solo tiene que darse una vuelta por Miami, por ejemplo, para comprobar quiénes son los que elevan los precios de la propiedad. Los inversionistas en bienes raíces no apuntan a los inmigrantes pobres para ocupar sus proyectos residenciales, sino a los forasteros con la cartera abultada.

Nada indica que la reducción de la inmigración suba los salarios de los norteamericanos, baje los precios de la vivienda y mejore las escuelas. Los salarios no suben (en comparación con el costo de la vida se han reducido o se mantienen estáticos desde hace décadas) por diversas razones, entre ellas la codicia de la cúpula empresarial y la falta de una protección estatal y sindical sólida de los derechos de los trabajadores. El capitalismo de libre mercado con escasa supervisión gubernamental, como el que impera en los Estados Unidos, es un paradigma de explotación laboral.

Los precios de la vivienda no bajan porque están determinados por una espiral especulativa en la cual los ricos adquieren las mejores propiedades mientras la clase media y los pobres se baten en retirada hacia las afueras o, para quedarse en el centro de las ciudades, adoptan arreglos residenciales como el co-living, una tendencia popular entre los jóvenes, que consiste en que varias personas comparten un apartamento. Un remedio muy antiguo a la carestía de la vivienda en las zonas más codiciadas, que los propietarios y los urbanizadores presentan como una novedad juvenil para que los incautos muerdan el anzuelo y no protesten. La realidad es que en el co-living, uno paga por un cuarto lo que no hace muchos años pagaría por un apartamento completo.

En cuanto a la educación, la razón de que las escuelas públicas no mejoren no es la llegada de inmigrantes a sus aulas, sino la falta de fondos causada por la conducta de los políticos que privilegian a las escuelas privadas asignándoles el dinero de los impuestos que deberían ir a las escuelas públicas. Los políticos afirman que los padres deben tener opciones para decidir a qué escuela envían a sus hijos, pero las autoridades deberían investigar los motivos de la predilección por las escuelas privadas.

Breitbart tampoco menciona que la tendencia de construir barrios enormes de casas unifamiliares eleva los precios de la vivienda, distorsiona la planificación urbana, impide la existencia de un transporte público eficiente y genera más contaminación, debido a que los residentes deben recorrer en automóvil distancias más largas entre la vivienda y el trabajo. Para acomodar el crecimiento demográfico, la solución está en las viviendas multifamiliares, es decir, los edificios de apartamentos.

Pero Breitbart y el Tea Party están decididos a evitar que la verdad les estropee un buen artículo. En su cruzada de ultraderecha que avanza peligrosamente hacia el barranco del fascismo, utilizan la mentira para seguir ganando el respaldo de sus seguidores prejuiciados, y a los inmigrantes como chivo expiatorio de los males de la nación, causados precisamente por las tendencias que Breitbart y el Tea Party se empeñan en defender. @mundiario

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