Menas no, son niños, solo niños

Niños. / PIxabay
Niños. / PIxabay
Menas es un acrónimo que se usa con frecuencia en España para referirse a los menores extranjeros no acompañados tutelados por las autoridades públicas al no tener un adulto de referencia en el país.
Menas no, son niños, solo niños

Puede que no haya en este cochino mundo unos seres humanos más desvalidos que los niños emigrantes que, huyendo de sus países de origen, han perdido a sus padres o llegan a nuestras puertas totalmente solos. Son los desposeídos por antonomasia, pues no solo carecen de todo lo material, sino de aquello que más necesitan y aman, que son sus padres.

Sin nadie que les proteja, a su soledad existencial se le añade el riesgo ante todo tipo de ogros que ven en ellos una forma de hacer negocio. Valen para casi todo. Sirven como esclavos, especialmente esclavos sexuales. También se les mata para extirparles los órganos y venderlos en el mercado de casquería infantil.

Miles de ellos desaparecieron en Europa durante el éxodo sirio. El grito desesperado de las ONG,s fue silenciado. Ya nadie se acuerda de aquel crimen. Solo eran niños refugiados. Niños pobres sin madre ni padre. Para una parte de los ciudadanos que pueblan nuestras naciones ilustradas esa chusma vale menos que la mierda. Mientras, una gran mayoría se pregunta cómo se puede ser tan hijo de puta como para matar a sangre fría  a una criatura y sacarle las entrañas para hacer negocio. ¿Qué monstruos habitan entre nosotros? Pero miramos hacia otro lado. No hacemos nada o casi nada.

Una pregunta sin contestación

Hasta Jesucristo tuvo el aliento de su madre, que no se separó de sus pies hasta que murió agotado en la cruz. Estos niños no tienen a nadie a quien abrazarse cuando los apalean, los violan o asesinan. Si el Dios de los cristianos volviera a la tierra, ya no sería el hijo de un carpintero, ni se serviría de una paloma y una virgen para ser engendrado como hombre. Hoy sería hijo de un soldado violador y una mujer refugiada, muerta al poco de dar a luz en mitad de cualquier país en guerra. Jesucristo se encarnaría en menor extranjero no acompañado, porque en la sociedad conglobada del siglo XXI no hay expresión más descarnada del sufrimiento humano. Como siempre, causa de otros humanos. Como siempre, causa de otros más fuertes. ¿Cómo es posible tan cobardía y brutalidad? Solo nos queda el estúpido escape de una pregunta sin contestación.

Su sola condición de niños abandonados mueve a la conmiseración más profunda y dolorosa. Pero son demasiados los silencios. Aquí se protesta por cosas fundamentales, pero también por las más peregrinas que podamos imaginar. En Barcelona, gentuza sin dignidad quema furgones de policía en nombre de no sé qué oscuro personaje rapero de tres al cuarto. Dicen que son ultraizquierda radical. Yo nunca los vi montando gresca para que se proteja a los niños de Siria o del Sahel. ¿Será que no son humanos?

De nuevo la pregunta es pura jaculatoria

Janusz Korczak, médico polaco y director de la Casa de Huérfanos de  Varsovia, cuidó de más de doscientos niños judíos en el gueto hasta que en 1942 la SS fue a buscarlos para llevarlos a matar. Salieron a pie, pero Korczak se puso delante de ellos y los acompañó hasta los trenes de la muerte, Treblinka y la cámara de gas. “Los huérfanos se dispusieron en filas de cuatro, se cogieron de las manitas y se pusieron en marcha con sus cuidadores. A la cabeza iba Korczak, con el chico que iba agarrado a su sucio osito de peluche, con el que ahora se tapaba media cara, y la niña, que seguía hablando con su muñeca y de vez en cuando le daba un besito”.

La descripción de Safier en su novela 28 días describe la tierna inocencia de los niños que hacen de su marcha al exterminio el mismo camino que si fueran a la escuela o al parque. Ingenuidad infinita que contrasta y revela hasta qué punto el alma humana es capaz de degenerar llegando a convertirse en un joven y orgullos soldado de la SS, un asesino de niños con el alma podrida. ¿Cómo es posible que ambos seres pertenezcan a la misma especie? De nuevo la pregunta es pura jaculatoria.

Ira y odio desatado contra tan indefensas criaturas

Podemos encontrar en la historia de Janusz Korczak y sus doscientos niños las formas más espeluznantes de ira y odio desatado contra tan indefensas criaturas. También ese brillo  heroico que en la tiniebla se impone devolviéndonos la fe en el ser humano: Korczak prefirió morir con sus niños antes que abandonarlos. Aquellos hechos nos arrojan ahora con los ojos arrasados por el dolor de los infantes, pensando si nosotros seríamos tan valientes como aquel viejo intelectual en la realidad de nuestros días.

En el filo de lo soportable, más allá de las fronteras de lo creíble, la ultraderecha ha tomado a los niños refugiados sin padres como cabeza de turco de sus maniobras de manipulación criminal. Llevan algunos años haciéndolo. Parece que todos los males de España provienen de los menas, como ellos los llaman gracias a la gran habilidad de ciertos funcionarios poniendo etiquetas. Cretinos. Están construyendo el camino hacia una nueva tragedia por la misma razón mundana y miserable por la que montaron la masacre los nazis: para alcanzar y mantener su propio poder. Se lo pueden creer o no. Eso no cambia la realidad. Olvídense de las ideologías. Las élites no creen en ellas. Menos los fascistas. Esa es la basura que se inventan para ganarse la voluntad de imprudentes, desesperados y odiadores.

Si queremos evitar que nuevos SS vayan a las casas de acogida a matar a niños, hay que penalizar con dureza toda manifestación de odio contra los diferentes, especialmente contra los más pequeños y débiles. Es necesario tipificar como delito lo que es un crimen a los ojos de la moral. Y desmontar las estructuras de propagación del ideario fanatizante de la ultraderecha. Y si el camino es ilegalizar partidos fascistas, adelante, en Alemania fue la solución y les va relativamente bien. ¿Cuál es la alternativa? ¿Esperar? Ya sabemos lo que pasa si no se hace nada. Janusz Korczak y sus niños nos lo podrían contar. ¿Servirá para algo su muerte? El ser humano es tan estúpido que no ve que vamos hacia la misma barbarie. ¿Alguien hará algo? @mundiario

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