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El mejor museo del mundo: el puerto Franco de Ginebra

Se habla de puertos francos, situados en distintas ciudades del mundo, Ginebra, Luxemburgo, que algunas de ellas contienen miles o docenas o cientos de miles de obras de arte, incluso algunos de botellas de vino de gran calidad y precio.

El mejor museo del mundo: el puerto Franco de Ginebra
Ginebra. / Mundiario.
Ginebra. / Mundiario.

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Jesús Millán Muñoz

Jesús Millán Muñoz

Licenciado en Filosofía. Funcionario. Es autor de ‘Cuadernos o Ensayos o Soliloquios o Enciclopedia filosofía’ y escribe en MUNDIARIO.

Intentaremos analizar un tema tan complejo y con tantas perspectivas, algunas variables:

- Dichos puertos francos que conservan obras de arte, y otras mercancías, parece ser sirven, como lugares de compraventa, o dicho de otro modo, puede una obra de arte, un conjunto de diamantes, unas botellas de vino en el mismo lugar pasar de un vendedor a otro comprador, de un coleccionista a otro, en el mismo lugar, no saliendo de ningún país, ni llegando a ningún otro, pues cambia de manos, de propietario, sin pasar aduanas, por lo cual, se indica que no tienen que pagar impuestos por transacciones…

- Se habla que el puerto franco de Ginebra, puede que conserve alrededor de un millón de obras de arte. Si es así, conservaría, el mayor museo del mundo. Se supone que serán obras de arte, de altísima calidad, la inmensa mayoría de ellas, de altísimo nivel de valor económico, de alto nivel estético y conceptual. Se dice que pueden existir cientos de obras de Picasso, cosa que no sería difícil de creer, porque el catálogo Zervos sobre Picasso contiene casi dieciséis mil obras, solo en dibujos y pinturas, sin contar obras en escultura, grabados, litografías, etc. Hay estudiosos de Picasso que indican que realizó unas cuarenta o cuarenta y cinco mil obras, entre todos los géneros, contando cada hoja de sus famosos álbumes de dibujos. Por tanto, si existen varios miles de obras en puertos francos conservadas en el mundo de Picasso, parece una cifra posible dentro de la gran producción de este autor.

- Para observar hay que pensar, para pensar hay que observar, para pensar y observar hay que recordar, es decir, hay que haber bebido de la historia. Es obvio y evidente que la historia del mundo, la historia de Europa ha sido enormemente compleja, por decirlo de una manera suave, especialmente, en la última guerra mundial, y tiempos precedentes, se perdieron, destruyeron, robaron, malvendieron a la fuerza docenas de miles de obras de arte a y en toda Europa. Por tanto, parece lógico, que los propietarios de esas obras o de nuevas obras de arte, que vivan o existan en Europa, teniendo en cuenta los precedentes históricos, de hace unos ochenta años, intenten conservar las obras, para ellos y sus descendientes, de tal forma, que no les suceda lo mismo que en el pasado.

Es obvio que yo no tengo, ni supongo jamás tendré ningún Modigliani, ningún Picasso, ningún Velázquez, ninguna botella de vino de diez mil dólares, pero si puedo entender y comprender que quién la tenga, quiera conservarla en algún lugar seguro, y no todo está seguro en las casas de los mismos propietarios, porque los avatares históricos, pueden ser muy complejos, y al mismo tiempo, disponerla en algún lugar seguro, para poder comprar y vender, para seguir haciendo transacciones. ¿Es decir, no sabremos lo que haríamos nosotros, usted y yo, si tuviésemos una colección de cien grandes obras de arte, de todos los tiempos, las tendríamos todas en nuestras casas y solo en un país?

- No podemos obviar y olvidar que hoy el arte, es un instrumento más, financiero o de inversión, o si se quiere de ampliar una cartera de valores y de propiedades. O si se quiere indicar de forma más fácil, es una manera o forma de congelar y descongelar el dinero, de materializarlo en un bien equis, de desmaterializarlo en un bien denominado dinero, y así entrar en el ciclo de la inversión al nivel más alto. Sin entrar si algunas obras de arte, su tanto por ciento de rendimiento es más alto que otros productos.

Ciertamente que hoy el arte sea una inversión, es, desde el principio del ciclo. O dicho de otro modo, por esa razón, cientos de miles de autores, se quedan en el punto de salida, porque desde ese momento se apuesta por otros caballos ganadores. Y créanme eso es triste, sentir y saber, que cientos de miles de autores, sus cientos de miles de obras de arte, su término es que se perderán y destruirán, si no hoy, dentro de unas décadas…

- Por otro lado, debemos aceptar, que el arte plástico, desde la antigüedad está formado en sí, por una diversidad de dimensiones, no solo están las estéticas y artísticas, sino que representan valor económico, valor político, valor social, valor religioso, valor cultural. O dicho de otero modo, si el arte, no entro si está bien o está mal, no tuviese un enorme valor de inversión como ahora lo tiene, o dicho de otro modo, que alguien compra una obra equis de un autor zeta, hace cincuenta años, y puede es puede, multiplicar su valor económico por mil. Si no fuese por eso, el arte plástico tendría el estatuto, muy similar al que tiene la poesía, sería un arte, nadie se ofenda, de minorías. Y hoy, se van a los museos, catedrales estéticas del arte, como antes se iba a la Misa de doce del domingo, millones de personas cada semana pasan por algunos de esos templos laicos. El arte, en muchos sentidos, sin entrar en matices, se ha convertido en una especie de religión laica del mundo actual.

- Me pregunto perdería mucho de discrecionalidad, si se supiese o conociese que tal obra de Picasso está en ese lugar, no digo que se conozca el propietario, sea persona física o sea persona jurídica. Por otro lado, un propietario que en su casa tenga un Van Gogh no quiere que el público lo conozca, por razones de propia seguridad e intimidad. Por tanto, siempre nos enfrentamos al dilema eterno, entre lo público y lo privado, entre la intimidad y la exterioridad, entre el público y lo social. Cuestión que se puede abordar de mil modos, pero igual que la fusión en frío o el cáncer, la humanidad no ha sido capaz de resolver todavía. Ya que en los catálogos oficiales de esos autores, están indicadas esas obras, pero claro está no suelen mencionar, ni el lugar dónde están, ni el propietario por lo general…

Para terminar, percibo un grave error, en los puertos francos, y expreso un aviso, en un siglo que hemos padecido el temor de los conflictos NBQ, me parece un gravísimo error, que parece ser que dichas instalaciones y obras, un tesoro inconmensurable de la humanidad, estén en la superficie, porque bien o regular o mal que existan esos puertos francos en el mundo, pero al menos, que se conserven a cincuenta o cien metros debajo de la superficie, aunque no sean las famosas minas de sal de la guerra mundial, aunque tengan instalaciones en la superficie para las transacciones. @mundiario