María Castro: "Mi hija Jimena, una niña vietnamita adoptada, es una 'niña de todos'”

María Castro Gigirey.
María Castro Gigirey.
Entrevista a la autora de “Una hermanita nacida en el corazón”, cuyos derechos van directamente a Juntos Podemos y a la Fundación Andrea, que ayuda a los niños enfermos de larga duración.
María Castro: "Mi hija Jimena, una niña vietnamita adoptada, es una 'niña de todos'”

Atardece cuando llego a casa de María Castro Gigirey. Pulso el timbre e, inmediatamente, escucho risas y gritos infantiles en un recibimiento único, imposible de plasmar en el papel. Son María y sus hijas Nazaret y Jimena. Las protagonistas del cuento “Una hermanita nacida en el corazón”, que supone el debut público de María como escritora. Entrar en casa de María es entrar directamente en su corazón. Toda su casa habla de ella y de su forma de entender la vida. Recuerdos de tantos lugares, juegos repartidos en el salón, la cocina, en las habitaciones..., libros por todas partes, revoltijo de chubasqueros y botas..., orden dentro del desorden... Y su pintura. En su pequeño taller, en las escaleras... Esas Madonnas, esas mariposas, mujeres..., miradas desde esos ojos solidarios, bondadosos y llenos de vida y alegría que pertenecen a María. Es su hogar.

Delante de dos copas de champán - sí, no dos cafés... champán, porque estamos celebrando la vida y el encuentro-, comenzamos a charlar mientras Jimena intenta acaparar toda mi atención regalándome uno de sus juguetes: 

PV.- María, ¿qué es “Una hermanita nacida en el corazón”?

MC.- Es una tierna historia real, la nuestra, narrada en primera persona por una niña de seis años, Nazaret, a la que asaltan todo tipo de dudas cuando se entera de que va a ser hermana de Jimena, una niña vietnamita adoptada.

PV.- ¿Quiénes son los protagonistas del cuento?

MC.- Aunque sin duda las protagonistas son Nazaret y Jimena, el cuento discurre a través de las conversaciones de Nazaret y sus padres sobre la nueva llegada de su hermana y a través de los pensamientos de Nazaret sobre cómo van filtrándose los nuevos acontecimientos en su vida.

PV.-¿ Ha sido complicado escribir este cuento?

MC.- Lo más complicado del cuento ha sido meterse en la firmeza y la seguridad de las decisiones de Nazaret, pues la parte de los miedos, por mucho que las personas vayamos creciendo, continúan ahí. Cambian de nombre, pero perduran a lo largo de los años. Por ello, una vez llegué a esa parte y me metí en ese papel de niña, ya todo fue mucho más sencillo. Sin embargo y aunque la historia es real, lo que tocaba era adaptarla a modo de narración para todas las edades.

PV.- ¿En algún momento, durante el proceso de escritura del cuento, te planteaste su publicación?

MC.- Nunca he escrito nada para publicarlo. Comencé a escribir hace unos diez años como terapia. Escribir y leer son, para mí, actividades plenas y complementarias. Lógicamente, con los cuentos, cuando están acabados, la publicación se plantea como una posibilidad. Después, al volver sobre lo escrito, lo veo tan mío, tan normal por otro lado, que el cuento regresa a “su carpeta”. Porque mis cuentos son de andar por casa, con trasfondo de amor y respeto y con finales felices y sencillos.

Hago una pausa. Forzosamente tengo que aclarar que María publica este primer cuento, venciendo miedos y pudores - por todo lo que supone  ofrecernos generosamente su intimidad- con fines solidarios. No es algo nuevo la solidaridad de María. Es bien conocida su labor en Juntos Podemos, campaña continuada de ayuda a los más necesitados. Sí es novedad que ella dé un paso más, otorgando lo más íntimo, su vida, su historia, sus sentimientos reales hechos cuento, para contribuir una vez más -esta vez desde su historia personal-, con los que menos tienen. Los derechos de autor y de ilustradores van directamente a Juntos Podemos y a la Fundación Andrea que ayuda a los niños enfermos de larga duración. María nos invita, a través del cuento, a unirnos a esa labor solidaria cuyos protagonistas son quienes no tienen voz.

PV.- María, desde tu experiencia ¿qué mensaje has querido enviar con “Una hermanita nacida en el corazón”?

MC.- He querido decir que, una vez más, el amor es algo que brota de modo espontáneo, que no es necesario forzarlo, que no importa cuántas veces lo plantees o de qué modo planees. Entrará en tu vida sin avisar y en la forma que elija. Mi experiencia demuestra que no hace falta tener la misma sangre para sentirse hermano, padre, madre, abuelo o hijo de alguien. Por último, demuestra que para un niño es tan importante plantear sus dudas como que se las resuelvan para entender que éstas sólo son pasajeras y que la vida decide por sí misma.

PV.- ¿Cómo fue ese primer encuentro entre Nazaret y Jimena?

MC.-Su primer encuentro tuvo lugar cuando le enseñamos a Jimena la foto de Nazaret y se quedó tranquila mirándola, observándola rato... Le gustó su hermana mayor y la señaló con su dedito como si quisiera sentir su piel, su calor, su tacto. Para nosotros, como padres, el encuentro de las dos hermanas era algo muy especial. Las dos son pequeñas y las reacciones eran totalmente impredecibles. Pero lo que ocurrió el día que por fin se vieron fue tan maravilloso entre las dos que superó cualquier expectativa que pudiéramos tener. No hay duda que la inteligencia emocional de los niños supera con creces la de los adultos sea cual sea la situación a la que deban hacer frente.

PV.- ¿Y la primera mirada que os cruzasteis Jimena y tú?

MC.- Me sigue emocionando solo recordarla. Le ofrecí mis manos muy suave hasta que ella las tocó mientras le sonreía. Pero la emoción me podía y las lágrimas resbalaban por mi mejilla una tras otra. Entonces ella se echó a mí y... no hay mayor felicidad. Era tan pequeñita… Agarró el colgante que yo llevaba con el nombre de su hermana y así permanecimos toda la visita. Recuerdo que miré a su padre y le dije: “Le gustamos como papás”. Mi hija conoció las lágrimas al mismo tiempo que la sonrisa. Menos mal que su padre ponía la nota de coherencia en todo esto. Cuando él la cogió, Ji se le hizo pis encima y así marcó su territorio por si alguien tenía duda de que aquel hombretón de 1,92 era su padre.

PV.- ¿Cómo es Jimena? ¿A quién se parece? ¿Y Nazaret? Cómo es su relación en el día a día?

MC.- Ji es un “trou-trou”. Inquieta por dentro y por fuera, con auténticos genes vietnamitas que le permiten sonreír a todo el mundo y hacerse querer. En realidad Jimena salió a los dos, a Jóse y a mí, pues tiene su nariz y mi pelo, pero sus ojitos son verdaderamente suyos, negros intensos como el azabache para que se puedan reflejar en ellos incluso tus propios pensamientos, así nadie se atreverá a mentirle nunca. Y lo más importante es que se parece a su hermana Nazaret pues cuando llora lo hace como ella, con lagrimones de verdad, con verdaderos diamantitos que le caen de sus ojitos negros. Nazaret es tranquila, dulce y comprensiva. Ha de ser así para que se lleven tan bien como lo hacen. Tienen una relación de hermanas con todo lo que ello conlleva en el día a día: risas, juegos, broncas, enfados, lloros, … pero siempre acaban en un beso y un abrazo. Eso dice mucho de ellas.

PV.- ¿Para quién es “una suerte” la adopción? ¿Para Jimena o para ti?

MC.- Para mí sin ningún lugar a duda. Y para todos los que la conocemos y la queremos. Cuando la bautizamos, en la lectura, dijimos que Jimena era una “niña de todos” y es verdad. Tuvimos tanto apoyo y tanto cariño desde el principio del proceso de Ji que la suerte la tengo yo. Ji me hizo crecer como madre pero sobre todo, como persona.

PV.- ¿Sabe Jimena que es una hermanita nacida en el corazón?

MC.-Sí. Desde el principio. Sabe que un ángel la llevó en una barriga y la dejó en Vietnam. Que allí la cuidó una abuelita hasta que nuestro avión llegó, pero que tardamos un poco porque el piloto era un poco lento. Por eso, ahora cuando se sube en un avión les pide a las azafatas que vayan “rápido”. Ella sabe que es una niña “vietnamita-ñoñola” (española)

PV.- ¿Es la adopción un viaje del alma?

MC.-Solo así entiendo yo una adopción. Mi experiencia es única y al mismo tiempo, seguro, la de millones de padres. Solo desde el alma entiendes estas sensaciones. Pero es un viaje del alma de mucha gente que te quiere: de los abuelos, de los tíos, de los primos, de los amigos… porque todos viajan contigo, cuando estás allí, a través de un lazo invisible.

PV.- María, tú eres el tipo de persona que haces que las cosas pasen. ¿Tuviste miedo en algún momento?

MC.- Yo acepto la vida, pero lucho con todas mis fuerzas por conseguir lo que creo. Me pongo del lado de la vida, venga como venga intentando moldearme y ver el vaso medio lleno. Pero no siempre es fácil entender y mucho menos aceptar. No hay dolor comparado al del alma. Cuando estaba en Vietnam y después de nuestro primer encuentro tuvimos que regresar al hotel sin ella y entonces, la paradoja de la vida te transporta de nuevo a la cruel realidad de este mundo absurdo que nos estamos creando nosotros mismos, y me toca separarme de ella otra vez.

No todo ha sido rosa en este “viaje”, pero María me recuerda que a través de sus cuentos, y de éste en particular, intenta mantener siempre el humor. Cree que es el abono esencial de la vida. Que el sonreír y el ser capaz de arrancar una sonrisa a los demás o a uno mismo nos refuerza y nos hace avanzar hacia lo que venga. Sé que María ve este cuento como un trabajo de generosidad en equipo. Y que querría comenzar la entrevista diciéndolo. He sido yo la que ha comenzado por su lado más personal e íntimo. Ahora le dejo a ella que dirija este apartado tan humano. “Agradezco enormemente a todos los que colaboraron conmigo o más bien me permitieron colaborar con ellos  para la publicación de este cuento. Mi agradecimiento es para todos los que me brindaron la oportunidad de ver “Una hermanita nacida en el corazón” impresa, logrando hacer de este trabajo tan generoso por parte de todos un acto de solidaridad”. Añade con una enorme sonrisa de gozo que “la sensación de coger un libro, olerlo, pasar las páginas para quien la lectura es un placer, es un regalo maravilloso. Si lo que encuentras en tus manos lo has escrito tú, ha salido de tu pluma, la sensación es entonces indescriptible. Soy un poco boba para eso, pero cuando lo vi por primera vez finalizado y lo olí, me emocioné. Era una parte de mí hecha realidad palpable.”

PV.- ¿Qué te dice la gente que ya lo ha leído?

MC.- Sé que suena a tópico, pero sigo sorprendiéndome cada vez que alguien me dice que lo ha leído y que le ha gustado, que le ha emocionado. O cuando me cuentan detalles en los que yo no me había parado, fíjate qué curioso, o incluso cuando el mensaje que les ha llegado descubre aspectos que yo no pretendía mostrar. Eso sí que es una sensación increíble. Saber que alguien se ha emocionado no solo con tu historia, sino con el modo de narrarla, o que un padre y un hijo no hayan podido continuar leyéndolo porque en medio del cuento les ha dado un ataque de risa, o que una madre ha acostado su hijo con un beso cerrando el cuento con su frase final “te quiero” y que ésta ha sido una excusa más para decírselo, para mí esto no tiene precio. En realidad, la magia de quien escribe no está en su escrito sino en los ojos de quien lo lee y como lo hace.

Dejo a María en este ya anochecer en el que se mezclan las protestas de Nazaret porque Jimena no le obedece, los zapatos de princesa que ésta se prueba entre equilibrios y risas sin atender a las quejas de su hermana, el sueño que ya les vence, y el olor a baño y cena que se va esparciendo por el hogar de María. Ha sido un regalo esta charla en la intimidad de su hogar, recordándote  que no eres una extraña, sino una más dentro de ese ambiente de acogida que se respira en cada rincón, porque es natural en ellos la palabra “familia” que abarca a los de sangre, a los amigos, a la familia que nace y a la que se elige...

Nazaret, la hermana mayor de Jimena, que nos narra este cuento, todavía mira con asombro su portada, sin creerse merecedora de ser protagonista. Jimena, cuya palabra preferida es un “no” travieso a todo lo que le propongas, para luego regalarte esa sonrisa inmensa y darte la mano para llevarte literalmente a donde ella quiera... María, en Nazaret y Jimena, con ellas, en sus risas y discusiones. María, sonrisa siempre, acogimiento, solidaridad y valentía. Enhorabuena María, por tu cuento, y por tu vida.

María Castro: "Mi hija Jimena, una niña vietnamita adoptada, es una 'niña de todos'”
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