Sobre Malasia en el corazón, la poesía desnuda de Ángeles Campello

Portada del libro Malasia en el corazón, de Ángeles Campello
Portada del libro Malasia en el corazón, de Ángeles Campello. / RR SS

Los poemas sugieren una espontaneidad y una conseguida paz que desmoronan cualquier tensión previa en el lector

Sobre Malasia en el corazón, la poesía desnuda de Ángeles Campello

Malasia en el corazón, de Ángeles Campello, es un poemario que nace de la espiritualidad de la autora, de su afinidad con la filosofía y las técnicas orientales, lo que se aprecia en los diversos epígrafes de los sucesivos capítulos y en su concepción global más que en los propios versos que, desde su desnudez y autenticidad, no aspiran al proselitismo sino a una serena e intensa auscultación de la vida.  

Muchas veces, estos poemas abiertos están formados por unos pocos versos que resultan suficientes para expresar una idea, un sentimiento que no es preciso enlazar, sino que se basta como certeza luminosa que ha advenido en el acto creativo; se sabe parte del todo, pero no precisa inmediata explicación, ya que está ya implícita, clara y diáfana en su profunda cadencia.

Los versos se deslizan con una contundente suavidad, avanzan con la alcanzada facilidad de lo sencillo y propugnan una certeza que no es irrefutable porque sea totalitaria sino porque es una verdad aparte, íntima, que no agrede las convenciones ajenas y se dice a sí misma con extrema levedad.

Estos versos pueden ser simples imágenes, la expresión del contenido de la vivencia interior que comporta la corroboración de las amistosas piezas de una vida, los momentos de comunión con el mundo, los sentidos regocijados en la idea deuna fusión del amplio espectro perceptor. Por supuesto que también hay un canto al bien espiritual, a su penetrante beneficio, pero nunca sueña a engaño, a autoinducción de evasivos pensamientos.

Los poemas sugieren una espontaneidad y una conseguida paz que desmoronan cualquier tensión previa en el lector. Lo que no quiere decir que resulten melifluos, que omitan el reverso de lo que instintivamente deseamos, el fracaso de lo querido. Así, en el apartado referido al amor están muy presentes el desamor y otras decepciones.

A veces, estos versos son una pregunta, como esta a la que lleva a la autora el paso del tiempo, su corroboración a través de la imagen que le devuelve el espejo: “Percepción del tiempo, / espejo que acuchilla/ Ya no existo para el juego?” Pues no omite la autora descender hasta las realidades que son las de la contundencia de la propia naturaleza, como la del declive corporal, que supone el disgusto del propio reconocimiento, el nuevo lugar que se ocupa en el mundo, esas distintas miradas que se reciben, ante las que es difícil admitir la necesidad de nuevas respuestas.

Hay poemas mínimos, como si fueran haikus heréticos, que prácticamente son escuetas evocaciones de una sabia voz interior que se reclama: “No hay viento/ No hay dirección /Dónde voy?” Los poemas a veces se hacen vehementes, alcanzan el grito existencial, interrumpen el afán beatífico y consienten las variantes de la transitoriedad: “Rotundidad de mujer/ que eclosiona, / alma femenina/ que reclama, / hastío de tanto silencio, /hartazgo de tanta contención. / Grito! Lloro!/ Me rebelo/ Clamo! Invoco!/Basta!”

En estas páginas, tiene cabida toda expresión de sentimiento que se pueda articular en luminosas palabras. Así, la autora no omite la inclusión de unas pequeñas nanas, que son prodigios de simplicidad, atrevimientos de candor, pulsiones afectivas que también nos configuran, todo ello desde la intención de no ocultamiento, de no escatimarle al lector ninguna cara significativa. Estas nanas son evocaciones de la infancia más sensorial, aquella en la que aún no existe la frecuente distorsión de la palabra: “Sábanas limpias / olor a lavanda / tierna infancia”.

En el apartado titulado Viaje interior, se describen las aproximaciones a un sentir que busca aunarse con el mundo, a una actitud de no confrontación en el infierno de las oposiciones. Es la meditación en la palabra, el apaciguamiento de la sed de encontrar destinos irrenunciables, una forma de quedarse en la proximidad, en el centro donde es posible la inherencia. Aunque, a veces, estos poemas sean una consignación de la lucha: “Será siempre necesario / traspasar el umbral del dolor / para alcanzar la paz?”

Miradas se inicia con una preciosa cita del Maestro Dogen: “Sabed que el corazón se comunica con el corazón en secreto”. Y continúa con esa serie de micropoemas - de tres, cuatro o cinco versos - que expresan un sentimiento hondo que admite muchas aproximaciones.

En Versos de amor, se acerca a ese sentir desde diferentes perspectivas; en primer lugar, como algo positivo: “Dos corazones/ aliviados por un/ oasis de amor”; o desde el punto de vista de la alteración del equilibrio propio a través de la pasión: “Donde podré guarecerme/ de este inesperado/ tsunami de pasión/ que ha roto el dique / protector de mi corazón/ devastando toda paz / y equilibrio alcanzados”; o del dolor de la separación: “Tan solo sé / que no te olvidaré / por cómo se abre la herida / cuando la brisa / más allá del océano / me susurra tu nombre”.

No son la mayoría de los que conforman este libro poemas al uso. En algunos, parece como si no hubiera intención de versificar sino de tan solo esparcir palabras, brevemente alienadas, por el blanco de la página, para transmitir la fundamental presencia de lo que importa. La letra ornamentada, los dibujos orientales, los retratos asiáticos, contribuyen a que, con este libro en las manos, recorriendo sus páginas, accedamos, pese a las constataciones de lo triste, a una sensación confortadora.  “Pensé que mi espíritu había trascendido la pasión”, nos dice Ángeles Campello describiéndonos una emoción que es reconocida como parte del ser, como necesaria vivencia inusitada. Y hay poemas que denuncian los menoscabos que nos produce la vida: “Mas el tiempo transcurre sin permiso…”

El libro termina con una cita de Thick Nhat Sanh que me parece muy pertinente para acertar en la percepción de este libro tan bello: “El arte es la esencia de la vida. Nuestras palabras y nuestros actos están llenos de arte. Es la plena consciencia.” @mundiario

Sobre Malasia en el corazón, la poesía desnuda de Ángeles Campello
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