Malala, la niña tiroteada por los talibanes, Premio de la Paz de los niños

Malala Yousafzai / Facebook
Malala Yousafzai / Facebook

La adolescente Malala Yousafzai desafió las presiones de los talibanes para que las niñas no asistan a la escuela. Un análisis de esta periodista hispano-chilena para MUNDIARIO.

Malala, la niña tiroteada por los talibanes, Premio de la Paz de los niños

No es habitual que una joven de 16 años nos dé lecciones. Estamos más acostumbrados en nuestro mundo de bienestar y consumo a que los adolescentes estén más preocupados del último modelo de móvil y de la actividad de sus amigos en las redes sociales que del derecho universal de los niños y niñas a la educación. Pero Malala Yousafzai, no es una adolescente común, es una chica que se atrevió a desafiar a las balas de unos fanáticos por defender su derecho a asistir al colegio. Estuvo a punto de morir por las heridas sufridas tras un tiroteo de los talibanes que quieren impedir que las niñas pakistaníes acudan a la escuela. Hace escasos días malala ha recibido el Premio de la Paz de los Niños, el equivalente al Premio Nobel en el parlamento holandés. Una ceremonia a la que asistieron más de 400 invitados, entre ellos la directora general de Unicef, Irina Bokova.    

Las palabras de Malala al recibir el premio fueron claras y sabias: "la solución es muy sencilla: el derecho de todas las niñas a la educación". Y efectivamente ahí está la clave de la justicia y la llave hacia la igualdad plena. No puede haber igualdad sin educación, es más, la situación de sometimiento en la que viven millones de mujeres en el mundo está sustentada en la falta de educación, en el analfabetismo, en la ignorancia.

Que la formación es condición indispensable para avanzar en la igualdad plena lo demuestra nuestra propia historia. Las mayores cuotas de participación femenina en la vida empresarial, política y profesional se han ido logrando al tiempo  que las mujeres accedían a las facultades, incluso a aquellas en las que la presencia masculina ha sido tradicionalmente mayoritaria. Ahí están científicas como la gallega  María Soledad Soengas, que acaba de recibir el premio María Josefa Wonenburger, o la Doctora Celia Sánchez Ramos que también recientemente ha sido reconocida con el Premio Internacional de Invenciones de Ginebra.

 Según la ONG KidsRights existen en el mundo 32 millones de niñas sin escolarizar. 32 millones de mujeres que, una vez alcanzada la edad adulta, estarán avocadas a las tareas menos valoradas, sino explotadas, sometidas o tiroteadas por fanáticos. Felizmente está Malala para recordarnos esa cifra vergonzosa. La esperanza es que  surjan  muchas  Malala más.

Malala, la niña tiroteada por los talibanes, Premio de la Paz de los niños
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