La magia es la misma y depende, si se quiere utilizar para el bien o el mal

Las ánimas de Cotand Land.
Las ánimas de Cotand Land.

"Dueños del banco, sucios negociantes daréis todo el dinero robado al dueño de la petrolera sin más, no volveréis a estafar ni a delinquir jamás las tierras devolveréis, astutos magnates”.

La magia es la misma y depende, si se quiere utilizar para el bien o el mal

"Dueños del banco, sucios negociantes daréis todo el dinero robado al dueño de la petrolera sin más, no volveréis a estafar ni a delinquir jamás las tierras devolveréis, astutos magnates”. (Extracto de mi relato corto Cotand Land.)

Perterece subió a la puerta del purgatorio volando en espiral y Apodous, el Gran Dios, le siguió. La puerta que delimita la tierra con la primera esfera de los cielos se abrió y enseguida se cerró.

Los demonios y sus unicornios halados, habían llegado también y se intentaban colar en la senda de los espíritus difuntos, que aguardaban ahí durante décadas para subir donde vivía el bien o descender a los infiernos.

Dos de los demonios volvieron a despertar a Tastero y lo mandaron de vuelta a los campos malignos mientras que Trausito, Artodour y Podour repitieron el conjuro que citaba así:

- "Campodous, Campodous, te invocamos Gran Dios celestial

contra todo poder del mal, incluido hechizos del más allá

para detener la fuerza de los demonios con la Ninfa del manantial

que sus cánticos lleguen a neutralizar el mal y lo devuelvan para allá

y que el espíritu de Tastero lo absorba la Ninfa con su prosa bestial".

Repitieron muchas veces el conjuro y numerosas ninfas, con el gran poder de Campodous, subieron a la primera línea y lucharon contra los demonios. Tenían que matar a cada unicornio para que los mismos perdieran toda su fuerza. Tastero ya no podía ser absorbido por ellas, lo habían enviado a la casa de los malos espíritus y estaba ahí bien protegido para ser usado después por el gran mal.

Las ninfas cantaban todas unidas, ya que usaban sus cantos como hechizos hipnotizadores y, poco a poco, fueron pereciendo los unicornios, pero Perterece fue herido y cayó en picado a la tierra. El universo tornó gris hasta convertirse en un negro profundo, cayó una noche intensa y poco a poco se fue apagando la luz de los cielos.

Perterece cayó sin respiración, su aura de luz se fue apagando poco a poco. Trausito, Artodour y Podour volvieron a invocar a Campodous, pero sus ninfas no eran suficientes. Apodous, el Gran Dios, estaba solo, luchando contra los demonios y sus unicornios. Las ninfas, cantaban para derrotar a cada animal alado.

- No bajéis ayudar a Perterece aún - ordenó Apodous - os necesito aquí. Yo solo no puedo con cien mil demonios. Que Campodous ordene a Trausito y Artodour invocar a sus indios, darle a cada indio una flecha enverada con este canto y con este don:

- "Flechas del bien os invoco y os doy el poder

de quien a donde clavéis, podáis bien vencer

no deberéis avanzar, mi voz os llevara a ver

donde esta aquel, que con mi don tendrá que perder".

Los brujos de las tribus Joux y Jam llamaron con la mente a cien guerreros indios. Cada uno, se postró en el suelo, con una rodilla hacia delante y sacaron sus arcos, esperando la voz de orden de Artodour para disparar a los diablos que iban subiendo y a los que ya estaban llegando a la línea del purgatorio:

- "Apunten, disparen. Flechas ir hacia el corazón

con la fuerza del león

y la energía del dragón

contra aquel que con su mal quieran dominar mogollón".

Todos los indios dispararon tres flechas cada uno, un total de trescientas, y el mismo número de demonios cayeron muertos. Las ninfas, mientras tanto, seguían cantando para seguir liquidando a los unicornios y, así, los malos perder todos sus poderes, pero Perterece halló muerte, su existencia llegó a su fin. Sólo Apodita II, podía sanarlo. La noche se hizo aún más oscura y las estrellas cantaron su canción más triste y la Luna lloraba sin cesar. Una gran tormenta cayó, eran sus lágrimas, muy apenada por el fallecimiento de su amigo.

Todos, absolutamente todos, perdieron sus poderes sólo Apodous continuaba con sus magias y capacidad ritual.

Apodous, el Gran Dios, era el único que tenía poderes. Neutralizó a todos los demonios y liquidó a los unicornios. Miles y miles caían a la tierra sin poder en sus alas y entraban en un profundo sueño. Los diablos iban detrás de ellos y se esfumaban cual seres invisibles y se eliminaban para siempre.

Una vez, todos los seres malignos, habían sido neutralizados y evaporados bajó Apodous a la tierra, volando descendentemente en espiral, dando vueltas en la dirección de las agujas del reloj. Hizo un conjuro para despertar de la muerte a su enviado del purgatorio, Perterece.

- "Os invoco, fuerza de las estrellas

para que devolváis la vida a Perterece, guardián de mi puerta

más con la energía de la Luna, que tú, Tastero, bien te estallas

y que tu mal se disuelva para siempre. Ésta fue siempre mi gran meta.

Que los cien guerreros indios utilicen todos dos flechas como metrallas

y que la fuerza de las aguas de esta lluvia me traigan sin protesta

a los dueños del banco y al indio Jim, con este conjuro venceré estas malditas batallas"

Los cien indios cogieron su arco, lo apuntaron hacía el cielo y todos, lanzaron con gran fuerza dos flechas, las cuales dibujaron un gran círculo de doscientos arcos y las estrellas lo hacían rotar y girar con gran virulencia. La energía lunar lo iluminaba. Dos ángeles bajaron a tocar una preciosa melodía con su arca. El motivo era que Tastero había sido anulado para siempre y habían desaparecido los dos infiernos y las cárceles de los mismos, donde tenían secuestradas a las ánimas del purgatorio. Todos los espíritus volaban libres hacía la línea de los cielos.

Tito Robbins, el Sr. Smith y Jim aparecieron en cuerpo astral y Apodous, comenzó otro poderoso conjuro:

- "Dueños del banco, sucios negociantes

daréis todo el dinero robado al dueño de la petrolera sin más

y no volveréis a estafar ni a delinquir jamás

las tierras al indio Jim devolveréis, astutos magnates.

Yo os daré poder para que vuestro tren vaya volando por las ramas,

de los árboles de las montañas, catorce almas llevarán a los viajantes

hasta el raíl que el tren pueda ir por tierra, lo imploro, por Yakamás".

El banco tuvo que devolver una fortuna a Diego Formant y Tomias Davelop, el comisario de la Gran Ciudad, arrestó a Tito Robbins cinco años, pero el condado le perdonó la condena a cambio de trabajos en los pueblos. Tenía que limpiar las letrinas de los baños públicos y servir, como camarero, las mesas de los saloons de Cotand Land y otros localidades de la comarca.

Enseguida, se puso en funcionamiento el tren y Jim pudo mantener su negocio de lonas y de jeans. Regaló uno a cada indio y a cada espíritu, éstos volaban por las esferas para hacer publicidad de ellos, pero se quejaban continuamente:

- Jim, el pantalón se me cae en cuanto levanto el vuelo - protestaba cada una de las ánimas - me quedo en ropa interior por los cielos. ¡Qué vergüenza paso! y luego, ponte tú a buscar los jeans por las siete esferas. Por favor, crea algo que me sujete el pantalón.

Y así es como se inventaron los tirantes de los pantalones vaqueros.

La magia es la misma y depende, si se quiere utilizar para el bien o el mal
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