Para 'Madness', treinta y ocho años no son nada. Para nosotros, una losa

Los viejos, pero estupendos y entrañables Madness.
Los viejos, pero estupendos y entrañables Madness.

La vitalidad y alegría del grupo 'Madness', estrellas del Noroeste Pop Rock, dan para reflexionar sobre qué hemos hecho nosotros desde que se fundó la banda, hace treinta y ocho años.

Para 'Madness', treinta y ocho años no son nada. Para nosotros, una losa

A las líneas que siguen no se les puede llamar 'carta'. Más bien son una postal. O un par de ellas. Una, la de una banda, la estrella del Noroeste Pop Rock 2014, llena der color, elegancia, diversión y alegres ritmos y melodías: Madness. Bien se puede decir que por ellos no ha pasado el tiempo. Es verdad que siguen cantando las mismas canciones una y otra vez, pero suenan igual de bien que el primer día. Aún mejor, porque se oyen con la alegría nostálgica y meláncolica del reencuentro con un viejo y querido amigo.

Escuchándolos, viéndolos, disfruntádolos en la playa de Riazor, me preguntaba por qué ellos siguen tan bien y nosotros no. Quizá porque cuando ellos empezaban, en 1976, Jordi Pujol ya había fundado Convergencia y se había sentado, como vicepresidente ejecutivo, en el consejo de Banca Catalana. Me lo imagino mirando con avidez el mapa de Cataluña y repitiendo, como Gollum, 'Mi tesoro, mi tesoro'...

Felipe González ya se había convertido en el líder carismático y pragmático de Suresnes que llevaría al PSOE hasta su actual pudrición. Mientras, el ladino abogado sevillano se iba asfaltando la autovía política que lo conduciría al selecto grupo de los millonarios de la tierra, bien lejos de los parias que lo llevamos (necia juventud) hasta La Moncloa.

Rajoy estaba a punto de convertirse en el registrador más joven de España. Su primer destino: Padrón, en A Coruña. No creo que estuviera rumiando ya el convertirse en el presidente de gobierno que más sufrimiento ha provocado a sus compatriotas en la historia de nuestra democracia, joven en años y vieja en decepciones.

Ahí paré de comparar, más que nada por no amargarme la fiesta. Pero entonces sonaron las primeras notas, inconfundibles, del broche final, el himno sin letra de Madness: 'Un paso adelante'. Y me dio por pensar que el nuestro, que tampoco la tiene, debería llamarse 'Dos pasos atrás'.

En fin, que mejor nos quedamos con la postal colorista de los viejos pero estupendos skatalíticos británicos, porque la nuestra no sería tal, sino más bien el volante del estreno de 'La parada de los monstruos'.

Para 'Madness', treinta y ocho años no son nada. Para nosotros, una losa
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